DE PÍVOTS Y LÍNEAS DE FONDO

La evolución en el juego del pick&roll

Quiere el baloncesto, por sí solo, alegrar un poquito más nuestras vidas. En su perpetua evolución, en su búsqueda del acierto tras el ensayo/error, en la deriva natural buscando cauces que se expanden hacia el ancho mar de las gradas, su rueda funciona. El Instant Replay, el juego de los espacios, el padrenuestro del pick&roll o la alegoría al triple. Nuevas tendencias que pudieron o pueden descolocar al aficionado, incluso incomodar. Representan lo no acostumbrado y que, siempre cuenta con el principio de no gustar. O sí. Una nueva corriente, aun con sordina, pide paso. Los pívots importan. Cada vez más. Anotan y pasan la pelota. Una vuelta con cierto aroma de vinos reserva que, para las generaciones que vivimos con ello, suena francamente bien. Y todo, por querer sacar partido a la línea de fondo. Tan natural como el propio juego. Les explicamos…

Los altos que dominaban. Ante la orfandad del tiro de tres (e incluso ya con él), las torres con talento eran foco de atención. El planeta pone la vista en ellos: Jabbar, Malone, Ewing y Olajuwon, Tkachenko y Sabonis. Son los determinantes y por lo tanto, exigen. Sistemas que buscan circulación de balón con la finalidad de ser el último receptor si ellos lo creen así. Tras ardua batalla con el contrario, encuentran una posición y pobre de ti como no les pases en ese momento. Con su autoridad nos criamos algunos. Pero han pasado 40 años y el escenario ha cambiado. Situémonos en la Liga Endesa, en nuestros días. El aquí y ahora. Y resulta que, visto lo visto, existe al alza una tendencia terriblemente interesante. 

El bloqueo y continuación busca de ventajas inmediatas. Chequea “cómo “respira” una defensa si quienes lo ejecutan, lo hacen bien. Es la jugada del siglo XXI. Con las variantes del pívot que puede abrirse -que los tiempos fuerzan a que casi todos los jugadores en pista sepan tirar desde fuera- o que continúe hasta canasta para recibir bajo el aro. El campo se abre, se optimizan hasta el límite los espacios que hay. Las esquinas se ocupan y los tiradores esperan a la resolución del base que, aliviado unos instantes tras la ayuda del bloqueo, busca la mejor decisión. Sin embargo, este curso y con más frecuencia, estamos viendo cómo en esta jugada que vertebra los ataques, entra en juego la línea de fondo. 

Dusan Ristic, un pívot con capacidad de lectura

Las defensas mejoran, ya existe una dificultad suprema en pasar el balón hasta debajo del aro. Aquella sinfonía que veíamos entre Marcelinho y Tomic en tiempos, hoy cuesta más. Mucho más. Hay que ser un Tavares para poder mandar el balón ahí con seguridad y que lo atrape a un metro del objetivo. Por ello, antes que mirar a las esquinas para futuros tiros exteriores -con menos porcentajes-, se está frecuentando el pase al pívot a mitad de su recorrido, en “tierra media”. Lo que los técnicos llaman “la continuación corta” o “short roll”, entre la línea de tiros libres y la canasta. Y una vez allí, que el pívot decida. ¡Tachán! El pívot vuelve a ser el foco de decisión, de anotar o de pasar. De finalizar o de generar. Si no eres un Augusto Lima, que pasma ver el dominio que tiene a sus lanzamientos bombeados a una mano (en Girona vimos uno desde la mismísima línea de tiros libres) y no se tiene mucha confianza en una suspensión corta, la mejor opción es pasar. Y por la línea de fondo, pueden pasar muchas cosas y no solo que el tirador espere en la esquina. 

Jugadores que cortan raudos a canasta en busca del pase para comerse el aro, “resabiaos” que saben buscar la espalda del defensor y de repente, aparecen delante de su marcador para recibir y anotar. Y para los virtuosos, se les puede colgar el balón arriba, que ya se encargarán de atraparlo y machacarlo. La destrucción que ha supuesto siempre un pívot pasador en poste bajo, aunque algo apolillada tal figura, ahora se reivindica, se vuelve igual de letal, pero en la zona y un metro o dos más atrás. Contar con pívots pasadores, debido al uso frecuente de tal jugada, es un plus que, quienes lo cuentan, se sacan un ramillete más de puntos por envite. Lo que bien saben hacer Dusan Ristic, Nemanja Radovic, Jan Vesely, Matt Costello o Bojan Dubljevic como ejemplos, da muy buenos réditos. Gurús de esta variante como Pedro Martínez, buscan de manera afanosa ese hombre alto que les garantice buenos pases cuando continúan (y a Marcus Lee, en Fuenlabrada, le vimos algún ramalazo de ello). Claro, fuera de categoría están tipos como Marc Gasol o Ante Tomic, virtuosos capaces de pasar así 2 y 3 metros más atrás. 

Giorgi Shermadini sigue reinando por ser el Master&Commander del poste bajo y un magnífico finalizador tras bloqueo. Los pívots importan y mucho. Con esta vieja-nueva lectura del juego, pero sin lugar a dudas con su mayor frecuencia, los interiores que tengan capacidad de lectura y pase, serán imprescindibles. Y como aficionados, que las jugadas deriven en esta sucesión de pases, nos gusta, no lo podemos negar. La evolución y la naturaleza, para alegrarnos un poquito más a todos. Que es de lo que se trata. 

Ante Tomic, un virtuoso de… todo lo que él quiera.