Drew Viney: Mes para olvidar en Valladolid

No, no será recordado con cariño alguno el paso de Drew Viney por Valladolid en lo que fue su única etapa en España. Apenas un mes mediada la temporada 2013-14 que terminó abruptamente cuando el jugador se marchó sin avisar después de haber completado varios partidos de escaso nivel. El club  terminaría bajando en una campaña para olvidar, protagonizada por un carrusel de jugadores que entraban y salían sin ton ni son. Viney fue uno de ellos. Fichó para sustituir a Akeem Wright, que a su vez había ocupado el puesto de Panagiotis Vasilopoulos. Por él llegaría Melvin Sanders, que tampoco concluiría la campaña. No es raro que el equipo terminase último con solo tres victorias tras 34 partidos.

El currículum previo de este ala-pívot (de entonces 25 años) y 2,02 de estatura tampoco es que quitase el hipo. En su época universitaria pasó de Oregon a Loyola Marymount, donde demostró buena capacidad anotadora (14,9 puntos en su año ‘senior’). Voló entonces (2012) brevemente a Polonia, donde solo jugó un partido con el Asseco Gdynia, y después al Orleans. Cuando recibió la llamada desde Valladolid llevaba unos meses buscando equipo.

En los cuatro partidos que disputó a orillas del Pisuerga no se le vio nada especial: 6,3 puntos y  3,5 rebotes en 21 minutos de media con un bajo porcentaje en tiros de campo (27,3%). ¿Fue un alivio que se marchase “sin dar explicaciones”, como dijo su entonces entrenador, Ricard Casas? Quizás, pero…

El  técnico explicó que Viney había cambiado “hasta de representante” y que fue el nuevo el que comunicó al club que el jugador rompía su contrato.  “No vamos a permitir que nadie llegue aquí buscando su interés personal por encima del interés del grupo, que es lo prioritario y, en este caso, Viney quería hacer las cosas que le interesaban y a su manera, una actitud que no tiene cabida aquí”, apuntó Casas, que añadió que el norteamericano había estado “disperso externamente e internamente desconcentrado”. La ‘rajada’ no paró ahí: “Las exigencias que se le han impuesto aquí le han superado, no ha tenido la mentalidad de equipo que necesitábamos y no ha demostrado nada”.

Con semejante precedente no fue raro que no haya vuelto a asomar la cabeza por el baloncesto español. Tampoco es que su carrera haya ido mucho más allá de aquello: volvió al Orleans para firmar números muy similares a los de su primera etapa allí (7,8+3,2), bajó un peldaño en Francia para jugar con el Fos (13+5,1) y concluyó su carrera, al menos en los registros oficiales, con dos temporadas en Japón con los Toyama Grouses (12+5, redondeando). En 2018 tenía 30 años y no, no le van a poner una estatua en el paseo de Zorrilla. Por lo que parece, vive en Angeles.