LA BENDITA ANORMALIDAD DEL PLAYOFF

Se resquebrajan guiones, se parte con teóricas ventajas para nada plasmadas, se saca pecho tras una buena posición en liga regular… y luego, ¿para qué? Los calores de los últimos días de mayo, presentan el Playoff ACB, que desbarata cualquier atisbo de normalidad. ¡Viva la bendita anormalidad del Playoff!

Y cuando hablamos de calores, casi hervideros, nos ceñimos al más simplista y al más amplio sentido de la palabra. Desde llegar dos horas antes al recinto y encontrarse con un calor sofocante “esto, lleno, será irrespirable” a la temperatura en alza en los últimos minutos del enfrentamiento. Si los historiadores de la NBA ponían el foco en la épica de en los termómetros de ciertos pabellones, aquí no seremos menos. Sufrir para ganar, entre camisas pegadas al cuerpo escondidas por chaquetas y uniformes de juego ya imposibles de despegar de la piel. Hablaba Joan Creus “y tras el calentamiento, tuvimos que cambiarnos todos los uniformes, porque ya estábamos empapados”. Era Manresa y la histórica final de 1998. Pues en 2022 se mantuvo ese “atrezzo” en el teatral escenario del Nou Congost para que, con el que parecía el último aliento, el Real Madrid lograse el pase de semifinales en Manresa, entre lágrimas por el adiós de Rafa Martínez.

¿Es normal que el jugador sin el ritmo físico pretendido tras una más que prolongada lesión, escocido porque tuvo cuota de protagonismo en Final Four de Euroliga y su cuerpo le dijo “aún no es el momento”, decidiera sobre la bocina una eliminatoria? En Gran Canaria Cory Higgins anotó una de sus suspensiones sobre la bocina (86-88), para que el Barça sentenciara en Las Palmas. Evitar una posterior bronca a su compañero Sergi Martínez de Saras y dejar en silencio a todo un recinto que estaba extasiado ante el arrebato de valentía de Dylan Ennis (¡qué triplazo para empatar la contienda!) es otro sello inequívoco que el Playoff es algo diferente. Pero hay mentes que parecen relojes, que fijan sus pasos, marcan sus tiempos… Y todo, con el silencio que dan sus mecanismos. Ellos entran en un mundo aparte, alejados de toda la pasión que les rodea para saber el dónde y el cuando de su meta. Y sentencian. Cory Higgins es de esos benditos que hacen que el silencio sea un punzante chillido para los demás. Así de bueno es. 

¿Y lo de Valencia? El factor cancha tan trabajado, elaborado jornada a jornada para que en tres rounds, ninguno de los dos contendientes sea capaz de aprovecharlo. Ninguno. Ni una sola vez. Bitci Baskonia fue el equipo que en el tercer enfrentamiento jugó cómo, tranquilo, viéndose superior ante un Valencia Basket que no supo superar la ansiedad en el último cuarto que le obligaba, por status y trayectoria en la 21/22, llegar a semifinales. 

5-23 fue el escalofriante parcial en el último cuarto. Valencia Basket lo empezó liderando 54-53. Cuando llevaban 1 de 11 en tiros (0 de 6 en triples), los baskonistas habían dado ya la vuelta al marcador (56-63). Restaban 04:11 para la finalización. Cuando llevaban 1 de 16 (0 de 7 en triples) y Joan Peñarroya pide tiempo a falta de 02:36 para el final, Simone Fontecchio había puesto casi la puntilla con una suspensión (58-69). Cuando el partido finalizó, 1 de 19 en tiros en este último cuarto (0 de 9 en triples), con una única canasta local en un balón suelto en la zona, que Xabi López Aróstegui logró levantar para anotar. Restaban 08:16 para el final. Visto con frialdad, es increíble solo pensarlo que pudo suceder. 

El mismo club que en un cara o cruz perdió cuatro días antes en su Fonteta. El mismo, que vio gracias a Jasiel Rivero (27 puntos y 9 de 12 en tiros de campo) alzar el grito a la esperanza y la vuelta a casa… que no pudo ser. Vencer a domicilio, vencer a domicilio… así repetido tres veces seguidas.

¿Dónde ven normalidad a un 54-21 al descanso en el primer partido de una eliminatoria, un 54-34 del equipo contrario en el segundo y ‘vuelta la rueda al molino’ en el tercer enfrentamiento con un ¡13-5! al final del primer cuarto y un 38-22 tras los primeros 20 minutos? Lo de anoche en Badalona fue la constatación que la tensión y las fuerzas similares de dos claros aspirantes a semifinales, pueden verse involucrados en raras fuerzas externas que dan visiones como el viaje interespacial de “2001: una odisea en el Olimpic”. Parecía otra dimensión por momentos, hasta que sentenciaron los verdinegros (81-58). 37 puntos de Kyle Wiltjer en el segundo partido son una locura solo con pensarlo. Y en el tercero, erraba y erraba, contagiándose del resto de compañeros que acumularon un 9 de 34 en triples del que no supieron sacudirse. Se oyó hasta una ‘canasta maldita’ y pedir a los jugadores de Lenovo Tenerife toda la intensidad defensiva posible, ante algo ilógico en ataque sobre un aro en particular, que contra eso no se podía luchar. 

Lo que sí ha demostrado el Joventut con la explosión de Andrés Feliz en estos dos últimos meses de temporada es, que el nivel físico en la línea exterior puede subir mucho, muchísimo. Y eso les equipara en aspiraciones con los grandes. Porque sí, con resultados en la mano vuelve a ser élite y sentirse por decreto semifinalistas, ese feeling que en gran parte de su historia han degustado, pero que desde el 2008 no rascaban. Que Joel Parra, Willis, Feliz… hay piernas frescas acompañando a las veteranas estrellas (Tomic, Ribas, Vives) que saben lo que es ser campeones. 

Es el Playoff, es el último grito y es la falta de cualquier hipótesis preconcebida. La anormalidad. Bendita ella. Y aún queda lo mejor.

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