España se proclama campeona de Europa

Con casi total exclusividad, la mirada que juzga el deporte de élite –y por ende el baloncesto, es distante, cómoda y de matemática religiosa. El público entiende que un equipo o un deportista tiene unas unidades de talento y desempeño limitadas y las compara con las del rival; el proceso de creación de expectativas es simplista y reduccionista, algo tan estático e inmutable como imprevisible por contraposición es la humanidad.

Entre estas dos verdades, la lógica coral y la incerteza de la vida, lleva viviendo la Selección Española de Baloncesto los últimos tres años. Un trienio de novedades que se quería resolver con certeza pesimista, pero que se ha aferrado al factor irracional de la historia, que nunca avisa.

Cuando llegó el ocaso de aquellos nombres que nos hicieron soñar, entregamos las armas por aquello de la previsión racional: uno más uno es dos y estos jugadores son peores que los otros. Primer error: el liderazgo cohesiona y la unión y la amistad ofrecen intangibles que superan cualquier ecuación. Campeones del Mundo 2019.

Cuando la transición pasó de evidente y necesaria a irrevocable, apuntamos con los hombros al suelo y miramos a los ojos de la emoción con resignación. Segundo error, esta vez por repetición: equipo, equipo y equipo. El Eurobasket ha demostrado ser guardián de lo comunal y Sergio Scariolo es el líder de una tribu que ha dado voz a sus miembros cuando han tenido algo que decir o ha sido necesario hacerlo. Campeones de Europa 2022.

Al final resultará que el tiempo sí es un circulo plano, puesto que la enseñanza parece la misma. Mismas dudas, asombro y reconocimiento o trago de saliva para aquellos primerizos malaventurados que poseyeron la verdad sin conocerla. En cuántas disciplinas nos puede amaestrar el baloncesto…

La última, para los creyentes entre agnósticos veraniegos: tras mirar hacia las estrellas para buscar el camino, llegan tiempos de mirarnos a los pies para encontrarlo. El triunfo de este equipo nacional, como le llamaría el a menudo poco alabado Pepu Hernández, es emparejarnos con el orgullo de por vida; creer en una camiseta cargada de simbolismo y transformar la responsabilidad en una seña de identidad, convirtiendo esa presión en orgullo y el orgullo en un arma.