LA CELESTIAL REALIDAD DE LUKA DONCIC

“Nos ha malcriado tanto que pensamos que esto es normal. Pero no es normal” declaraba en rueda de prensa Aleksander Sekulic, seleccionador esloveno, tras los 47 puntos anotados por Luka Doncic ante Francia, uno de los máximos favoritos a conquistar el Eurobasket, ayudando a lograr la victoria en los suyos (88-82). Sí, 47 puntos de 88. Quizás desde los tiempos de Nikos Gallis, no veíamos acaparar tanto el ataque de un equipo y, lo que es más difícil, llevarle así al éxito. 

Y no debe ser normal. Luka se detiene unos instantes, se apoya en las pantallas LED’s de publicidades a pie de pista y se recrea en el momento, dejando salir una risa que no puede contener. Todo ello, tras conseguir la mejor canasta de todo el Eurobasket, zafándose de la marca de Rudy Gobert en una posesión casi al límite, permitiéndose parar y volver a arrancar ante él, lanzando … aquello. Y se detiene para mirar a su alrededor y contemplar el escenario que él ha creado. Y se deleita y sigue riendo. Obligación manda y debe regresar a defender la siguiente posesión, pero ha conseguido embrujar a todo un flamante pabellón, abarrotado, en Colonia. A todo un planeta delante del televisor. En Dallas asumen que no, que tampoco es eso normal, a pesar de todo lo que han visto allí estos años.

Hoy sale a la palestra el nombre de un desconocido jugador belga llamado Eddy Terrace. Por lo visto, anotó 63 puntos en el Eurobasket búlgaro de 1957, registrados como la máxima anotación de la historia de este tipo de torneos. Aunque el dato no se aleja de la realidad, no hagan caso. Terrace jugaba en Bélgica, selección sin opción alguna a los puestos de cabeza, queriendo despedirse del torneo con una apabullante victoria por 90-48 ante la potencia europea… Albania. Nikos Gallis logró 46 puntos para despedirse ante Suecia del coqueto pabellón de Nantes en el Eurobasket de 1983. Sí, pero también aportó 44 puntos ,por segundo día consecutivo, a la historia del baloncesto europeo para derrotar a Yugoslavia (88-74) durante el segundo día de competición y hacer que todo un país se derritiera ante él, en el camino hacia un oro que quedó para la leyenda. Todo lo que vino después en el baloncesto heleno, forma parte de su descendencia. Lo de Luka Doncic y sus 47 puntos forman también parte del libro de oro de este evento, de la historia del Eurobasket en esta edición con final berlinés, en su camino hacia… no se sabe dónde. 

Es que no fueron los 47 ni esa canasta. Situándonos, hablamos de la posibilidad de Eslovenia por ser primeros de grupo y para ello, tener que vencer a Francia. Hablamos de la baja para este encuentro de Mike Tobey y cercenar así, el brazo ejecutor de Doncic en varias jugadas, obligando al paso más entre todos, que recalcaba en la posterior rueda de prensa su compañero Edo Muric. Hablamos que en ataque debía ser él, siempre él y a veces Goran Dragic (14 puntos).  Y los franceses sabiendo que sería él, siempre él y lo que llegue. Y se prepararon para ello. Qué impotencia supone pensar que eso dio igual.

¿O es que no es suficiente tener a Vincent Poirier para puntear sus triples tras paso atrás? Pues visto lo visto, no lo era. ¿O es que no es suficiente presentarle a Rudy Gobert, el mayor intimidador del planeta? Pues lo descabellado era observar que, tampoco lo era. Meter triples delante de las narices de un tipo que convierte en negras nubes todo lo que existe a su alrededor, desafiándole a ocho metros del aro, parecía que estaba escrito en la tarde de Colonia. 

¿Alguna forma de pararlo? Sí, lo pudimos ver cuando Doncic recibió un fuerte golpe de Poirier en su cabeza y tuvo que ser retirado del campo tras el impacto con el codo, debiendo ser Cancar quien anotara los tiros libres posteriores. Digamos que incluso así, repartió puntos para los demás. 

Sí, parecía que todo estaba escrito. La mentalidad defensiva de los hombres entrenados por Aleksander Sekulic, fue, al margen de lo que digan los clips de canastas imposibles en redes sociales, casi tan espectacular. Porque los representantes eslovenos murieron por tal causa en pista. Que el jugador más limitado del campeonato, Ziga Dimec -pero no en defensa-, junto a los mencionados Muric y Cancar, tuvieron que multiplicarse ante el rendimiento de los interiores franceses, formaba parte de la ecuación de la victoria. El daño que les iba a producir Rudy Gobert ya lo asumían, aunque fue mayor de lo inicialmente pensado (gran encuentro del galo, con 19 puntos). Jugaron al límite tanto interiores como exteriores, con especial mención a la entrega de Goran Dragic, haciendo volar al viento sus canas cada vez que se tiraba al parquet por un balón. Y en esas aguas, llegaron a robar 9 balones de entre las 18 pérdidas que forzaron a Francia. Fueron capaces de igualar el rebote e incluso, los hombres de Vincent Collet, repartieron hasta 15 asistencias más que sus rivales. Claro, que en los eslovenos eran balones a Doncic y que obrara a su antojo, sin la necesidad de repartir juego.

 Y fue una y otra y otra vez, en el mayor número de “canastas imposibles” que posiblemente hayamos visto jamás en un jugador de baloncesto, lo que iba sumando en el casillero, llegando al final igualado y los 47 puntos ya reflejados. Por ello, que la sentencia viniera con dos robos del mayor de Dragic, suena poético. 

“Pero no es normal” tiene todos los condicionantes para elevar al séptimo cielo todo lo que sucedió en el flamante parquet de la ciudad alemana. Para Luka Doncic puede que sí sea su realidad. Celestial, por supuesto. Sigamos atentos a su realidad a partir de ahora. La de él y sus compañeros, los gladiadores de la defensa, los ganadores de corazones y, en definitiva, los vigentes campeones. 

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