LA PESADILLA ESPAÑOLA EN BARCELONA’92 (Cap.02)

José Montero (F.C. Barcelona), Lalo García (Fórum Filatélico Valladolid), Silvano Bustos (Fórum Filatélico Valladolid), Miguel Ángel Reyes (Fórum Filatélico Valladolid), Fernando Arcega (CAI Zaragoza), Santi Aldama (CAI Zaragoza), Manel Bosch (CAI Zaragoza), Fran Murcia (CAI Zaragoza), José Luis Galilea (F.C. Barcelona), Xavi Fernández (Elosúa León), Isma Santos (Guadalajara, de 1ª B) y Arturo Llopis (Universidad de Harvard) fueron los doce elegidos en la primera concentración de nuestra selección.

DEMASIADOS NOMBRES EN UNA CONCENTRACIÓN DEMASIADO LARGA

Esta fue la lista del seleccionador Antonio Díaz Miguel días previos al primer torneo de preparación, en León, el 22 de mayo. Lógicamente faltaban los nombres más ilustres que, en su mayoría y a estas alturas, estaban en la Penya, Real Madrid, Estudiantes y Baskonia enfrascados en las semifinales ligueras. Para algunos medios, la concentración leonesa sonaba como un excesivo preámbulo. Sí, Díaz Miguel tenía esta vez tiempo para trabajar, pero también cabía la posibilidad que ninguno de estos convocados fuese huésped de la Villa Olímpica a partir del 19 de julio. Familiarizarse entre ellos y con los sistemas, tenía toda la lógica si este grupo fuese el grueso de los doce finales. 

De los encuentros en León, con los siguientes resultados, se vislumbra que la defensa pretendía ser agresiva, con muchos ajustes y permanentes rotaciones. Arduo trabajo.  

  • España 103-109 Ucrania
  • España 110-68 México 
  • España 89-78 Eslovenia

Xavi Fernández fue el máximo anotador de los tres encuentros, con 48 puntos y Santi Aldama, el segundo, con 44. Entre los días 27 y 29 de mayo, se sale de nuestras fronteras para un torneo en Trieste, como una primera toma de contacto con rivales de élite y la incorporación del base Mike Hansen.

  • España 95-94 Grecia (prórroga, tras un 88-88)
  • España 70-96 Italia
  • España 96-109 Croacia (con 31 puntos de Drazen Petrovic).

    Drazen Petrovic marcado por Villacampa en el Torneo de Palma
    Drazen Petrovic marcado por Villacampa en el Torneo de Palma.

Y en tierras italianas, alguien llamó poderosamente la atención. Los 21 puntos del pívot Santi Aldama en la victoria ante Grecia, se convirtieron en 10 en la derrota ante Italia, diluido como el resto de compañeros, para estallar en el último choque frente a Croacia (ante Radja y Vrankovic), anotando 31 puntos y capturando 8 rebotes, llegando a ser el pilar ofensivo de la selección allí convocada. Algo sorprendente cuando había sido el cuarto pívot en minutos en el CAI Zaragoza esa temporada (3,6 puntos y 1,9 rebotes en 11 minutos de promedio).

Llega junio y la primera reunión en Badalona, donde permanecerían hasta el día 11, con una convocatoria, ya con todos, de 16 jugadores en “lista abierta” según Díaz Miguel, en la que se puede incluir cuando lo vea oportuno, alguien fuera de la lista. De los de Trieste, tan solo se mantienen Xavi Fernández y Santi Aldama. Los otros 14 serían los hermanos Jofresa, Rafa y Tomás, Pablo Laso, Biriukov, Epi, Villacampa, Pep Cargol, Andrés Jiménez, Herreros, Fernando Arcega, Romay, Andreu Orenga y Juanan Morales. “Vamos a tener un equipo realmente bueno. Hace años me planteé afrontar Barcelona’92 con un bloque joven, pero con un buen grado de experiencia. Lo que hemos logrado, mezcla ambas cosas”. Se hace la primera foto oficial. 

Tras varios días de trabajo, se disputa de forma correlativa el Torneo de Mallorca (12 y 13 de junio), el de Ibiza (14 y 15) y en Sevilla, el encuentro por la Asociación de Jugadores, con la Selección representando la ABP, el 16.

  • Torneo de Palma: España 72-91 Croacia
  • España 74-68 Bulgaria. 

Ante Croacia, la imagen no es buena. Al descanso se iba perdiendo 28-47 y aun sin contar con Toni Kukoc, Drazen Petrovic anotó 36 puntos (15 de 20 en tiros de campo, 3 de 6 en triples). 

  • Torneo de Ibiza: España 94-81 Gran Bretaña
  • España 97-107 Lituania.

Si antes era Petrovic, ahora fue Sarunas Marculionis quien destrozó las aspiraciones españolas en Ibiza, con 46 puntos, el caso es que la imagen suponía estar varios cuerpos por detrás de las nuevas potencias. En el partido ante Croacia por la ABP, se volvió a perder con más contundencia de lo dicho por el marcador (82-88), con una buena reacción final, tras el 54-71 en contra. En estas fechas, Jordi Villacampa es el español más destacado, Quique Andreu se convierte en el máximo reboteador, Andrés Jiménez poco a poco va recuperando la forma, algo que a Juanan Morales le cuesta algo más, mientras que el veterano Fernando Romay ve un rol muy disminuido en minutos, siendo el cuarto pívot.

En Sevilla se unió el base caísta José Ángel Arcega, por lo que la tripleta de bases Rafa y Tomás Jofresa, junto a Pablo Laso, pudiera sufrir alguna variación. La curiosidad fue que Pep Cargol se despidió de la Selección asumiendo que, por minutos jugados, no tendría sitio en la lista de los doce finalistas. Además, así se ahorraba el próximo destino: Puerto Rico, para disputar la “edición americana” del Torneo V Centenario, competición bastante criticada por la distancia a desplazarse, teniendo en cuenta los rivales.

  • España 102-91 High Five America
  • España 91-94 USBL
  • España 75-82 Argentina
Los lituanos, también una selección potentísima.
Los lituanos, también una selección potentísima.

El High Five America era uno de los combinados más extraños que el baloncesto pudiera dar, mezcla de estadounidenses (el ex Pamesa Valencia, Wayne Engelstad) y rusos (como el internacional Andrei Lopatov), entrenados por Aleksander Gomelski. En el combinado USBL había mucho ex ACB, con Mike Anderson, Reggie Cross, Kevin Holmes o Norris Coleman entre otros. Y por Argentina, un jovencito Juan Espil anotó 32 puntos para la sorprendente victoria albiceleste. 

Estos tres partidos, con dos tropiezos, ahondaban en la sensación de tener que trabajar mucho aún. Los rivales no son ni Croacia ni Lituania y parece que el listón se baja un palmo más. Cuando España corre, todo sale a pedir de boca. El problema viene cuando toca jugar en estático, donde la aplicación de los sistemas, aún chirriaba.

Tras el torneo, se produjeron dos de los descartes más difíciles para el seleccionador, por el peso que habían llevado durante tantos años en el Equipo Nacional: Fernando Arcega y Fernando Romay.  Sin embargo, los verdaderos nubarrones se cernían en la vuela a casa. La tormenta estaba a punto de estallar en el baloncesto español. Previo a los encuentros disputados en Ibiza como en Sevilla, los jugadores, sentados en el parquet, desplegaban una gran pancarta en la que se leía “NO al tercer extranjero”. Dos parones de media jornada, los días 1 y 2 de julio, amenazaban con lo que finalmente se consumó. A 20 días del inicio de todo unos Juegos Olímpicos, la Asociación de Baloncestistas Profesionales (la ABP) decretó una huelga de 7 días, forzando a parar la actividad tanto de la Selección Española absoluta, como la sub 22, concentrados en Melilla. 

HUELGA O LA GRAN CHAPUZA DEL BALONCESTO ESPAÑOL

En la asamblea anual de la ACB de final de temporada, en 1991, los clubes ya avisaron de ciertas medidas que pretendían estudiar y tomar con posterioridad. Y al igual que se rechazó la iniciativa de cerrar la competición, la enorme inflación del baloncesto español quiso que, la inclusión del tercer extranjero estuviera en las mentes de todos los representantes como un paso a dar, obligado. Sobre ese ambiente, la temporada 91/92 fue pasando y el asunto no salía mucho a la luz, aunque el rechazo entre la Asociación de Jugadores era unánime. “Los jugadores retiraron de forma cautelar la demanda contra la ACB” declaraba el abogado de la ABP, Joan Deulofeu, “para acabar la liga sin polemizar y crear un clima de diálogo”.

Cuando finalizó la temporada 91/92 y llegó el momento de la asamblea en la sede de la ACB, el 29 de mayo, se decreta la inclusión del tercer extranjero en los clubes representantes, con carácter innegociable. La Federación Española de Baloncesto, aceptaba la medida. La ABP, estalla. Jordi Bertomeu, principal figura de la ACB en temas legales, dejaba claro que “la ABP sabía desde hace tiempo, que la contratación de un tercer extranjero no era una cuestión que estuviese contemplada en el convenio colectivo que tenemos con ellos. Su cambio de actitud tras nuestra asamblea no tiene sentido. La cuestión del tercer extranjero estaba en la orden del día. En caso de replantearse el tema, el interlocutor no somos nosotros, sino la FEB. La ACB estaba obligada a tomar medidas para detener el proceso inflacionario que podía haber llevado a la desaparición de algunos de sus clubes”. 

La revista GIGANTES logró reunir a los presidentes de ACB y ABP. En la foto, Eduardo Portela (presidente ACB), Paco Torres (director GIGANTES), Miguel Panadés (redactor GIGANTES), José Luis Llorente (presidente ABP) y Ricardo M. Barranco (redactor GIGANTES).
La revista GIGANTES logró reunir a los presidentes de ACB y ABP. En la foto, Eduardo Portela (presidente ACB), Paco Torres (director GIGANTES), Miguel Panadés (redactor GIGANTES), José Luis Llorente (presidente ABP) y Ricardo M. Barranco (redactor GIGANTES).

 

Estamos convencidos que, si se hubiese realizado una encuesta entre los aficionados entonces, la medida hubiese sido más que impopular. Tres extranjeros en el quinteto, con la exigencia de permanecer en cancha -debido a su importancia- la gran mayoría de minutos, dejaría a los nacionales un papel bastante secundario. En el mercado actual suena irrisorio, pero la mentalidad y las preocupaciones entonces, eran otras. 

¿Qué era la inflación en el baloncesto español? En la ACB de 1992, había un buen puñado de extranjeros que cobraban más que el 80% que los extranjeros que pueblan hoy la Liga Endesa. Pero lo más preocupante es que los equipos veían en el jugador nacional el gran diferencial para competir con sus semejantes y los que había de calidad, dispararon sus precios en las fichas. Muestra de que se tuvieron que tomar medidas para subsistir es que, en los años venideros, Silvano Bustos y Xavi Crespo debieron abandonar León, porque el club no podía afrontar sus nóminas, firmadas un año antes. Manel Bosch y Quique Andreu abandonaron Zaragoza, en la Penya y de forma paulatina, los hermanos Jofresa, Ferrán Martínez, Morales y Mike Smith debieron salir de Badalona por restricciones económicas. En el verano del 92, Joventut ya no era Montigalá, ni Valencia Basket, Pamesa, ni en Zaragoza pasearían el nombre de la CAI, sin tener otro sponsor que les supliese, hasta tiempo después. Que Granollers estaba dando sus últimos coletazos antes de desaparecer y el recién ascendido, Cáceres, no encontró patrocinador comercial. La “belle epoque” de presupuestos altísimos, con balances finales de “lo comido por servido” con la que se entró en la década de los 90 en el baloncesto español, acabó en el verano de 1992 -aunque ya se veía venir-, con contratos en vigor a las estrellas españolas, que sus clubes no podían pagar. Sí, fueron ellos solitos quienes llegaron a esta situación, en su propio afán por reforzarse. Y también ellos, quienes tomaron las medidas que creyeron oportunas. Un tercer extranjero podría aliviar muchas economías. 

Evidentemente, a los jugadores, el nuevo marco no les gustaba. El Secretario de Estado para el Deporte, Javier Gómez Navarro, apoyó la medida de la ACB. “No perjudica a la Selección. Los buenos jugadores, juegan”. Desde la ABP ya hablan de tomar medidas de presión, en las que la palabra “huelga”, empieza a manejarse de forma habitual. “Al decir la ACB que el tercer extranjero es innegociable, ha roto el diálogo”. 

La revista GIGANTES consigue reunir a los dos presidentes de ACB y ABP, Eduardo Portela y José Luis Llorente, para acercar posturas en una deriva muy oscura. Pero el tono sube hasta ser amenazante. “Si la solución para los jugadores nacionales es la retirada del tercer extranjero, ya les adelanto que no lo conseguirán” asevera Bertomeu. “Ellos solo temen por sus salarios, los más altos del mundo después de la NBA”.

Ernesto Segura de Luna, presidente de la FEB entonces, catalogaba la amenaza de huelga promovida por la ABP como “un ejercicio de irresponsabilidad. Han instrumentalizado la Selección y eso es muy grave. Sé que es un disparate, pero he pensado en retirar al equipo de la competición olímpica”. Desde el Consejo Superior de Deportes, su presidente, Rafael Cortés Elvira, también echó el grito en el cielo, “la ABP no puede elegir el chantaje con el Equipo Nacional. La Selección está por encima de todos los intereses que les afecte”. Mientras, José Luis Llorente, presidente de la ABP, en su ‘turno de palabra’, comentaba que eran los únicos que defendían los intereses de la Selección: “La ACB, apoyada por el CSD, nos ha llevado a este tipo de medidas. Ellos saben que hemos intentado todo antes de ir a la huelga (…) y no podemos esperar más tiempo. Nuestra medida puede ser agresiva, pero solo es defensiva”. 

Todo este polvorín pudiera desembocar en una situación muy perjudicial para todos: que perdieran el crédito de los aficionados. Como decía el columnista de EL PAÍS, Luis Gómez, para GIGANTES “una táctica inadecuada puede conducirles a una situación indeseable, enfrentarse a la opinión pública. Una Selección que aprovecha una preparación olímpica para reivindicaciones laborales y además, pierde partidos, es mal asunto. Si habla de interés nacional, el caso adquiere mayor gravedad”. 

La ABP decide aplicar huelgas de media jornada los días 29 y 30 de junio y con posterioridad, una huelga completa de una semana a partir del 8 de julio. Curiosamente, este cierre laboral se produce cuando todos los trabajadores -sus representados- estaban de vacaciones, las instalaciones de los clubes y sus trabajadores disfrutando del período estival y los únicos que podían defenderla eran los jugadores internacionales, sobre los que caía todo el peso. ¿Era el momento? Vale que la ACB ratificó su decisión al final del curso, como para haberla decretado en el Playoff anterior (aunque, ya se intuía de manera más que notoria la decisión que aplicarían los clubes) o para el arranque del siguiente curso, con todos en acción (con todas las plantillas confeccionadas y los tres extranjeros contratados, eso sí). Pero sonaba peculiar, cuanto menos, enfangar la cita más importante de la historia del baloncesto español. La situación llegó a ser tan rocambolesca, que se llegó a decir de algunos clubs -y no pocos- llamaban a sus jugadores por teléfono para preguntarles sin apoyaban la huelga y así poder restar dividendos por “días no trabajados”. Una locura.

 Un componente de la Selección -obviamos el nombre-, años después, confesaba que en las reuniones mantenidas con colegas del sindicato y un buen número de jugadores, viendo la unanimidad de estos a forzar el parón, “pues nada, si es la voluntad de todos, vayamos a la huelga”. Y pocas fechas después, con los movimientos posteriores y viendo el cariz que había tomado todo, las fuerzas por continuar con las reivindicaciones de desinflaron bastante, con lo que los seleccionados quedaron expuestos en la diana ante todos, en medio de una humareda artificiosa que se extinguió bastante pronto. 

La curiosidad, vista con los ojos de ahora, es por qué la FEB aceptó esta propuesta del tercer extranjero. Bien, desde la llegada de Ernesto Segura de Luna nuevamente a la presidencia, la sintonía con la ACB era grande. La liga vivía sus momentos boyantes, tenía poder, mientras que la popularidad de la Selección pasaba sus horas más bajas, a la par que las arcas federativas estaban más bien tiritonas, tras la estancia de Pere Sust en la presidencia. Las primas a los jugadores de la Selección con el anterior presidente eran exageradas porque, aunque tenía cierta lógica la medida de pagar durante la concentración de los jugadores, el mismo importe que hubiesen cobrado en sus clubes a razón de sus nóminas, aquello no compensaba por sus altos emolumentos. Y cuando salían a la luz, el aficionado no entendía que la medalla de plata de Los Angeles’84, contaba con una prima aproximada de doscientas cincuenta mil pesetas, mientras que la mera participación en Seúl’88, al margen de quedar octavos, estaba en torno a los siete millones de pesetas a cada uno (y que tardaron en cobrar, por cierto, por los problemas económicos ya comentados). 

Se programaron reuniones entre ACB y ABP de urgencia para tratar todos los temas ante la convocatoria de huelga, “hablar de todo” recalcaba Eduardo Portela. “Del tercer extranjero, de la situación contractual de los jugadores y su estabilidad laboral”, la FEB amenazó que, si los jugadores no se presentaban en el Hotel Calderón de Barcelona el día 11 de julio a las diez de la mañana, serían inhabilitados por un año. E incluso, los clubs tenían previsto como última posibilidad, comenzar la liga con tres extranjeros y el resto, jugadores juveniles.

"Por la ilusión que irradiaban los Juegos Olímpicos, un buen papel haría olvidar". Tocaba apoyar.
“Por la ilusión que irradiaban los Juegos Olímpicos, un buen papel haría olvidar”. Tocaba apoyar.

La imagen de parar a menos de 20 días para el inicio de los Juegos, para el ciudadano que compraba la GIGANTES y esperaba con impaciencia el día de inauguración, era más que lamentable. Resultó ser tal la chapuza general que, siendo conscientes de la gravedad y el punto casi de ‘no retorno’ al que se había llegado, se remangaron y llegaron a un acuerdo, al menos, para desconvocarla: sí se permitía la inclusión del tercer extranjero, pero con el condicionante que pudiesen estar tan solo dos en pista de forma simultánea, para el siguiente curso liguero. 

Por supuesto que esta medida se abolió antes del inicio de la liga, porque era un sinsentido, aunque sirvió para que todo volviese a su curso. Ya sea por cautela de si la situación del llamado “3 por 2” perduraba o porque los equipos tenían la mentalidad aún de dos extranjeros y de cara al tercero, se le contrataba con el dinero que “sobrase”, el caso es que fueron varios los conjuntos que ficharon un tercer foráneo muy discreto, que en ciertos casos (como el OAR Ferrol con John Pelphrey), jugaron muy pocos minutos. A Estudiantes, el gran Danko Cvjeticanin les costó la irrisoria cifra de setenta mil dólares, mientras que Joe Kopicki en el Joventut, también salió ciertamente económico. 

Un día de huelga, cuatro días desde que los jugadores abandonaron las instalaciones hasta que volvieron a ponerse manos a la obra (porque Díaz Miguel les mandó una jornada antes a casa, no sabemos si por desánimo o que no sacaría nada de provecho o vaya usted a saber por qué) y de nuevo a la actividad, tras haber lastrado la imagen de todos. Pero estaban de vuelta, al fin y al cabo. Eso sí, por la ilusión que irradiaban los Juegos Olímpicos, un buen papel haría olvidar este funesto episodio. 

CAPÍTULO 01: La pesadilla española en Barcelona’92