LA ESPAÑA DE PLATA, UNO A UNO

Pues vamos con la evaluación individual de una Selección que para nuestro regocijo y en líneas generales, como grupo, fue de menos a más. Tras la decepción lituana y una primera fase más que discreta, impuso juego y criterio en octavos y sobre todo en cuartos, demostrando ser élite en semifinales hasta llegar a disputar el oro. 

¿Qué es lo que más nos gustó? Pues el físico y la diversidad de nuestra Selección. Sabíamos que se tenía mucho talento en Sergio De Larrea, Lucas Marí, Hugo González o Lucas Langarita. Chicos entrenados desde muy pequeños y con un plan técnico y físico desde edades tempranas para encontrar a sus 17 años la gran mayoría, el nivel de competir incluso contra los USA. En defensa, con piernas potentes y manos muy ágiles. Y al arsenal exterior, ya se sabía que Izan Almansa y Aday Mara eran la mejor pareja interior de la competición, completando una diversidad como nadie más tenía. Los dos centers más dominantes y determinantes, de los que nos apoyamos y mucho con ellos. Además, con unos y con otros, lo que más nos gustó es la capacidad de correr de esta selección. Asegurar el rebote como capítulo 1, mirada arriba y buscar el primer pase rápido y largo, era el momento clave para que se culminaran transiciones en un puñado de segundos, marcando una tendencia y sello al Equipo Nacional. 

¿Lo que menos? Quizás una creencia demasiado férrea en el juego de espacios, de abrir el campo lo más posible, cuando el guion en ocasiones pedía otra cosa. Nuestros interiores recibían balón al inicio de la jugada y no se insistía posteriormente en ellos una vez movida la defensa, con una posición ya ganada. Que no hayamos sacado el partido esperado del pick&roll o que en los innumerables contragolpes que forzaron, quizás la sacrificada figura del tráiler hubiese sido más rentable que la de ocupar las esquinas corriendo en primera línea, que acaba ralentizando la contra. Pequeños detalles que sí echamos de menos en momentos puntuales. Claro, estamos hablando esto, tras haber llegado a la final y haber mirado a la misma altura a los campeones. Todo hay que ponerlo en su lógico contexto. Y una última reflexión, no ya de esta selección, sino en el baloncesto formativo español en general: la calidad de nuestro pase. Son muy jóvenes aún, pero nos gustaría recalcar que es algo que en formación precisamente, se debe trabajar, aunque sea aburrido. Hay muchos momentos de poder sacar ventaja, pero por dudar en dar el pase, por su dificultad, se acaba no dando y deriva en una oportunidad desaprovechada y que el reloj y la posesión obliguen posteriormente a un tiro más forzado. Dicho esto, vamos con los protagonistas: 

Conrad Martínez. Base. 1,82 (Joventut Badalona): Fue el base durante la mayor parte de minutos. Estuvo formidable, creciendo según iba avanzando la competición (9,3 puntos). Agresivo, sin miedo a ningún rival cuando tocaba encararlo ni a quienes veía por encima de su cabeza cuando intentaban taponarlo, entrando a canasta. Listo, muy vivo, manos muy rápidas y piernas potentísimas. Revolucionó los finales de partido ante Australia y Francia como para brindar el triunfo a España. Sí, falló los tres tiros libres seguidos ante Australia, pero el partido ya estaba muy de cara gracias a él. Cabeza privilegiada, el mejor asistente en los nuestros (3,9 por partido), la pena su 23,5% en triples. Un base de calidad para muchos años. NOTA: 8.

Lucas Marí. Base-escolta. 1,96 (Valencia Basket): Una pena que no estuviera muy afortunado en este campeonato (6,1 puntos), porque conociéndolo, sabemos que puede dar muchísimo. Es un excelso atleta, uno de nuestros “robocops” que puede combinar posiciones de base y escolta, con una potencia y una determinación entrando dignas de elogio. Fue el jugador que más balones robó en los nuestros (2,0), faceta muy importante para sacar contragolpes letales. Gran producto de la cantera taronja, con una mentalidad ganadora casi febril y reconocemos en Endesa Basket Lover, una de nuestras debilidades. Hay que esperar mucho de este chico en un futuro. NOTA: 6,5. 

Rubén Vicente. Escolta. 1,97 (Unicaja): Disputó 21 minutos ante los japoneses y 13 ante República Dominicana, en la primera fase. En el resto, no pasó de algo más del minuto en pista. Otra de las joyas de la cantera cajista, rápido e instintivo, que debe seguir trabajando en el tiro exterior. Por su poca aportación en este torneo (tiempo tendrá en un futuro), no nos atrevemos a evaluar. NOTA: sin calificar. 

Sergio De Larrea. Base. 1,97 (Valencia Basket): Sergio es uno de los jugadores que más talento atesora de esta generación. Y lo que se espera de él es tremendo. Nos brindó momentos excelentes en la primera fase con su valía en la dirección, en el pase -sobre todo- o en sus entradas a canasta. Fundamentos más que trabajados y una técnica individual depuradísima. Sin embargo, hay que reconocer que este campeonato le vino demasiado pronto. Este vallisoletano criado baloncestísticamente en el colegio San Agustín, fichó por Valencia Basket el verano pasado. Y lo que le faltó es costumbre de competir a este máximo nivel con su generación. Fallón en la fase de cuartos, semifinal y final (3 de 17 en tiros de campo), sobre todo en la final ante Estados Unidos, se vio superado por el entorno y la defensa presionante que practicaron (5 pérdidas en los 8 minutos que estuvo en pista), tuvo que ser relegado al banquillo más de lo habitual. Es algo normal y una lección deportiva de la que esperemos que recuerde para resarcirse en un futuro próximo, porque estamos ante un chaval especial. NOTA: 7.

Bruno Vidarte. Alero. 2,00 (Real Madrid): Bruno se ha convertido en el Real Madrid en un “hacelotodo” de lujo. Es quien sufre y se sacrifica para que las estrellas brillen. Es un papel oscuro que saber realizar. Lo que también sabe es ganar y tiene mentalidad para ello. En este campeonato, fue usado poquito, excepto los 16 minutos ante Japón y los 23 ante Dominicana. Un minuto tan solo en cuartos, semis y final, por lo que no nos atrevemos a evaluarlo. NOTA: Sin calificar. 

Álvaro Folgueiras. Ala-pívot. 2,05 (Unicaja): Álvaro creció según se iba desarrollando la competición. Cuando el seleccionador, Javier Zamora, vio que necesitaba un ala-pívot más abierto que la dupla Mara-Almansa, se fijó en él y cumplió de una forma extraordinaria. Su semifinal ante Francia, a pesar de los físicos con el que cuentan, con 3 de 3 en tiros de campo y 13 rebotes, para recordar siempre. Muy astuto, gran jugador sin balón, sabe posicionarse muy bien para el rebote, todo ello para un peso liviano, pero que usa con brillantez. Si trabaja el tiro exterior para llegar a ser en ataque un ala-pívot de garantías ahí, puede convertirse en un perenne ACB, porque ya es una de las joyas de esta generación. NOTA: 7.

Lucas Hernández Langarita. Escolta. 1,95 (Casademont Zaragoza): Fue nuestro máximo anotador exterior (11,1 puntos y 41,9% en tiros de campo) y el jugador con más recursos para hacer de todo. Lucas tiene unas piernas privilegiadas, muestra ante Estados Unidos de su uno contra uno yéndose del rival en un ataque estático y acabando la acción en un mate. En contragolpe, fue de nuestros máximos puntales y sobre todo, enorme capacidad para poder lanzar en suspensión tras bote. Su verticalidad cuando decide saltar, sorprendiendo al defensor, es magnífica. Si el baloncesto es generacional, aquí tenemos la herencia de Antonello Riva. Los 23 puntos ante Australia fueron fundamentales pasa poder pasar a semifinales. En defensa estuvo francamente bien, con manos muy rápidas y si ponemos algún lunar, su 24,2% en triples. Aunque aquí, siempre nos gusta poner el asterisco ante los 17 años. El lanzamiento exterior ya se irá mejorando. NOTA: 7,5.

Izan Almansa. Pívot. 2,07 (Overtime Elite): Fue el MVP de la competición y sacó a relucir todas sus virtudes en el momento de la verdad, ante Francia en semifinales y Estados Unidos en la final. 12,1 puntos y 11,9 rebotes son estadísticas para premiarlo. 19 puntos, 15 rebotes (nada menos que 8 ofensivos) fueron las prestaciones ante los norteamericanos, que claramente decantaron su galardón. Izan, tras su paso por el Real Madrid, viene de la afamada academia estadounidense y teníamos verdadera curiosidad por verlo en directo nuevamente. Más fuerte, más rápido de pies en sus movimientos y mayor determinación en poste bajo, con buenos movimientos, apoyado en sus larguísimos brazos y su rapidez. En transiciones fue francamente bien y sabía perfectamente el truco de cuándo ser efectivo en el rebote ofensivo. En el defensivo, se nota la agresividad con la que ha convivido este año entre jugadores estadounidenses, porque lo cerraba con una gran fiereza y se tenía la absoluta seguridad que sería suyo. De ahí que lograse ser de largo el mejor en este apartado en la selección y el segundo de todo el Mundial.

Buenas manos y dominar a los pívots australianos en los momentos decisivos, también fue fundamental. Se sintió cómodo como “5” puro, que parece que es a lo que tiende, con Folgueiras a su lado. Su problema con los tiros libres (29,2% en total. 0 de 7 en la semifinal ante Francia) es notorio. Al igual que debe mejorar en sus continuaciones de bloqueo. No se mostraba con la contundencia que hacía otras cosas y debe hacerlo, plantarse delante del defensor a su compañero, para recibir. Tenía cierta costumbre de cogerle la espalda, no sabemos si esperando un futurible pase de “alley-oop” (en Europa no hay tanta mentalidad de ello) o para el posible rebote, con lo que ocultaba su presencia en estas situaciones. Pero creemos que sería más efectivo ofreciéndose al compañero. Tiempo y años tiene. NOTA: 8,5. 

David Barberá. Ala-pívot. 2,06 (Valencia Basket): 16 minutos ante Japón fue su mayor aportación. Ocho minutos en el resto de partidos no da lo suficiente como para evaluarlo. Pero sí, por ejemplo, nos dejó intuir que ha trabajado muy bien en movilidad respecto al Campeonato de España cadete en el que le vimos la pasada temporada. En Valencia, con él, van por el camino correcto. NOTA: sin calificar. 

Aday Mara. Pívot. 2,20 (Casademont Zaragoza): Para los clásicos de nuestro baloncesto, digamos que Aday Mara representa todo lo que soñó para el baloncesto español Antonio Díaz Miguel. El pívot de 2,20 de estatura, que sabe hacer absolutamente de todo, porque ha trabajado como para saber hacer de todo. El trabajo con su físico en los últimos 3 años ha sido encomiable, para llegar a ser lo que disfrutamos los aficionados españoles hoy día (y sigue trabajando). Tener 2,20 y mostrar la contundencia que ello conlleva. Saber resolver en uno contra uno en poste bajo, con ambas manos, con enorme suficiencia. Conoce el trabajo previo de ganar la posición muy notable, aunque en ocasiones, cuando sus compañeros no se atrevían a darle el balón por la complicación del pase, debía abrirse un poco más, donde ya perdía efectividad, lógicamente. Lo que nos maravilla por encima de muchas cosas, es su capacidad de pase. No hay ángulo en el que no se atreva a darlo, incluso pegado a la línea de fondo cuando está en poste bajo.

Es pura magia. Y domina el juego de tal forma, que no le importaba esperar el dos contra uno, porque tenía la paciencia y la habilidad de sacar igualmente el balón con un pase de calidad. Es portentosa esta capacidad que parece innata. Logró muy brillantes minutos en conjunción con Izan Almansa en situación de jugar entre los dos pívots, abriéndose él y dando el pase bajo el aro a su compañero. Ha sido el máximo anotador del equipo (12,6 puntos) siendo el séptimo jugador en minutos jugados (18). Desde el banquillo, por la lógica conveniencia en algunos partidos, se optó en la opción de jugar con un solo “5” y un ala-pívot y él fue el más sacrificado (demasiado sacrificio en ocasiones. Almansa fue el elegido, jugando 10 minutos más que él). Cuando los franceses nos dominaron el rebote ofensivo en el inicio de la semifinal, saltó él a pista, rompió esa hemorragia y se pudo empezar a correr, encontrando el equipo su identidad. Y en la final mostró dominio en su aro hasta con 5 tapones, jugando en algunos momentos ya exhausto, porque se le necesitaba. Mejorable, eso sí, su 55% en tiros libres. NOTA: 8,5. 

Hugo González. Alero. 1,93 (Real Madrid): Este alero de 16 años (los cumplió el 5 de febrero. Aún es jugador de categoría cadete) representó todo lo bueno que tuvo la Selección Española. Agresivo, rápido, convencido que ganaría cada partido y el rey de los contragolpes. Si tuviésemos que personalizar a nuestro Equipo Nacional, lo haríamos con su figura. Capacidad de liderazgo, su mentalidad en los contraataques es la de comerse el aro (ya lo vimos en la final) y su declaración de intenciones, que no contempla la derrota, es de lo más loable. Se nota que tiene un año menos que la mayoría de sus compañeros por el juego en estático, a la hora de atreverse a tomar ciertas decisiones que, con la experiencia, sabrá cuándo hacerlo, porque tiene claro en su cabeza el buen baloncesto. 9,3 puntos de promedio en 22 minutos de juego, está francamente bien. Ya logrará ser un buen tirador exterior (28% en triples), aunque con un tipo de sus capacidades, casi nos interesa más cómo es capaz de anotar de 2 puntos, sea en contragolpes como en estático. Por su mentalidad, se convirtió en el mejor defensor exterior de los españoles, sobre todo cuando tocaba subir líneas y cortar líneas de pase. Sus manos rápidas y su instinto para robar balones, son prodigiosos. Jugar y competir en el Real Madrid le hace saberse en la élite de nuestro baloncesto y no permite que nadie, venga de donde venga, lo mire por encima del hombro. NOTA: 8. 

Abel Delicado. Escolta. 1,96 (Real Madrid): 16 minutos ante Japón y en el resto de partidos, tan solo 11 minutos. Pocas oportunidades para valorarlo en su justa medida. Tiempo tendremos. NOTA: sin calificar. 

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