LA PESADILLA ESPAÑOLA EN BARCELONA’92 (Cap.01)

En el 30 aniversario de los Juegos de Barcelona’92, en Endesa Basket Lover hemos recordado todas las luces y color que dio el Dream Team. Quizás éramos conscientes de su magnificencia, pero no tanto de la dimensión que suponía la formación y posterior puesta en escena de aquel equipo. Treinta años después, en Estados Unidos tienen claro que el dominio actual de Doncic, Jokic o Antentokounmpo, tuvo su punto de inflexión en aquella cita olímpica, el “aquí y ahora” en marcar un nuevo rumbo en la historia del baloncesto. “Es otro mundo, pero debemos aspirar a ese otro mundo” era una asignatura que, sobre todo partiendo desde Europa, teníamos la obligación de abordar.

Barcelona’92 brilló para el deporte español. Con el plan ADO se invirtió en estructuras que previamente se movieron en un amateurismo muy latente. “Si inviertes, hay premio” es la ecuación que se obstina en dar siempre el mismo resultado. Y tales premios se dieron y de forma sorprendente, incluso en un puñado de deportes de los que antes apenas dirigimos nuestras miradas y que mostraron dieciséis días de enorme orgullo patrio por el trabajo bien hecho. Exceptuando el fútbol, el baloncesto era el deporte más profesionalizado que, al mover mayor cantidad de dinero, contaba con las estructuras más sólidas. Sin embargo, toda la exitosa maquinaria comenzó a ceder y a crear problemas ante una enorme exigencia. Y en Barcelona’92, en el momento menos oportuno, se resquebrajó. Con el tiempo quedó el enorme fracaso deportivo (novena plaza en los Juegos disputados en casa), el “angolazo” y un sinfín de críticas hacia la figura del seleccionador, Antonio Díaz Miguel, tras 27 años en el cargo, lo que siempre nos pareció injusto.

No es el espíritu de Endesa Basket Lover la crítica, sino el espíritu constructivo, la muestra de valores del baloncesto y plasmar su atractivo en todas sus aristas. Pero en este 30 aniversario, queremos mostrar y recordar lo que pasó en aquel tiempo tan diferente. Sí, quedó el bochorno deportivo pero, una mirada más fría y amplia, con la perspectiva que otorgan los años, quizás sea sanadora y edificante de lo que fue aquel momento tan difícil. Por eso nos remangamos y nos ponemos manos a la obra.

UN NUEVO ESCENARIO MUNDIAL

Y ante la sorpresa generalizada, sonaron los acordes de la canción “Lili Marleen” en el Olimpic de Badalona. Croacia, en su primera parada española en el verano del 92, todavía no tenía himno propio. Ante la selección de Cataluña, amistoso de cara a un Preolímpico que diera el pase a los Juegos de Barcelona, eligió la canción que Marlene Dietrich hiciera universalmente famosa. La explicación, del mítico Mirko Novosel, fue el que tal tema se utilizó y canturreó por las tropas de Alemania e Italia en abril de 1941, durante la invasión a Yugoslavia en la II Guerra Mundial, en las escasas fechas en las que algunas facciones tuvieron la oportunidad de crear el estado de Croacia, “títere” según Wikipedia, a los intereses nazis, por lo que sus ejércitos también lo tomaron a modo de himno. Lo curioso de la canción es que a la par fue cantada por las tropas francesas y británicas, con lo que pasó de boca en boca sin distinción de bando. 

Croacia arrasó 118-82 a una selección catalana formada por jugadores de élite (Villacampa, los hermanos Jofresa, Cargol, Ferrán Martínez…), dando una ligera idea del potencial baloncestisto de este nuevo país europeo. Drazen Petrovic apareció con 8 kilos más de músculo, un jugador diferente físicamente respecto al genio que compitió por nuestras canchas tres años antes, mucho más letal en el tiro de larga distancia. Sumen a Radja, Kukoc, Vrankovic, Komazec… Asustaban. 

Y este era el nuevo concierto continental en el que se movería España, el que había que afrontar a partir de ahora. A la espera de la confirmación de FIBA (que llegó poco después) del veto a Yugoslavia como medida de sanción por parte de la ONU, Lituania, Letonia, Eslovenia o el Equipo Unificado (que sumaban Rusia y la mayoría de estados ex soviéticos que no fuesen bálticos), formaban un nuevo panorama, en el que los rivales potentes se multiplicaban. 

Obtener una medalla se complicaba y mucho. Máxime cuando para tal cita, todos querían estar. Detlef Schrempf, el mejor “Sexto hombre” en la NBA en 1992, había declarado su intención de volver a reincorporarse con Alemania (algo que no sucedía desde 1985). Y por si no fuera poco, los rumores sobre nacionalizaciones de jugadores con antepasados de otros países, se dispararon casi hasta las teorías más absurdas. Así, recopilaron que Rolando Blackman intentaría jugar con Panamá en el Preolímpico de Portland, que alguien se aventuró a decir que Joe Arlauckas podría hacerlo con la selección lituana -por el origen de su padre- e incluso, el también estadounidense Chuck Aleksinas, estaba en la agenda de este mismo país. Todo quedó en humo sin fundamento alguno, pero los “busca titulares” no se aburrieron aquel verano, no. 

SOLOZÁBAL Y SU VERANO MÁS TRISTE 

Nunca olvidará el ilustre Nacho Solozábal el verano de 1992, por todo lo que supuso para él. Aguas convulsas circulaban en Cam Barça meses atrás, concretamente desde la edición granadina de la Copa del Rey en febrero. “Llegué a un acuerdo con Salvador Alemany y el nuevo contrato debía firmarse entonces, pero el club se echó atrás”, declaraba el propio Solozábal, 17 años en el club, cuando la temporada terminó para él y los suyos a manos del Real Madrid en los cuartos de final. El histórico base barcelonista, tras la derrota en el tercer partido (86-92), se abre con la dura confesión de “este puede haber sido mi último partido con el F.C. Barcelona. Mi contrato finaliza el 30 de junio”. 

Mientras que para la Comisión Deportiva de la sección (o sea, Aíto García Reneses), su renovación obedecía estrictamente a motivos económicos, Josep Lluis Núñez (su presidente) afirmaba que la continuidad dependía de la Comisión Deportiva. En mitad de este ‘partido de tenis’ del ‘mía no es la culpa’, cierto es que los problemas económicos comenzaban a asomar a orillas del Palau, síntoma oculto en los últimos años que visto los éxitos, se ensalzaban y minimizaban la orfandad de los mismos en el fútbol. A nada que el fútbol comenzó a ganar y el baloncesto dejó de hacerlo, sobre todo tras el mazazo de claudicar en cuartos de final de la ACB -que suponía no participar en la siguiente Liga Europea. Así de grave era el momento-, el directivo Antón Parera sacó a relucir la situación financiera. Parera, con quien negoció Solozábal su renovación, calló cuando Salvador Alemany (hombre fuerte en la sección de baloncesto culé) se alió en la idea preconcebida de Aíto García Reneses, que en definitiva era prescindir del jugador en beneficio de José Antonio Montero, apuesta personal y fichado dos años antes. Buscando la reafirmación del base madrileño, con la presión de ser señalado como el hombre de los 100 millones de pesetas, sus dos temporadas no habían sido nada brillantes entre los culés. Claro que, en ninguna de las dos, Aíto había sido el entrenador. 

Drazen Petrovic, mucho más musculado, con la selección croata.
Drazen Petrovic, mucho más musculado, con la selección croata.

Este run-run de la ‘no renovación’ de Solozábal se estaba haciendo eco entre la afición en los últimos meses, con lo que una pancarta en el Sant Jordi durante el Playoff, mostraba a las claras un sentir cada vez mayor: “Nacho, contigo nos iremos muchos”. Hubo compañeros molestos con el asunto, sobre todo Juan Antonio San Epifanio, único superviviente de aquella joven generación que vio la luz arrebatando al Real Madrid la Copa del Rey de 1978, hito en la historia del club. “Hay que potenciar la sección y el primer paso, es renovar a Solozábal. Si no se hace, no hay intención de potenciar nada”. Tanto Juan De La Cruz como Chicho Sibilio, los otros componentes de tal generación, ya no pertenecían a su disciplina y el núcleo de éxitos hace años, casi había desaparecido. El ‘plan renove’ de la sección quedaba expuesto a las claras. 

Solozábal tuvo equipos interesados en sus servicios, sobre todo TDK Manresa, Valvi Girona y el recién ascendido Festina Andorra. Pero la crisis que se avecinaba ya mostraba sus colmillos y ninguno de ellos pudo llegar, ni de lejos, a los algo más de 50 millones de pesetas que el base recibiría del F.C. Barcelona en concepto de, llamémosle finiquito (un pacto con el que llegó en su última renovación). Unas semanas después, ante una atmósfera de cierta sorpresa y confirmación de malos augurios entre los aficionados, Nacho Solozábal decide retirarse de la práctica activa del baloncesto. Sobre todo, cuando tampoco contó en los planes de Antonio Díaz Miguel para la Selección Española en la gran cita olímpica.

LAS AUSENCIAS DEL EQUIPO NACIONAL

Porque Solozábal albergaba esperanzas en ser uno de los elegidos para este evento tan señalado. “Quiero comunicar a Díaz Miguel que estoy a su disposición, aun sabiendo que el seleccionador está en su derecho de decidir que ahora no desea contar conmigo”. Desde los Juegos de Seúl de 1988, última aparición internacional, Nacho no volvió con la selección, aduciendo cansancio físico y mental (ya se jugaban en torno a los 80 partidos entonces con su club), rechazando ir a Zagreb y su Eurobasket en 1989 y el Mundial argentino de 1990, no siendo convocado para el Europeo de Roma’91. “Cuando renuncié, lo hice por razones personales. Ahora, las cosas han cambiado. Me gustaría jugar los Juegos”. Aunque la prensa era casi unánime, convencidos que la experiencia y calidad de un base como él, pudiera ser de mucha utilidad, el seleccionador Antonio Díaz Miguel no lo vio oportuno y no lo incluyó su convocatoria. 

Nacho Solozábal, un triste verano para él.
Nacho Solozábal, un triste verano para él.

Llamado en las listas iniciales, José Antonio Montero, que abiertamente declaró que “por mí, no hay ningún problema en volver”, se le dejó también fuera, ya en los primeros cortes. La relación tirante entre ambos tras cuatro citas consecutivas (desde Atenas’87 a Argentina’90) no auguraba que fuese uno de los elegidos, sobre todo cuando ni contó con él en la preselección para el Eurobasket de Roma’91 ni, tampoco, para sus ventanas. Fernando Arcega, inicialmente en la lista, tras varias semanas de concentración, fue finalmente descartado y curiosamente, su hermano José Ángel, sí fue llamado con posterioridad para formar parte de los 12 definitivos. 

A Fernando Romay sí le dolió ser baja. Fernando, que siempre ha tenido un cariño terrible por Antonio Díaz Miguel -con todos los motivos-, tras varias convocatorias y disputa de torneos amistosos, fue otro de los descartados. En un verano muy difícil, en el que sufrió el fallecimiento de su padre en A Coruña, a causa del cáncer, entendía que se le iba de las manos -quizás- la oportunidad de ser internacional por última vez, en unos Juegos Olímpicos, en su país. Recordamos que su compañero de equipo y posición, Antonio Martín, era baja  confirmada por el doctor del Real Madrid, Alfonso Del Corral, por un percance medular durante la final de liga ACB, al caerle encima Corny Thompson, debiendo ser retirado en camilla durante el encuentro. 

Sin embargo, una de las ausencias más sonadas, que mostraba una clara radiografía de la atmósfera que se respiraba en el baloncesto español en el verano de 1992, fue la del pívot verdinegro Ferrán Martínez. Este fue un culebrón en el que estaban todas las partes implicadas. 

Fernando Romay, una ausencia que algunos echaron de menos.
Fernando Romay, una ausencia que algunos echaron de menos.

El martes, 2 de junio, los preseleccionados debían presentarse para la primera convocatoria en el hotel de concentración a las 10 de la noche. Y por allí no apareció Ferrán Martínez, sin mediar explicación alguna por su ausencia. A la mañana siguiente, se le comunica a la FEB que Ferrán está lesionado del pie y que los servicios médicos de su club, el Joventut de Badalona, recomiendan que no vaya. Que transcurridos unos días, sí podría entrenarse, pero con el condicionante que durante las siguientes tres semanas, no más de un máximo de 45 minutos y con intervalos de 24 horas entre los entrenamientos. “Su ausencia me supo mal. Pero aclarado el malentendido inicial, descubrí que por su lesión, no podría seguir el ritmo de preparación de los demás” declaraba entonces Díaz Miguel. “Con todo el dolor de mi alma, he debido dejarle fuera de la concentración”. 

Tiene toda la lógica pensar que el jugador estaba más que ilusionado por disputar los Juegos Olímpicos, sobre todo siendo en casa y cuando quedaba más de mes y medio aún. Sin embargo, la realidad es que el Joventut no estaba por la labor que jugara. Dos años antes, cuando fichó por los verdinegros, se echó el grito en el cielo porque en el Mundial de Argentina, Ferrán fue forzado a jugar en los últimos encuentros con un fuerte esguince de tobillo. Además, durante largos tramos de esta última temporada 91/92, estuvo ausente por diferentes lesiones de cierto alcance, lo que le hicieron jugar tan solo 16 partidos en ACB y no mucho más en Liga Europea, viendo desde el banquillo la archiconocida final del triple de Djordjevic. Así que, en la cúpula verdinegra, aunque no mostrado públicamente, sí que buscaron las excusas para que su jugador no compitiera en verano. Y no era un escenario nuevo, pues el Real Madrid un año antes, solicitó a la Federación Española la no convocatoria de Chechu Biriukov, para que sanase del todo de los problemas generados tras su grave lesión de rodilla, ausentándose así de la cita europea de Roma. Y es que, como veremos en siguientes capítulos, la FEB no estaba para ir al combate con la ACB, con la que estaba en buena sintonía. Tampoco Díaz Miguel montó en cólera precisamente por la no inclusión de Ferrán. 

Quienes más echaron el grito en el cielo, fueron los periodistas especializados, que con la baja de Antonio Martín, más esta de Ferrán Martínez y el posterior descarte de Fernando Romay, ¿con qué cuatro pívots contaría para la cita olímpica? Curiosamente, el nombre de Santi Aldama iba apareciendo más y más. 

Así vio Ferrán Martínez gran parte de la temporada 91/92: de paisano
Así vio Ferrán Martínez gran parte de la temporada 91/92: de paisano

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