Jason Rowe: Un ‘jugón’ que solo ganó un partido de 18

El desastre que fue la temporada 2013-14 para el Club Baloncesto Valladolid lo expresa bien lo sucedido con Jason Rowe, que pasó de ser un fichaje lleno de esperanzas a acabar postergado sin cumplir íntegramente su contrato. Contundente es el dato de que de los 18 partidos que disputó el base norteamericano a orillas del Pisuerga, el equipo solamente ganó uno.

Se trataba de un jugador ya veterano (35 años), pero que por eso mismo podía ofrecer lo que estaba faltando. Base del estilo ‘Isaiah Thomas’ (1,78, pero gran movilidad y agresividad hacia el aro), cumplía el tópico de trotamundos que había ido de un lugar a otro ofreciendo sus servicios como base anotador. Tras licenciarse en Loyola (Maryland), en 2000 empezó una prolífica carrera europea en la que se incluyen Chipre, Israel, Polonia, Francia, Italia, Grecia, Turquía y Ucrania, teniendo que añadir además una experiencia en General Pico (Argentina) y otra en el Salé (Marruecos). Su momento de mayor gloria fue seguramente cuando, en su tercera temporada en el Hyeres-Toulon galo (2005-06), se proclamó máximo anotador de la máxima categoría.

A Valladolid llegó en la quinta jornada como sustituto de un base mucho más sobrio como Antonio Porta y fue presentado como un ‘jugón’ que iba a revolucionar la pista. Y algo así pareció suceder en principio. Tras dos primeros partidos bastante tibios, en el tercero anotó 23 puntos y capturó 6 rebotes (29 de valoración), siendo el jugador de la jornada (29 de valoración), aunque el equipo perdiese ante el UCAM Murcia.

Y es que la derrota fue su sino en España. Hasta su octavo partido no ganó (17 puntos frente al Obradoiro) y ya no volvería a hacerlo, distanciándose paulatinamente de su entrenador, Ricard Casas. Su protagonismo descendió de tal modo que en su última participación, en la jornada 22 frente al Barcelona, no fue titular ante el Barça y se fue sin anotar tras 11 minutos. Algo similar le había ocurrido dos semanas atrás ante el Baskonia.

Los problemas del club estaban probablemente detrás de todo ello. En la jornada 18 frente al Real Madrid había amenazado con no jugar si no se le ponía al día, aunque finalmente se le solucionó. La negociación para la rescisión era inevitable y llegó la ruptura a mediados de marzo. El Valladolid había ya fichado a Pepe Pozas para su posición y, prácticamente descendido, no tenía sentido mantener a alguien que estaba tan a disgusto. Se marchó con unos promedios de 8,4 puntos y 3,6 asistencias en 24 minutos.

Solo jugaría un año más como profesional, en la NM1 (tercera división francesa) con el Chartres Metropole francés, donde mantuvo su tono de buen anotador, aunque confirmando que la puerta de las grandes ligas ya se había cerrado para él.

Rowe ha seguido en el baloncesto en los banquillos. La pasada temporada dirigía a un equipo de ‘high school’, Bishop Timon-St. Jude, en su Buffalo (Nueva York) natal. “Hago lo que amo y, si no lo disfruto, no lo hago. Me encanta entrenar y lo hago. Soy feliz como entrenador”, dice en una entrevista de hace unos meses, en la que también hablaba de su trayectoria ‘overseas’. “Once países. Tuve una gran carrera y fui afortunado de viajar por el mundo. No me arrepiento de nada. Es una bendición, una gran época”, resume. Le quedó la espina clavada de la NBA, pero una espina relativa: “tuve un par de pruebas con Washington y Cleveland y no las superé, pero jugué profesionalmente durante 15 años. No hay mucha gente que pueda decirlo, así es que me siento bien con ello”.

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