Pietro Aradori: Lujazo italiano en el Estudiantes

Fue un lujo  tener a Pietro Aradori un puñado de partidos en el Estudiantes. Y una rareza, desde luego: junto con unos meses en el Galatasaray (aquella misma temporada 2014-15), ha sido la única experiencia fuera de Italia de uno de los mejores jugadores contemporáneos de su país. Rindió bien, aunque la campaña del equipo no fue en general para tirar cohetes (13º en la clasificación final).

Es un buen representante de esa ‘nueva ola’ de jugadores transalpinos de mucho talento que, como el también exestudiantil Nando Gentile, no acabó de dar el paso a la NBA, algo con lo que llegó a especularse en ambos casos. Nacido en Brescia –paisano, pues, de Sergio Scariolo–, llegó a ser compañero de Danilo Gallinari en las categorías inferiores del Casalputerlengo. Vivió algo increíble: su estreno como profesional con la camiseta del Imola se produjo ante el equipo de Pésaro, en el que jugaba, ya muy veterano, su gran ídolo de la infancia: Carlton Myers. Tardó poco el Armani Milano en echarle el ojo para firmarle un contrato largo, debutando al unísono en la máxima categoría y en la Euroliga con 19 años.

Sin embargo, no le terminó de ir bien y buscó acomodo en Roma, Biella y Siena, donde acumuló muchos títulos saliendo del banquillo. En todos esos sitios alternó los momentos brillantes con otros de irrelevancia. Fue en Cantú donde dio lo mejor de sí mismo y llegó la gran oferta de  Turquía, pero en el ‘Galata’ no estaba satisfecho de los minutos de los que disponía y pidió salir para incorporarse en aquel diciembre de 2014 al Estudiantes.  “Hablé con Txus (Vidorreta) una vez por teléfono y para mí fue suficiente. Me dijo que había química y que el equipo necesitaba un jugador que pudiera ser líder. Me gustó lo que me dijo y cómo lo dijo, y decidí venir”, dijo en su presentación.

El equipo mejoró con su aportación (13,1 puntos en 23,9 minutos, aunque con un acierto en el triple francamente mejorable, 30,8%), lo suficiente para huir de la zona de descenso. Y fue adorado por la Demencia, que le despidió muy emotivamente con la mítica ‘Bella Ciao’, un momento difícil de olvidar. “Me alegra haber sido uno de los favoritos de la afición en Madrid. Creo que a la gente le gusto no solo por mis habilidades o por lo que lo hago en la cancha, sino también porque siempre soy yo mismo en cada momento. Así es como vivo mi vida. Para todo tengo buenas palabras y trato de minimizar cualquier aspecto negativo. Tanto la Demencia como nuestros ‘tifosi Bianconeri’ son dos grupos que aman profundamente a sus equipos y su apoyo es increíble”, dijo en una entrevista reciente.

Volvió a la Lega, donde ha sido un valor seguro las últimas siete temporadas, en las que siempre ha estado entre los 16,8 y los 12,7 puntos de promedio. Primero fue al Reggio Emilia y después pasó de un equipo a otro de Bolonia: dos años la Virtus y los tres últimos en la Fortitudo. Cerca de los 34 años sigue muy atinado: 15,1 puntos en la 2021-22 ayudando también en aspectos como el rebote (4,4).

El recuerdo es bueno mutuamente. “Amo España y amo la ACB. Tengo muchos amigos españoles que juegan allí que me piden que vuelva. Pero también me encanta Bologna y en el Fortitudo es donde quiero pasar muchos años”, comentó en una entrevista en Solobasket durante el confinamiento de 2020. Lástima que apenas unos meses antes no fructificasen las negociaciones para que regresase tras el intenso interés que recibió del Real Betis.

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