RETRATO Nº 114: “Un regalo de Reyes llamado Henry Turner”

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 114: “Un regalo de Reyes llamado Henry Turner”

Temporada 91/92: J.31: Collado Villalba 87-71 Gran Canaria (14.03.92)

Vean la estampa de un tío capaz de volar siempre, en cualquier entrada, en cualquier acción. Incluso para lanzar en suspensión. Toda una máquina ofensiva del que siempre se le recordará por un partido. Hay leyendas que deben tener un día grande ante un grande. Una tarde heroica en un equipo de lo más modesto en la mejor versión de “David & Goliat”. Y ahí se presentó Henry Turner un 5 de enero. Un lunes en noche de Reyes para ofrecernos todo lo que, como aficionados al baloncesto, podíamos desear tener en forma de regalo. 52 puntos de su firma para que Collado Villalba, colista de la clasificación con 2 victorias tan solo y 19 derrotas acumuladas en la temporada 91/92, venciese aquella tarde al F.C. Barcelona (89-86).

Henry Turner pasó de puntillas en el inicio de nuestra liga. Las únicas noticias que llegaban desde el club de la sierra madrileña eran por sus problemas económicos. Jesús Gil abandonó el proyecto baloncestista del Atlético de Madrid en Villalba aquel verano del 91, tras un año tan solo de aventura, entre montones de caprichos y deudas. Y por tal motivo, a punto de desaparecer. Fue un hombre de baloncesto y ex directivo del Real Madrid, Pedro Antonio Martín Marín, quien hizo un último intento por reflotar el proyecto. Sin patrocinador, con contratos bajos y con dos americanos totalmente desconocidos, tenían la papeleta incluso de disputar la Copa Korac. Para colmo, uno de los extranjeros, Joe Wylie, se lesionó en la pretemporada y tuvo que ser sustituido temporalmente por Steve Wright, mucho más defensivo. Reapareció, volvió a lesionarse… por lo que al otro, Henry Turner, le tocaba anotar casi todos los puntos, en varias jornadas como único americano. Al final la cosa se solventó con la adquisición del ex campeón NBA, Mark Landsberger, un Kurt Rambis antes de Rambis en los Lakers. Un “machaca” de las zonas sin muchos puntos, en definitiva.

Hete que en el mes de noviembre se disputó el ya extinto All Star ACB, con su renombrado concurso de mates. “Casi nadie me conocía. Incluso llegué allí porque alguien se lesionó y, siendo el All Star en Madrid, digamos que les venía bien residir tan cerca. El concurso de mates sirvió para que la gente reparase en mí”. Y bien que lo hicimos, aunque los focos, desde su inicio, estaban puestos en otro. “Ganar a Kenny “Sky” Walker (ganador del concurso de mates en la NBA en 1989) lo pensé en alguna ocasión, pero necesitaba que fallase. Todo el mundo estaba con él”. Turner soltó el balón para que botara en el parquet y cogerlo en el aire para realizar un espectacular mate de espaldas… o eso parecía. En su lugar, de espaldas y sin soltarlo, lo golpeó contra el tablero en un lateral por encima del nivel del aro y con la inercia del rebote contra el cristal, girar su cuerpo y hundirlo. Todos nos quedamos atónitos y muchos, a decir verdad, tampoco entendieron lo que hizo. Era algo innovador, nunca visto ni tan siquiera en la NBA, que no fue puntuado como realmente merecía. Finalmente quedó segundo, pero su estampa se agrandó. 

Tras la fiesta, volver a la faena mientras que Collado Villalba perdía y perdía partidos. Eso sí, ya nos fijábamos en sus acciones. Un alero de casi dos metros -que con el tupé que peinaba, posiblemente sí llegaba-, enamorado del campo abierto, del uno contra uno eléctrico, saltarín, imaginativo en el aire entrando a canasta y con excelente muñeca para el tiro exterior. Obligado a jugar casi los 40 minutos (promedió 37), la fuerte defensa no estaba en sus obligaciones. En una época en la que las anotaciones descendían y los extranjeros superaban los 25 puntos en contadas ocasiones, volver al aroma casi añejo de los 70 y 80, de anotadores de tal porte, se agradecía. 

Y llegó el día del Barça. 26 puntos al descanso y, por obligación de faltas personales en su equipo, otros 26 en la 2ª mitad ya a tumba abierta (y agotado en los últimos minutos), pero tras conseguir empatar el encuentro a 81 y con casi 50 puntos, no estaba por la labor de perderlo. Exhausto pero inteligente, se dedicó a forzar falta. Y él marcó la diferencia entre los tiros libres suyos (7 de 7) y los del rival (8 de 12) en los últimos minutos para dar una inesperada alegría a los aficionados de la sierra. “Estoy realmente contento, pero más que por mi actuación, por la victoria. Además, los 52 puntos han sido televisados”, algo muy importante en los estadounidenses, con más cultura televisiva entonces. Las televisiones autonómicas se hicieron eco de aquel partido en la noche de Reyes (21 de 27 en tiros de campo, 3 de 6 en triples y un mate de 360 grados en contragolpe, solo, para cerrarlo con la bocina final) y fue un festín audiovisual. 

“No somos el equipo del año pasado y tampoco soy Walter Berry, que anotaba 35 puntos lanzando todo lo que le llegaba. A mí me gusta ser generoso, aunque los 52 puntos parezcan decir lo contrario. Eludir los playoffs de descenso, aunque lo tengamos realmente difícil, es mi meta”. No lo consiguió. 8 victorias y 26 derrotas y dos eliminatorias por la permanencia perdidas ante Unicaja Ronda y Gran Canaria, dieron los últimos ecos del Collado Villalba en ACB. Él, con 26,1 puntos en 37 minutos de promedio (49,6% en tiros de campo y 33,1% en triples), más 6,3 rebotes, no lo pudo evitar, pero sí se ganó todo nuestro respeto. 

A partir de entonces, junto con una oportunidad NBA en los Sacramento Kings, viajó por las mejores ligas y los equipos que lo adquirieron tuvieron que rascarse el bolsillo sobre una cotización que se acrecentaba, dando a Turner todas las libertades anotadoras: Panionios y Marousi griegos, Galatasaray y diferentes clubes italianos, Olimpia Milano incluido. Sus triples, sus entradas de cortar la respiración, su frescura en definitiva, dejaron poso en nuestro continente en la década de los 90. Para nosotros, nos guardamos tan solo un año en ACB, un concurso de mates y aquellos 52 gloriosos puntos de una heroicidad que parecía imposible de culminar. Y lo hizo. Por eso, nos quedamos con cara de tontos volviendo a apreciar esta fotografía. Evocando sus gestos circenses en el aire. Recordado como un regalo… de Reyes. ¡AHORA TE TOCA A TI!

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