FINAL 2022: EL CERROJO DEL REAL MADRID A UNA GRAN TEMPORADA DE LIGA ENDESA (y 2ª parte)

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Pierre Oriola, Sektar Sanli y Alex Abrines mermados; Carlos Alocén, Nigel Williams Goss, tocados Sergio Llull y Abalde, la desgraciada rodilla de Anthony Randolph… han sido muchas bajas entre ambos equipos, con lo que y en según qué casos, había que dar un paso al frente. Si ya se es importante, pues más aún. Y ese fue el caso del MVP de la final. 

Walter Tavares, MVP

Es un hecho que desde Arvydas Sabonis en la final de 1994 o Pau Gasol en 2001, quizás ningún interior ha dominado una final de esta forma, siendo tan decisivo como para obsequiar a sus compañeros en un sobre lacrado con su sello, el título liguero. Obvien las estadísticas porque no reflejan la cantidad de ocasiones en las que el balón tuvo que salir de la zona, antes de tirar ante del bueno de Edy, que no había deseos entre los azulgranas de rifar un tiro al aire en el mejor de los casos, cuando no taponado. Si nos tuviésemos que quedar con algunos números del caboverdiano, apunten los del último encuentro, el primer match ball de la serie, con el compromiso de liderazgo que se había auto otorgado en estas eliminatorias finales: 25 puntos, 9 de 11 en tiros de campo, 7 de 7 en tiros libres, 13 rebotes (nada menos que 7 ofensivos) y 2 tapones en 30 minutos en 34 segundos.

Exacta y curiosamente los mismos minutos que en el match ball frente a Bitci Baskonia en semifinales, el choque de Vitoria -otra fantasía de exhibición- con 23 puntos, 8 de 13 en tiros de campo, 7 de 8 en tiros libres, 12 rebotes (5 ofensivos) y 3 tapones. A la hora de decidir, Tavares se convertía en el mayor baluarte. Cuando se está en ese estado de gracia, mejor dejadlo en pista, porque en estos dos choques, cumplió sus máximos de permanencia a lo largo de toda la temporada en Liga Endesa. Se puede explicar con su presencia, los 143 minutos de esta final en los que el Real Madrid mantuvo la delantera en el marcador, mientras que los azulgranas tan solo lo disfrutaron durante 15. 

Lo que hace el trabajo, de verdad, como para comprobar ante los cambios de asignación por exigencias tácticas, el tener que lidiar con jugadores pequeños y poseer las piernas y la rapidez para desplazarse. Qué mérito. Recordar aquellos primeros atisbos de proyecto de jugador interesante, precisamente frente el Real Madrid, en el enfrentamiento del Gran Canaria en la Copa del Rey de 2014 y ver este resultado… Y a diferencia de Sabonis, su rango de intimidación ha sido mucho más mayor. La zona, al completo, era territorio para él, siempre alerta y bien colocado en defensa. 

El liderazgo en el Barça

Junto al último partido de Tavares, la otra gran exhibición de esta final fue la de Nikola Mirotic y sus 26 puntos para ayudar al Barça con su liderazgo, a empatar la eliminatoria a 1, en un choque que se iba tintando de negro en la parroquia. Anotó 5 puntos finales primorosos. 9 de 14 en tiros de campo, 3 de 6 en triples y 7 rebotes fueron un salvoconducto al éxtasis de sus aficionados. 

Sin embargo, en los dos partidos de Madrid, su aportación quedó reducida a 9 y 14 puntos. Siguió ofreciendo su maestría aguantando la posición en poste bajo hasta que recibía y anotaba, pero su ayuda quedó más mermada. ¿Quién fue su lugarteniente? Aquí sí podemos enfangar nuestras manos en la masa, porque quizás los nombres que salen den una explicación de la irregularidad final en los azulgranas. Como aficionados al baloncesto, bien que lamentamos la baja forma de Cory Higgins. Sus 11,8 puntos de promedio en este Playoff, avalado por la canasta que decidió la eliminatoria de cuartos ante el Gran Canaria, daban pie a pensar que se había recuperado. Pero el desgaste de tantos partidos seguidos para alguien que ha tenido una exigencia alta tras su recuperación, le ha pasado factura. 5,3 puntos de promedio en esta final y, si en las dos entregas en el Palau jugaba 21 minutos, en los dos últimos de Madrid, se vio relegado a 12. Su 25% en tiros de campo muestra una incomodidad palpable ante la defensa del Real Madrid (sus posibles pares, sea Rudy, Taylor o Causeur, han realizado un excelso trabajo atrás). 

Y con la “desaparición” de Brandon Davies (6,8 puntos y 3,3 rebotes), tenemos que echar mano de dos exteriores, Kyle Kuric y Rokas Jokubaitis. De ser un titular o el primer relevo exterior en la rotación a lo largo del curso 21/22, a perder un enorme protagonismo. Tanto, que en el Playoff hasta el inicio de la final, no había anotado en ninguno de los 5 encuentros previos, excepto en el 3º de semifinales en el Olimpic ante el Joventut, donde estuvo brillante con 8 puntos cuando sus compañeros lo necesitaban. Sin apenas tirar (0 de 11 en el resto de encuentros), apartado por decisión técnica, del nombre que se había lbrado estas temporadas, su fidelidad con el acierto y honestidad en su trabajo se vio clara en esta final, con 10,5 puntos y un 50% en tiros de campo, la gran mayoría suspensiones francamente complicadas. 

De un caso parecido pudiéramos catalogar a Rokas Jokubaitis, que en algo más de 15 minutos por partido, supo ser agresivo y un baluarte en contragolpes, además de ser resolutivo en suspensiones a media distancia. Sus promedios no son fascinantes en esos 15 minutos (5,8 puntos), pero sí supo estar a la altura de las circunstancias. 

Y Dante Exum. Se le incluye en la plantilla del tercer encuentro que apenas disfrutó, por cargarse rapidísimente con 3 faltas personales. El cuarto ya fue otra historia, donde sí dio un notable resultado (13 puntos, con 3 de 4 en triples). En semifinales, tan solo fue testigo de un choque, prefiriendo Jasikevicius a Nigel Hayes para compensar el trío interior Tomic-Willis-Parra. Y en la final apostó por la misma filosofía, aunque el resultado ya no fue el mismo. Con Hayes o sin él, el rebote fue el mayor dolor de cabeza del entrenador lituano que cambió su dibujo con la apuesta de Exum, dando por hecho que no lo podría igualar e intentando que alguien pudiese correr con alegría, cambiar el ritmo de juego y tener más facilidad anotadora. 

Como se puede ver, de los jugadores importantes para acompañar a Mirotic, ni Davis ni Abrines (cierto que estaba tocado de un tobillo), Calathes con su solidez habitual (fue el máximo reboteador del equipo en la final), pero insuficiente, se quedaron terriblemente mermados los azulgranas. 

Lo que quizás pueda llamar más llama la atención es la superioridad física del Real Madrid, con menos argumentos sobre el papel inicial, viéndoles en el primer partido exhaustos los últimos minutos (y aguantando porque iban por delante en el electrónico) debido a sus pocos efectivos, pero una mayor convicción en que, tras el choque entre ambos de Final Four, el poderío -mental- estaba de su parte. Creyeron y se llevaron un título que hubiese resultado casi impensable meses antes. 

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