MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: Nigel Hayes, letalidad tanto en distancias cortas como largas

Cuando pocos lo esperaban, en la prórroga apareció Nigel Hayes para sentenciar. Dos días después, intentando sacudirnos de conflictos y polémicas del último enfrentamiento Barça-Real Madrid, que ha habido bastante -que siempre ha habido y siempre habrá-, en Endesa Basket Lover nos fijamos en ‘el clásico’ para sacar nuestro momento y encontrar que el alero Nigel Hayes-Davis, protagonista de una amplísima rotación con la que cuenta Sarunas Jasikevicius, supo dar el paso adelante y encaminar al Barça a la victoria en la prórroga (108-97) en un verdadero partidazo.

Y lo del “paso adelante” es muy importante de recalcar, puesto que sin la aportación de Brandon Davies en todo el encuentro, sumado a la descalificación de Nikola Mirotic a falta de cuatro minutos para la conclusión, el juego interior quedaba con no mucho más que el turco Sanli, cuando el equipo entrenado por Pablo Laso propuso en esa faceta, su verdadero músculo y argumentos para ganar. Y fue Hayes-Davis quien se alzó entre todos, cargándose de motivación tras errar un triple en los últimos segundos del tiempo reglamentario -que hubiese sido decisivo-, para variar la balanza. 

Ya la muestra del “estoy aquí” al saltar a cancha tras la comentada descalificación de Mirotic, repartiendo una asistencia para la suspensión de Rolands Smits, marcaba una tendencia u que cayó en el parquet del Palau con todo su peso, en la prórroga. Cinco puntos consecutivos en forma de un triple nada más iniciarse más una canasta en poste bajo, que daban unos primeros parciales del tiempo extra favorable a los azulgranas, condujeron hacia el cierre del encuentro con un triple cuando el marcador señalaba un aún incierto 102-97, a ocho metros del aro delante de Yabusele. Driblar entre las piernas una, dos veces y levantarse en suspensión desde más allá de la línea, sin tan siquiera tomar en consideración la pegadísima mano del ala-pívot madridista, es un momento más que destacado para cerrar el partido, al modo y forma del especialista Kyle Kuric. Las gradas explotaron, el “game over” parecía notorio y su rito serio cambió viendo cómo los cielos se abrían ante una nueva victoria de los suyos. Provocada por él. 

Nigel Hayes-Davis  jugó un notabilísimo encuentro (16 puntos, 6 de 9 en tiros de campo, 2 de 3 en triples y 3 asistencias), asumiendo que, el rol que le había encomendado Saras era hacer daño desde el poste bajo. Y superó con canastas o forzando faltas a Taylor o a Abalde, jugadores más exteriores -de oficio- que nuestro protagonista, tipo con mentalidad más de ala-pívot y a causa de una forzada evolución de su carrera profesional, hubo de clarificarse como alero. En la universidad de Wisconsin era un tipo durísimo, disciplinado, cuyo aprendizaje pasaba por no cometer errores e ir sumando: a saber jugar sin balón, a encontrar el espacio donde hacer daño, a ser intenso y avasallador allá donde veía los defectos del par que le marcaba. Y todo callado, muy en silencio. Claro, su falta de tiro exterior le hizo que los Knicks le diesen oportunidades en ligas de verano y G League, pero nunca en la NBA. La metamorfosis ya comentada hacia jugador de buen tiro exterior tuvo cierto premio para que, al fin, Los Angeles Lakers le dieran la oportunidad de debutar en la NBA, con un contrato de 10 días. Pero ni podía reconvertirse en un consumado triplista ni, en la gran liga, vieron que a pesar de su enorme oficio interior, con su estatura no podría mantenerse. De este oficio salió lastrado el Real Madrid el pasado domingo. 

El remedio de mirar hacia Europa y ver en los ojos de un novel entrenador, Sarunas Jasikevicius, un ‘clic’ que ambos se entendían a modo de simbiosis. Tras una primera toma de contacto en Galatasaray con el Viejo Continente, Zalgiris Kaunas fue la plaza y lugar para asentarse, para entender lo que Saras pretendía de él, para darse cuenta que la polivalencia en los tiempos que corren, era el billete para cualquier “casino” en Euroliga. Él, junto con otro hombre interior más bajito incluso para tales lides, Zach LeDay, volvieron locos al juego interior de casi todos sus rivales en Euroliga. La pena que esa fue la temporada inacabada por la pandemia. Asumió que lo que Jasikevicius martilleaba por inculcar era la obligación a pensar permanentemente en pista, que no hay excusas para descansar en eso. Y por ello, el entrenador lo reclamó este pasado verano. 

Distancias cortas y poste bajo para aleros con menos oficio interior que él. Distancias algo más largas y aperturas más amplias cuando es un pívot quien les marca, como receta que también se aplicó Rolands Smits en el dibujo táctico del encuentro (sobre el daño del ala-pívot letón cada vez que se enfrenta al Real Madrid, es igualmente digno de estudio), pues anotó 18 puntos. Y el definitivo triple para resquebrajar el encuentro allá en horizontes lejanos del aro, quitando el hipo de cualquier fan en el Palau y anotándolo, finiquitando la contienda.

Nigel Hayes-Davis es un tipo peculiar, ruborizándose cuando en una rueda de prensa se le escapó un “¡tío, es preciosa!”, tras contestar a una reportera, sin saber que aún el micro lo tenía encendido. Decidido como para aconsejar a Tyler Herro (jugador local) no reclutar por Wisconsin por el enorme talento que él tenía, agrandando la leyenda que en el programa del college hay un ‘sanbenito’ de tipos duros y sacrificados por encima de talentosos. O presentarse con un cartel en el campus, en los aledaños del pabellón, que rezaba “atleta universitario arruinado. Alguna ayuda” en protesta a la nula remuneración económica de los deportistas en la NCAA. Pues ahora añadan en lo deportivo, ser una de las claves en el triunfo del Barça en un clásico ante el Real Madrid. Tranquilo. A lo suyo. En distancias cortas como largas. 

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