Gustavo Ayón: El reciente adiós del mejor mexicano (probablemente)

El pasado verano dijo adiós al baloncesto Gustavo Ayón, quizás el mejor jugador mexicano de la historia en dura competencia con Manuel Raga. Obviamente, España tuvo un papel determinante en su carrera. Primero con Fuenlabrada como rampa de lanzadera para hacerse conocido y después siendo importante en los éxitos de la era Laso en el Real Madrid. Por el medio, una carrera en la NBA en la que no pareció desarrollar todo su indudable potencial.

“Todo tiene un principio y final. Esto lo que soñaba yo, retirarme de esta manera y lo logré. Gracias a cada uno de ustedes. Hasta aquí llegamos”, dijo al público en un partido de homenaje que tuvo lugar en Jalisco en agosto en el que estuvieron presentes excompañeros como Jaycee Carroll y la selección nacional de México. Por lo que cuentan, un tipo sencillo y trabajador, como su propio juego sobre la pista.

Lo cierto es que muy pocos lo conocían cuando en verano del 2009 le fichó Fuenlabrada. Sí, lo había hecho bien en su país con los Halcones de Xalapa, pero ese no es un aval demasiado grande para ocupar una de las dos plazas de extracomunitario en la Liga. Así es que terminó cedido en LEB Plata con el Illescas. Rápidamente se vio que aquello se le quedaba pequeñísimo (16,2 puntos y 10,2 rebotes de media en 23 minutos) y el Tenerife Rural, de LEB Oro, convenció al ‘Fuenla’ para que Ayón acabase allí la temporada. Lució menos (9,7 y 4,6 en 25) y le costó entrar en el primer equipo del club madrileño: solamente lo pudo hacer gracias a la lesión de Gerald Fitch en pretemporada, lo que dejó libre un hueco.

Formando al principio una dupla latinoamericana interior junto a Esteban Batista, en el pabellón Fernando Martín no dejó de progresar. En su segunda temporada, la 2011-12 se convirtió en uno de los mejores de la ACB (15,9 y 8,1) hasta el punto de que los New Orleans Pelicans le reclamasen a los dos meses de competición. En apenas tres años había pasado de Plata a la NBA. Con el tiempo acabó apareciendo una libreta en la que escribió, siendo niño mientras veía unas finales Bulls-Jazz, que acabaría jugando en la liga norteamericana. “Se me metió en la cabeza y ya nadie me lo pudo quitar de ahí”, señalaría.

En Estados Unidos no pasó de ser un componente de la segunda unidad, entre 13 y 20 minutos por choque, a lo largo de sus tres años allí en Nueva Orleans, Orlando, Milwaukee y finalmente Atlanta. Para el tópico del ‘5’ quizás era un poco bajo (2,08…), pero sí que se adaptaba al nuevo formato de interior muy móvil y duro. Y además cada vez tenía mejor tiro de 4-5 metros, aunque siempre se resistió la ya duradera moda del triple. 

Su gran problema fueron las lesiones: en ninguna de las tres temporadas superó los 54 encuentros disputados. Eso no le impidió llevar a México a un hito histórico en 2013: MVP y campeón del FIBA Américas, clasificándola para un Mundial por primera vez en 39 años. Sergio Valdeolmillos era el seleccionador. “Trabajamos en equipo y confiaban en mí. Cuando lo logras, nadie te gana. Éramos 12 guerreros con ganas de triunfo. Y lo demostramos”, recuerda.

Cansado de la inestabilidad que sufría en la NBA, en 2014 dio por concluida su carrera americana, aceptando la oferta de un Real Madrid que claramente necesitaba su perfil para dar un paso adelante a nivel continental. Seguía siendo un jugador diferencial, como demuestra su palmarés:  dos Euroligas, una Copa Intercontinental, cuatro Ligas Endesa, tres Copas del Rey y dos Supercopas.  Fue un jugador muy querido por la hinchada blanca, que le cambió el mote: de  ‘Titán de Nayarit’ pasó a ser ‘Machete’.

“A lo mejor no era el MVP porque hacía cosas que no salían en las estadísticas, pero siempre estaba entre los  tres mejores del equipo y aportaba cosas importantes para poder ganar y eso me aportaba muchísimo orgullo. A la afición le dimos muchas alegrías, como ganar dos Euroligas en poco tiempo después de estar 20 años sin lograrlo. Eso me hace sentir importante”, resume su etapa blanca. 

Totaliza 227 partidos en la Liga Endesa con promedios de 9 puntos y 6 rebotes en 20 minutos. Como podía imaginarse, son números que no le explican demasiado bien, pero sí hay un dato contundente: un 64,6% en tiros de dos puntos. En un encuentro ante Andorra de la 2016-17, casi a modo de anécdota, anotó su único triple en tantos años. De Madrid fue al Zenit de San Petersburgo en 2019 y después jugó en su país con el Astros de Jalisco. Acabó su carrera en Puerto Rico en el Capitanes de Arecibo. Allí estuvo particularmente bien. “A nivel personal y de familia lo pasamos increíble”, apunta.

En el trasfondo queda sobre todo como una pieza que antepuso lo colectivo a lo individual. “No soy un jugador que cuando llega quiere  hacer 20 tiros. Lo que quiero es hacer ganador al equipo. Estoy muy orgulloso de cada etapa, de cada triunfo, de cada fracaso, de casa situación que me presentó el baloncesto a lo largo de mi carrera”, remarca. En todas sus entrevistas niega que se sienta el mejor mexicano de la historia: se ve superado por Manuel Raga, que jugó en Italia la mayor parte de su carrera durante los 60 y 70, y el menos conocido Arturo Guerrero.

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