EL MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: MoraBanc Andorra, amarrarse al difícil arte de ganar

Piensen en 46 segundos para la finalización de un partido, seis puntos por debajo en el marcador y tener que defender la posesión, que pertenece al contrario. Y creer aún en ganar por necesidad, por mera subsistencia. Repetimos: 46 segundos. Ya hay que creer, ya. 

El pasado lunes llegó Oscar Quintana a Andorra sustituyendo en el cargo de entrenador a David Eudal, con los nervios y las urgencias de un club que se ve abocado al descenso, horizonte que lleva sin presenciar más de un lustro hasta este ejercicio 21/22. La LEB Oro era una sombra muy alargada tras la derrota en casa ante Coosur Real Betis (76-93). En rueda de prensa posterior al partido, Eudal admite que aún queda tiempo para la salvación, pero no se ve capaz que en ese preciso momento que los jugadores le sigan y ofrece el cargo a la disposición de la directiva. 

Quintana, testigo de “los toros desde la barrera” como comentarista televisivo de Liga Endesa en los últimos años, con una radiografía quizás más nítida de la tarea que iba a abordar por haber tenido distancia, fue entrenador precisamente del actual director deportivo de MoraBanc Andorra, Francesc Solana. Y sabía que su conocimiento y sobre todo, su optimismo radiante, pudiera ser el camino a la salvación. Ya existe una reunión en Barcelona el domingo, al día siguiente del partido, entre ambos y el presidente, al que llegan a un acuerdo y el lunes se presenta en coche en las instalaciones junto a su nuevo ayudante, su viejo amigo Alberto Codeso, sobre las cinco y media de la tarde. El entrenamiento, por cierto, empezaba a las seis de la tarde. Enfundarse un chándal y tener la oportunidad de tomar el primer contacto con sus nuevos jugadores fue una sucesión continuada sin respiro. Poco más de una sesión de tiro el martes y … a la primera contienda ante el Buducnost en Eurocup

Y resultó que ganaron. Lo que algunos mostraban en redes sociales como una temeridad, de seguir aspirando en Europa, sucedió (74-64). A estas alturas de competición, cuando se tiene la soga al cuello en una de las competiciones (Liga Endesa) y se vive en Europa a base de partidas a una carta, cuando en -casi- mayo se vive más “de piel” que de cansancio físico, ganar siempre es lo más positivo. Cambiar una dinámica, insuflar esperanzas y acrecentar la fe de la que hablábamos en el primer párrafo. Ya no cuenta nada más. 

Y en el partido más dramático de la jornada de ACB, la pasada matinal de domingo, con los dos últimos clasificados en liza entre la carrera de cuadrigas de Ben Hur para dejar al otro en la estacada, MoraBanc Andorra llegó a perder por 14 puntos. Diferencia que, junto con una derrota más en la clasificación que el rival, Hereda San Pablo Burgos, pesaban en su conjunto como una losa. Día de no haber acierto en el tiro exterior (9 de 32 en triples, 28%) ni tampoco expertos hombres altos que sepan solventar en las cercanías del aro, que reducen la vereda a al esperanza en su máximo exponente. Ante esa tesitura, no hay más pócima que defender, hacer buena presión al balón y que los traps lleguen a tiempo. “Prefiero que nos piten falta por exceso de agresividad, pero no porque lleguemos tarde” reprendía el nuevo entrenador en un tiempo muerto.  

Es este ámbito defensivo donde más diferencias se ha notado respecto a la dinámica anterior del equipo, con especial foco a destacar en Oriol Paulí. Su omnipresencia, al margen de regalar un mate remontando línea de fondo espléndido,  hizo creer a los aficionados en la remontada del último cuarto (que iniciaron con 13 puntos de desventaja). Pero todos cumplieron y se presentaron, aun así, en la dramática situación de un balón en manos de Xavi Rabaseda con 46 segundos y 6 puntos por delante para Hereda San Pablo Burgos. Aunque las sensaciones eran distintas a las de ocho días antes, el drama se mascaba igualmente. Pero Rabaseda optó por no tirar de tres cuando se encontraba solo, sino aguantar unos segundos más, sin contar que el avispado de Miller-McIntyre interceptase su pase y anotase una fácil bandeja. Una posterior pérdida de balón al saque de fondo, que Paulí “ayudó” para que fuese así, más una canasta suya tras rebote ofensivo, dejaba el partido para que … Eddie se resbalase y apoyase el balón sobre línea de banda, para dejar una última posesión a falta de 6 segundos en los locales y dos puntos por debajo, con el poder de sentenciar. 

Yannick Franke se encargaba de sacar desde línea de banda tras el tiempo muerto, para desplazarse hasta la esquina contraria, a la espera de recibir en una clara suspensión. El nuevo jugador andorrano optó por la naturalidad de levantarse en el lugar donde capturó el balón y estaba encarado ya al aro. Daba igual que pisase la línea de tres -como era el caso- obviando, posiblemente de forma muy inteligente, buscar la artificiosidad de desplazarse unos centímetros atrás para un triple que sentenciaría. Aunque fuese de dos puntos, ver encestado ese tiro significó la explosión en las gradas de “La bombonera” y forzar así una prórroga donde ya no podían fallar. 

El 73-71 definitivo sacó todo los miedos y tensiones de los allí presentes en júbilo y en cambiar la cara. En el difícil arte de ganar, cuando las circunstancias son tan adversas, uno se aferra con la punta de los dedos como si les fuese la vida. Al menos, la deportiva, si pende de ello. Bajo las órdenes de Oscar Quintana han logrado 2 victorias consecutivas y sobre todo, un cambio de mentalidad y espantar cualquier nube pesimista. El futuro sigue sobre un caprichoso péndulo. Pero digamos que su metal brilla algo más ahora tras esta semana en Andorra.

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