LOS PROTAGONISTAS DE LA FINAL DE LIGA ENDESA, UNO A UNO

BARÇA

Brandon Davies: Superado. En todo momento. En pocas ocasiones ha mostrado la valía que ha encandilado al Palau durante estos tres años. En pocas situaciones buscó hacer pupa a Tavares con tiros exteriores o aprovechar su rapidez para desarbolarlo. Muy escasa efectividad. Sus 6,8 puntos y su 57,9% en tiros libres son tan paupérrimos como la sensación de ver capturar rebotes a su alrededor y sin opción de contener al pívot caboverdiano en el resto de tareas. Parecía no estar muy convencido de estar disputando una final con la importancia que conlleva. Nota: 4.

Dante Exum: Fue el gran sacrificado en la rotación de Saras Jasikevicius. Para lo poco que pudo disfrutar en pista en su debut en el tercer partido de la serie a causa de sus rápidas 3 faltas, en el cuarto sí dio ritmo y verticalidad al equipo, como en pocas ocasiones había contado. Su acierto en triples en el último enfrentamiento (3 de 4), da que pensar que el dibujo con é quizás hubiese cambiado. A pesar de su buen hacer, por los pocos minutos disfrutados, su calificación no es más alta. Nota: 6.

Kyle Kuric: Ha estado fantástico. Y miren que él es de esa rara especie de tiradores que necesitan de confianza como combustible, atributo que no alimentó su entrenador relegándolo al banquillo en las semanas previas al Playoff mucho más tiempo del usual. Sin apenas existencia en cuartos ni en semifinales por decisión técnica, apareció en la final porque sus compañeros lo necesitaban, porque era el mejor tirador de las dos plantillas y porque había un deseo de reivindicación de quién fue y pretendía seguir siendo. Sus suspensiones, muchas de ellas complicadas y bien defendidas, fueron las agarraderas que tuvo su equipo en los momentos más complicados. De hecho, sus mayores anotaciones han sido en los encuentros que peor imagen ofreció el Barça, el primer y tercer choque. Segundo máximo anotador del equipo (10,5 puntos) y un 47% en triples demuestran su valía y efectividad, junto con el mensaje que necesitaba de alguien más que le acompañase junto a Mirotic, para plantar oposición al rival. Nota: 7.

Sektar Sanli: Nos quedamos con una pincelada de calidad en su pase desde poste bajo por detrás de la espalda al corte de Calathes. Asumimos que Sanli ha hecho un esfuerzo grande. Su tobillo maltrecho tras las semifinales ante la Penya le mantuvo fuera de la pista el primer día -y bien que se le echó de menos- y muy mermado el resto de encuentros. En defensa, por su poca movilidad y escasa capacidad de reacción a causa del esguince, junto a su afán de proteger el aro, iba creando un pasillo en la zona ideal para que hombres como Causeur, Hanga o Deck lo aprovecharan entrando a canasta en situaciones de pick&roll. En ataque, ante sus limitaciones, tampoco se aprovechó su muñeca (1 triple de dos intentos en toda la serie). Nota: 3.

Sergi Martínez: Ocho minutos jugados en toda la final, da para poca evaluación. Nota: Sin calificar.

Rolands Smits: Muy voluntarioso, pero quien ha sido uno de los jugadores clave en los Barça-Madrid en los últimos años, no ha estado a la altura de lo visto en los derbis de años atrás. Salió con la misión inicial de parar a Tavares, pero ni en defensa lo contuvo ni en ataque lo castigó. El extremo conocimiento de ambos equipos, los rigores tácticos a los que todos los jugadores se vieron sometidos, acabaron descentrando al letón. De hecho, puede ser el pívot azulgrana que más despistes tuvo en defensa por su mala colocación en ayudas y en rebotes (y más broncas se llevó de Saras). Incapaz de sacar nada positivo en la zona (5,8 puntos de promedio), nuestra pregunta es ¿por qué no se le usó más en el lanzamiento exterior? Básicamente, que los tres triples que intentó en toda la serie, los convirtió. Nota: 5.

Nigel Hayes: Tras unas buenas semifinales, Jasikevicius confiaba en él por lo que pudiese hacer tanto en ataque -con su juego abierto- como en defensa -ayudando en marcas interiores y en rebote-. Pero ni lo uno ni lo otro. Le ecuación con él en cancha no tuvo réditos y ya, en el segundo encuentro, tan solo disputó 4 minutos. Dos puntos y dos rebotes ha sido su aportación en los dos encuentros disputados, hasta que fue relevado por Exum cuando la final se trasladó a Madrid. Nota: 3.

Nico Laprovittola: Pues siendo uno de los puntales ofensivos de los azulgranas a lo largo de la temporada, es como si se le acabase la gasolina después del primer partido. En el pistoletazo de salida en el Palau, realizó un trabajo ímprobo, tiró del carro de sus compañeros, tuvo entradas muy meritorias ante Tavares de las que pocos se atrevían e intentó contagiar con su acierto a todos los demás. Y aunque fue predicar en el desierto, no desfallecía. 15 puntos, 6 de 9 en tiros de campo y la fe interiorizada que parecía faltarles a sus compañeros. Y ahí quedó. El resto de partidos, 5 de 16 en tiros de campo y 5,3 puntos de promedio, con escasa trascendencia en ataque sin encontrar en sus recursos romper la defensa rival y sin receta alguna para minimizar los ataques de los exteriores madridistas, más altos y fuertes. Nota: 5.

Alex Abrines: Calificar de intranscendente a Abrines, duele. Pero es así. Un problema con un tobillo el primer día, baja en el segundo y apenas usado en las siguientes entregas. Jugar 6 minutos de promedio en los partidos que disputó (3 puntos en total) es, para su desgracia, algo para no evaluar en el momento de la finalísima. Nota: Sin calificar.

Cory Higgins: Este fue uno de los grandes lamentos del aficionado al baloncesto, por no haberlo visto en sus máximos. Sobre el papel, mucha responsabilidad caería sobre él en esta finalísima y apenas convenció. Para Saras fue insustituible (de hecho, cuando no fue convocado en el Palau durante las semifinales, su equipo perdió ante el Joventut). Y si en los encuentros de Badalona estuvo notable, hay que reconocer que no llegó bien a la final. Hay que dar mérito a la defensa del Real Madrid que, con su estrategia de permanentes cambios defensivos, se buscaba detener entre otras cosas y como prioridad, sus letales suspensiones desde media distancia. Y funcionó, porque apenas las pudo ejecutar. 6 de 23 en tiros de campo en la figura líder en un buen puñado de partidos ante los blancos en ocasiones anteriores. Forzado a tirar de tres puntos en jugadas donde no suele hacerlo, nunca se encontró cómodo. Quizás la exigencia de jugar los partidos más comprometidos de la temporada, recién incorporado tras su lesión, le hizo gripar su motor en esta final. Nota: 5. 

Rokas Jokubaitis: Pues visto lo que han sido los azulgranas en esta final, ha sido otra de las caras más competitivas y agradecidas de cara al aficionado. Caso algo semejante al de Kuric, viviendo demasiados minutos en el banquillo en los últimos meses cuando previamente jugaba con regularidad y llegados al punto de esta final, ha cumplido más que bien, con minutos de calidad cada vez que saltaba a pista (casi 16 de media) y sobre todo, ofrecer garra saliendo desde el banquillo, ser incisivo entrando a canasta y anotando (5,8 puntos), con la frescura que a sus compañeros le faltaba. Nota: 6.

Nikola Mirotic: La estrella del equipo que lo intentó de mil maneras, pero no tuvo suficientes compañeros para este viaje. Y algo debió intuir cuando tuvo que forzar la máquina y ser más determinante de lo inicialmente pensado, en sus encuentros por Badalona durante las semifinales (18 y 20 puntos). Sus lecciones en poste bajo, cómo ganar la posición para recibir los pases bombeados (y miren que lo tenían estudiado los blancos), o los triples desde muy larga distancia cuando el equipo no respondía, fueron maravillosos intentos, aunque vanos. Flojeó en la segunda mitad del tercer envite como todos los demás, aunque eso sí, su segundo partido quedará como un bonito recuerdo para su parroquia como toda una exhibición (26 puntos y sus últimos 5, para ganarlo). Máximo anotador de la final (15,5 puntos, con un más que bueno 51,2% en tiros de campo), sufrió que los Davies, Laprovittola, Higgins o Abrines, sus compañeros habituales de anotación, estuviesen muy por debajo de lo mostrado a lo largo del año. Para el líder derrotado, la realidad siempre es muy cruel. Pero eso no resta un ápice de su valía ni rendimiento. Nota: 8.

Nick Calathes: Sobrio y efectivo como es él, pero sin marcar diferencias, su rendimiento nos supo a poco. Él, con su distribución de juego, solía marcar diferencias. Y aunque la maestría siempre queda patente (los pases a Mirotic son orfebrería, sobre todo lo milimétrico del movimiento del balón cuando el pívot tiene ganada la posición), pero no ha sabido romper ritmos ni su toque de estratega ha aflorado, sin encontrar la lucidez habitual como ha hecho durante gran parte de su carrera. El que haya sido el segundo máximo reboteador de su equipo (4,3 de media) habla bien de él, pero dice mucho de sus compañeros y los rechaces que caían en la zona. Nota: 6. 

Sarunas Jasikevicius: Qué difícil es evaluar la figura de un entrenador, sobre todo porque hay que intuir lo que buscaba y, finalmente, lo que se aplicaba. Hay que asumir que en los aciertos, todos cuentan y los errores, son culpa también de todos. Y algo de responsabilidad ha de tener cuando el equipo ha llegado en estas condiciones. Quizás la altísima exigencia que les somete a sus jugadores (que es la obligación de un entrenador, por otra parte) desde que se inició la temporada, provoque una fatiga mental que no supieron sacudirse. El cansancio y las lesiones, a todos afectan (y si hablamos de lesiones, más incluso al Real Madrid), pero ha que saber tratarlo y prever cuándo toca aflojar. Respecto a esta final, gustó que su defensa fuese mejorando desde el primer partido. Lo visto en el cuarto difería en una versión mejorada del choque inicial. Sin embargo, cuando obligaba al equipo a cambios automáticos permanentes para mantener la intensidad, la defensa se descolocaba de tal forma, que se dejaba desguarnecido el rebote de forma muy notoria. Hecho clave para el devenir de la serie. Y eso se solventó en pocos casos. En ataque, faltó frescura. De los pívots y su polivalencia, poco se sacó (excepto Mirotic) y no hubo apenas exteriores rompedores. Exum pudo ser uno de ellos, pero apenas jugó. Aunque no seremos nosotros quienes critiquen la elección de Hayes en los partidos 1 y 2. Entrenar y dirigir partidos es tomar decisiones. A veces se acierta y a veces no, forma parte del riesgo en el cargo. La sensación final era tener entre manos un equipo de élite bien trabajado, pero demasiado fatigado mentalmente como para cambiar ciertas directrices, que nunca vimos. Nota: 6.

REAL MADRID

Fabien Causeur: Ha estado fantástico. Por acierto anotador (12,3 puntos de promedio) y por lectura en los ataques. Cómo supo intuir las debilidades en la defensa rival y cuándo entrar a canasta por su izquierda, su lugar predilecto, para anotar bandejas que fueron definitorias. Desde sus primeras suspensiones abriendo esta serie, se vio que su muñeca estaba de dulce. Y si falló el triple ganador en el Palau en el segundo round, sí anotó la que sentenciaba esta final el último día. En defensa ha cumplido con notable, esforzado y siempre concentrado dando con su momento y lugar en los traps defensivos, atento a los pases y presionando a los bases rivales (8 balones recuperados). Aunque ha tenido actuaciones puntuales muy destacadas en liga regular, en conjunto, este ha sido el mejor momento de su temporada. Nota: 7.

Juan Núñez: Pues cuando salió, es porque se le necesitaba (casi 8 minutos el primer día). Y ante la responsabilidad del momento, cumplió. Robó balones de mucho mérito, aunque luego acabó perdiéndolos (algo totalmente lógico que todavía algo así le venga grande), pero tuvo pinceladas de lo que se nos viene, con su bandeja tras fintar pase, o esas asistencias que da de balonmano de un lado a otro de la pista, que van a las manos del compañero. Ni medio metro a un lado ni medio metro al otro lado. Van a las manos. Que ayudó también a conseguir este título, aunque sea en 12 minutos jugados en total, es decir mucho y bien. Nota: Sin calificar. 

Anthony Randolph: Ya es mala suerte. Su primera aparición en la final, con la merma que tenía su equipo de efectivos (solo 8 jugadores disputaron más de 10 minutos), cuando Tavares tenía en la banda pedido el cambio por él y en un mal gesto defensivo, su rodilla voló por los aires. Su mirada al banquillo desde el suelo, mientras la sujetaba con su mano, piadosa, casi pidiendo perdón a sus compañeros de no poder ayudar, intuyendo el destrozo que se había hecho, son de las que hielan la sangre y calan en el recuerdo. Mucha suerte en su recuperación. Nota: Sin calificar. 

Rudy Fernández: Otro que estuvo magnífico en defensa y aunque no muy acertado en el tiro, el pavor que provocaban sus constantes anticipaciones y robos de balón, fraguó cierta psicosis entre los azulgranas. Tener un 4 de 18 en tiros de campo sería para torcer el gesto. Sin embargo, viéndose medianamente bien físicamente, fue un espectáculo defensivo y clave en ello. Cuando se encontraba en la marca con un grande en poste bajo, aguantaba, aguantaba y en el bote en el que presuponía el de la arrancada del rival hacia el aro, ¡zas!, manotazo y se hacía con el esférico. Es un talento innato el que tiene ahí y lo ejecuta como nunca antes hemos visto en España. Cortar balones, cerrar espacios… todo un manual del buen arte atrás. A nivel mental, siempre pareció convencido que esta final no se les escapaba. Sus gestos y su hambre delataban con antelación que, este año, sería campeón de liga. Nota: 6,5.

Alberto Abalde: Llegaba muy tierno después de sus lesiones y bastante hizo. En el primer partido, lo más que pudo fue dar un minuto de descanso a sus compañeros, que bien lo necesitaban, para jugar 21 minutos más en el partido 2 y 3. Ayudó en lo que pudo, intentar estar a la altura defensiva de sus compañeros y eso sí, cuando tiró, lo hizo con acierto (4 de 8 en tiros de campo). Nota: 5. 

Adam Hanga: Si no hubiese sido por la sobresaliente actuación de Tavares, Hanga hubiese sido candidato al MVP de esta final. Impresionante su labor en su primera final liguera como madridista. Primero la enorme carga de minutos (casi 27 nada menos. 32 el primer día, ante la falta de efectivos) y luego, jugados a un ritmo y una intensidad frenética. El alero tuvo que volver a jugar como base por obligación, ante las bajas ya sabidas de Alocén, Williams Goss y Heurtel. Ningún director en el equipo (excepto el jovencísimo Núñez) y tener que cumplir como tal en dirección y mando, con lo que toda una final conlleva. Y lo hizo más que bien. En defensa estuvo sensacional, sabiendo aguantar a jugadores interiores en uno contra uno cuando tocaba “bailar” con ellos (cambiar así de asignación, para un entrenador es un lujo). Saltar a los cambios, tener frescura y concentración mental permanente y siempre ser honesto con su esfuerzo. Y luego en ataque, tras el desgaste defensivo, cumplió la tarea de acelerar el ritmo y correr, una de las claves si pretendían ganar esta final sin apenas tiro exterior.  Asumiendo que por su fuerza y corpulencia era difícilmente defendible en velocidad, entraba como un obús hacia el aro, con el convencimiento de qué tipo de falta le harían los rivales, en lugar de pensar cómo sortearles. Incansable. 10 puntos de media más 3,8 rebotes, con un 41% en tiros de campo, algo bajo de porcentaje porque en lo que adolecía todo el equipo, los triples, no estuvo muy fino (25%). Clave en el éxito blanco, en definitiva. Nota: 7,5.

Gabriel Deck: Otro de los baluartes clave para este título del Real Madrid. Todas las virtudes que han hecho los jugadores al equipo campeón, se concentraron en la persona del alero argentino. Agresivo y vertical como en sus mejores días, su carácter luchador, la raza que le pone a cada acción, se vio a cada entrada a canasta, a cada rebote disputado (que los hubo muy disputados) y una fe inquebrantable en conseguir la posesión que luchaba. Muchos de los balones sueltos (de esos llamados 50/50 de posibilidades) en los que andaba él envuelto, acababan en sus manos. 11,5 puntos de promedio, 40% en tiros de campo y 4,8 rebotes. Detectar cuándo la defensa azulgrana estaba ya descolocada tras el movimiento de balón previo y saber que era su momento para entrar a canasta, fue un tesoro para su entrenador. Porque como dijimos en los artículos de la final, cuando él arrancaba en bote tras varios pases previos, irse de su hombre significaba entrar hasta dentro de la canasta, porque la oposición que se encontraría a continuación, era insuficiente. Rocoso -y silencioso- en defensa, como siempre, hay que valorar su aportación reboteadora. Nota: 7.

Vincent Poirier: Menos protagonista que otros, igual de importante. Si no hubiese tenido Chus Mateo un referente reboteador en la zona en los descansos de Tavares, como ha sido el francés, quizás la lucha en los tableros hubiese tenido un tono diferente y las complicaciones se hubiesen multiplicado. Una muestra: de sus 20 rebotes (5 de promedio en poco más de 14 minutos de juego, nos parece sobresaliente), ¡13 fueron ofensivos! Pueden ahora interpretar numéricamente el quebradero de cabeza que supuso entre los azulgranas. 5,8 puntos de media completan una actuación de alguien que se hacía importante cada vez que saltaba a cancha. Nota: 6,5.

Walter Tavares: El MVP con todo el mérito, porque con su actuación, cambió todos los parámetros entre ambos equipos y puso la alfombra roja para que sus compañeros desfilasen sobre ella, luciendo todo lo que hicieran. Pocas veces vemos un jugador tan determinante, decantar tanto una final liguera. Estuvo inconmensurable todos y cada uno de los partidos, estadísticas al margen. Claro, que si la cosa para ser MVP era de hacer números también, regaló un cuarto encuentro de antología, con sus 25 puntos (9 de 11 en tiros de campo, 7 de 7 en tiros libres) y 13 rebotes (con 7 en ataque, nada menos). Para los amantes de la valoración, esto se traduce en 41 puntos en este apartado. Por suerte, no todo son números y bien que lo vimos en esta final. Inocular entre los rivales el convencimiento que, para anotar una canasta en la zona había que lograr mover la defensa en una jugada perfecta o realizar rectificados en el aire ante él casi imposibles, fue su mayor logro. La pintura fue su dominio y cuando se taponan 6 tiros, llegando a sitios imposibles, se crea una ecuación elevada a la enésima potencia de “tiros que no intento, aunque parezca que…” en la psiqué del adversario. Ese miedo significó tres cuartas partes de esta final. Salió fuera en cambios de marca, le tocó recuperar a gran velocidad… exigencias que cumplió con sobresaliente. 13,5 puntos de media, un 72% en tiros de campo, 6,2 rebotes y saber que con él en juego, se podía ganar sin necesidad de triples. Cuando las debilidades, no ya es que se minimicen, sino que ni tan siquiera cuentan, eso hace que un jugador sea decisivo. Nota: 9. 

Sergio Llull: Pues si el primer día no jugó porque no estuvo en condiciones, el segundo fue tanteado tan solo con 6 minutos en pista, no se esperaba mucho del recién incorporado Llull tras un problema muscular más en las semifinales ante Baskonia. Sin embargo, se sintió bien en los partidos de Madrid y como Rudy, tienen en su veteranía el sentimiento de ganadores muy desarrollado y empujaron a sus compañeros en esa mentalidad. Además, aportó 19 puntos entre los dos encuentros, dando un respiro a sus fatigados compañeros y un sello de identidad para salir victoriosos en los dos partidos de casa, que significaron el título. Alguna canasta en momentos complicados firmó, porque son parte de su ADN. Nota: 6.

Guerschon Yabusele: Otro jugador interior que, por su importancia, supo cumplir más allá de las expectativas. Estamos hablando del máximo reboteador de la final (8,3 de promedio) y sobre todo, que 15 rebotes ofensivos en los 4 enfrentamientos, son una auténtica barbaridad (3,8 de promedio, cuando el máximo reboteador ofensivo de Liga Endesa, Augusto Lima, cuenta con un promedio de 3,2). También es el jugador que más minutos ha jugado en este Playoff final de ambos equipos (más de 33 de media). A pesar de ciertos despistes puntuales protegiendo el aro cuando el guion exigía a Tavares salir de la zona, en defensa ha sabido cumplir con nota y en ataque, promediar 10 puntos con su carga de tiempo en cancha, está francamente bien. Más protagonismo del inicialmente previsto, pero es con lo que contaba Chus Mateo. Y si a la hora de la verdad, se exige y cumple, eso da un marchamo especial. Nota: 7,5. 

Jeff Taylor: Sus lágrimas durante la celebración, sentado en el pódium, tenían un significado muy profundo. Un título de liga conseguido tras 8 temporadas en el club, su mayor permanencia en cualquier equipo durante su carrera deportiva, era la rúbrica como despedida. Él lo sabía y ha vuelto a defender como siempre, concentrado como siempre y ha regalado un 4 de 6 en triples durante la final, más certero que nunca, algunos en momentos comprometidísimos. Ha sido, en sus algo más de 12 minutos de promedio en pista, un apoyo más que palpable entre los madridistas en este final de temporada, sobre todo cuando andaban tan desguarnecidos de jugadores exteriores. Todo un profesional. Nota: 6. 

Chus Mateo: Valga todos estos comentarios como una extensión del trabajo previo de Pablo Laso. Pero cuando le ha tocado liderar al grupo, lo ha hecho de auténtico lujo. El equipo estaba muy trabajado, no solo tácticamente, sino en el timing en el que tenía que hacer las cosas (en defensa se ha visto muy a las claras). Siempre agresivos en defensa y pacientes en ataque. Hay que tener las ideas muy claras para que, sin disponer de bases, asumiendo que apenas hay tiradores en el equipo, seguir una línea de juego convencido que ello dará el título. Y con su juego han demostrado y desmontado aquello que, sin triples no se gana, que el juego interior es más secundario o que los puntos en suspensiones cortas o media distancia, están en desuso. Pues todo ello más una defensa casi perfecta, manteniendo una línea de gran regularidad, es lo que hemos visto en el Real Madrid bajo sus órdenes. Que su papeleta no era nada fácil y siempre tuvo la cabeza fría como para ajustar situaciones, que vio cómo la defensa azulgrana iba encontrando respuestas poco a poco y saber dar un toque diferente, según el momento. Nos quitamos el sombrero ante él. Nota: 8. 

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