AÍTO, SEIS DÉCADAS EN LA ÉLITE

Cuando Aíto García Reneses habla, todos escuchan con atención. Y debaten lo dicho. Y hasta critican (que no debieran). Las declaraciones previo al encuentro ante Valencia Basket de su Bàsquet Girona hace días, haciendo ver que los calendarios de partidos son demasiado… demasiado, lo han vuelto a poner en el foco de las redes sociales. Y de paso, apuntar que los defectos de la NBA con buen marketing, se tapan. ¡Tachán! Aíto ya está entre nosotros, en la Liga Endesa nuevamente, permaneciendo en la élite. 

Y esto lo que da vértigo. En el verano de 2022 se dispone a entrenar a su octavo club, en su ¡sexta década! como entrenador de un equipo en la máxima categoría del baloncesto español. ¿Cuántos entrenadores en la historia de nuestro deporte han conseguido eso? ¿Seis décadas? 

Cuando tomó las riendas de los banquillos, con el ascenso del Círcol Catòlic de Badalona, a su actual estrella, el veterano pívot de 37 años, Marc Gasol, aún le faltaban 12 años para su nacimiento. En la España del 1973, Aíto aún no había cumplido los 28 años y contaba con jugadores mayores que él (Lorenzo Alocén, Guifré Gol o Josep María Oleart) junto con un habilidoso americano, Frank Costello, que físicamente hoy daría grima verlo. En mitad de la primera gran erupción baloncestista en este país -reciente plata de la Selección en el Eurobasket barcelonés-, el entrenador madrileño logró 11 victorias, 16 derrotas y un empate, que para un recién ascendido, no estaba nada mal. Han pasado tantas y tantas cosas desde entonces…

LIGADO A BADALONA… HASTA SU SALTO AL PALAU

Que Raimundo Saporta veía en el entrenador madrileño alguien digno del Real Madrid y su banquillo, es un hecho. Que pediría paciencia, que el cargo posiblemente sería suyo, es una posibilidad y pensamos que grande. Pero nadie sabía con qué plazo se daría. Pedro Ferrándiz, aferrado al cargo blanco entonces e, incluso otro posible candidato, Lolo Sáinz, que tuvo que “bajar” y hacerse cargo del filial, el Vallehermoso, hicieron a nuestro protagonista emigrar a Badalona ante la insistencia del presidente del Círculo Católico, Domenec Tallada, en una clara y más que acertada apuesta personal.

Y el reto motivó a Don Alejandro. Y comenzó a cosechar éxitos sobre un equipo joven con el que pudo trabajar en su formación, en ser partícipe del crecimiento del plantel que tenía entre manos: Joaquim Costa, Jordi Freixanet, Andrés Jiménez, Joan Filbá o Agustín Cuesta lograron erigirse en el primer equipo de Badalona para dar la bienvenida a la década de los 80, mientras el Joventut se ahogaba en una enorme crisis interna tras su título liguero. Un club modesto, aun con el patrocinio de Cotonificio y un pabellón (la pista del Sant Josep, alzado a la actualidad en los últimos años por su posible desaparición) que necesitaba urgente recambio. Con los mimbres que tenía, aspirar más allá de la tercera plaza liguera que consiguieron en 1982, no podría, por lo que hizo cambiar de aires, dar la bienvenida y revitalizar a la Penya, ahora que en la directiva la cosa se iba calmando. Hablamos de 1983, del nacimiento de la ACB, el Playoff y los dos extranjeros. Era el momento. 

El éxito del baloncesto español se traducía en números. Brian Jackson, el americano que tuvo dos años antes en el club, fichaba por el Real Madrid con un sueldo multiplicado por cinco a lo que “el Coto” le pudo pagar. Y los colores verdinegros tenían cierto músculo y proyección. Mucha proyección. Que el también madrileño José Antonio Montero fuese de su plantilla, el prometedor Villacampa y tras interminables litigios con el F.C. Barcelona, poder llevarse a Andrés Jiménez como piedra angular y joven realidad, más el prometedor Rafa Vecina, sacaban lustre a la categoría del club en la que Aíto pretendía crecer. Y todos también crecieron bajo su tutela -quizás, el único ‘pero’, no sacar todo el rendimiento al joven, pero cargado de talento, David Russell– y desbancó al F.C. Barcelona en semifinales para alzarles como finalistas de liga. La Penya, de la mano de Aíto, volvía a ser grande en 1985. 

Quizás el verse tan arriba hizo pensar a la parroquia de Badalona que, su marcha al F.C. Barcelona, fuese una traición hacia ellos. El caso es que en el Barça era inconcebible bajar más de un escalón y la apuesta por hacer grande a su sección de baloncesto, pasaba por García Reneses irremediablemente. Y con chequera y un proyecto en el que Aíto obraría con la libertad que pretendía, rubricó su firma como azulgrana. 

EL F.C. BARCELONA DE AÍTO, A UN PELDAÑO PARA SER DOMINADOR DE TODO

Son 15 las temporadas que pasó nuestro protagonista como entrenador del F.C. Barcelona. Toda una vida para cualquier entrenador. Y dos más como director deportivo. Pretender llegar a lo más alto era la meta. Y se fue consiguiendo: a través de la primera gran rotación de jugadores que se daba en un club, llega  la Recopa, la Copa del Rey, la Liga, la Copa Korac, repetir Copa y Liga… en el mejor marco que jamás haya tenido el baloncesto español. En mitad de la fiebre del “nos comemos al fútbol”, Aíto era portada y cabecera. Y llueven elogios y arrecian críticas cuando se es grande en un lugar muy grande. Y cuando se observa la cima, era duro chocarse con el último obstáculo: la Copa de Europa, la Liga Europea, la Euroliga.  Todas las acepciones en las que se calificó la máxima competición internacional, para quedarse en puertas de las caricias de un trofeo al que nunca llegó. Si no era la Jugoplastika, era el Joventut o el tapón de Vrankovic o el embrujo de Rivers y Olympiakos o… o … hasta siete tentativas en Final Four, sin éxito. Heridas abiertas y lamentos a cada cita de Final Four. Montones de títulos entre medias y superar como número uno nacional al Real Madrid, pero nunca el máximo cetro continental.

Aíto responde con su flema y franqueza, todas las críticas que se vierten sobre él como un juicio por tantos años. Sin remordimientos en lo malo, cauto en lo bueno. Estar en el foco de todos crea enemigos, lógicamente, cuando gana, por parte de los rivales y cuando pierde, por parte de su afición. Y pensó que todo acaba y su etapa en el Barça, también. Svetislav Pesic toma el relevo, con dos jugadores del brazo (Bodiroga y Fucka) para complementar lo que ya tenían… y campeones de Europa a la primera tentativa. Había que volver de nuevo al ruedo.

Aíto regresa a la tarea de restablecer la tarea de empujar hacia el éxito al Joventut en su segunda etapa, tras otra importante crisis, en este caso deportiva, mientras que se recuperaban de la económica. Y volvió a mirar a la cantera… Lo que antes eran Villacampa, Jiménez y Montero, ahora eran Rudy y Ricky y Pau Ribas. Bien enseñados y rodeados, su enorme juventud no fue impedimento de nada y regresan a semifinales ligueras y a ser campeones de la Copa del Rey, en una de las ediciones más recordadas en este siglo. 

AUPAR PROYECTOS Y AUNAR ESTRELLAS EN CIERNES

Entre el maremágnum de entrenadores en la Selección Española, los Juegos de Pekín de 2008 sonaban como un “aquí y ahora”. Tras Pepu Hernández y aquella pugna que parecía tener José Luis Sáez con él, el resultado es que a pocas fechas del evento, Aíto García Reneses parecía el nombre idóneo para el puesto de seleccionador. Medalla de plata y una final que nos regaló el mejor baloncesto visto en una competición internacional. Y como se intuía de un personaje que gusta del trabajo diario y ser testigo de la progresión de sus jugadores, renunció a la conclusión olímpica para fichar por Unicaja

Las batallas deportivas también crean enemigos, sobre todo cuando se está en la cima. Y uno de los que dejó por el camino fue la afición malagueña tras una final liguera que acarreó todas las polémicas. El no-triple de Ansley, aunque fuese 13 años antes y el posterior título azulgrana, resultó imperdonable y en el Martín Carpena, la sensación que con Aíto siempre había una sombra, se hizo patente. Y con eso no pudo Aíto, como tampoco no tener el control deportivo cuando los fichajes debían de pasar por los bancarios despachos de los dueños. Abandonar con la temporada en curso era algo que jamás había vivido. 

Sevilla y Gran Canaria fueron dos apuestas. En la capital hispalense se iba cociendo algo precioso entre jóvenes cargado con un talento. Hoy día, mencionar a Willy Hernangómez, Kristaps Porzingis, Beqa Burjanadze, Joan Sastre y Tomas Satoransky en el mismo equipo, en verdad estremece. Y en Las Palmas, Kevin Pangos, Kyle Kuric, Pablo Aguilar y Walter Tavares. Jugar bien al baloncesto y lograr resultados a partir de ahí, era el reto en unas estructuras de club muy sólidas y a bien que se logró en ambas plazas. Presentarse en cualquier pista y ver que en el banquillo se sienta Aíto García Reneses, ya sabes como rival, a qué atenerte. 

Y en Berlín tomaron buena cuenta. El Alba, estandarte de una liga deseosa de crecer, pensó en él y en un cuerpo técnico que abarcaba la dirección deportiva y la estructura de la cantera, para ir con calma, pero dando pasos hacia delante. Y lo hicieron. Moldear un chaval, como el hoy NBA Franz Wagner, es un ejemplo y un sello que nos suena. Un sello que abarca seis décadas nada menos. 

Piensen que Aíto ha manejado los mejores bases, los aleros más anotadores y los pívots más contundentes. Entre los hombres grandes, ha sido importante su papel para una formación y proyecciones a nivel mundial. Andrés Jiménez ha sido único en nuestro país. Luego llegaron gigantes como Roberto Dueñas y Pau Gasol en el Barça, como tuvo la oportunidad de perfilar a Kristaps Porzingis en Sevilla o Walter Tavares en Gran Canaria. Y del trabajo de todos y de la calidad de sus primeros cimientos, tenemos una imagen de verdadero éxito.

Y ahora, Girona. El recién ascendido que ambiciona ese mismo camino que han visto ocho clubes previamente. Reforzar la estructura y caminar con paso firme. ¿Qué puede salir mal, si lo llevan viendo durante 49 años? Los brochazos de una vida en los banquillos que abarcan una gran porción de la historia de nuestro baloncesto. Claro, tan solo con el nombre, se asume. Aíto García Reneses. Bienvenido de nuevo a la Liga Endesa y a esta nueva década entre nosotros. Lo agradecemos.

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