RETRATO Nº 112: Perasovic en Lugo, un Musa antes de Musa

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 112: Perasovic en Lugo, un Musa antes de Musa

Liga ACB 92/93: Real Madrid 105-103 DYC Breogán (24.09.92)

Siempre llegaba con sordina y siempre era el mejor en sus equipos. No solo eso, sino que se convertía en su máximo anotador y, como en el caso de Breogán, en el líder en anotación de la Liga ACB. Hoy todos vibramos con Dzanan Musa, élite europea que, por diferentes motivos, aterrizó en Lugo. También fue el caso de Velimir Perasovic, toda una estrella europea que, según cuenta Miguel Álvarez en ‘La Voz de Galicia’, el mismísimo Drazen Petrovic, en el verano del 92, se acercó a Ricardo Hevia, entrenador del DYC Breogán y le confesó “habéis fichado al mejor escolta de Europa”. 

Hay que sumergirnos hasta 1992. Hasta, concretamente, el polémico verano de 1992. Todo brillaba con los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero todo en España, también tuvo su reverso tenebroso con la huelga de jugadores de la Selección Española a dos semanas de la cita olímpica, por apoyo con la Asociación de Jugadores (ABP) en su “no al tercer extranjero”. La ACB intentando incorporarlo, con un fuerte conflicto con la FEB y la ABP, cuyas negociaciones se rompían una y otra vez. Hasta las vísperas de la liga no se tomó, casi a las bravas, el dictamen de que jugarían los tres libremente, sin extrañas fórmulas de tres extranjeros “pero solo dos en pista” y experimentos semejantes. 

Los clubes, cuya mentalidad en sus directivas era de dos extranjeros (algunos de ellos a la fuerza, puesto que continuaban tras firmar contratos anteriores de larga duración), ficharon al tercer extranjero como un extra que pudiera ayudar, un refuerzo con las pesetas que les sobraba. No era una filosofía de “tenemos tanto dinero para tres” sino que, con el sobrante de los dos elegidos inicialmente, se fichaba alguien más. Esto lo pudimos ver a las claras en la figura de uno de los vecinos de los breoganistas, el OAR Ferrol, donde el tercero en discordia, un tirador americano procedente de Kentucky, John Pelphrey, disputó tan solo 17 encuentros de liga, con poco más de 14 minutos de media y 7,1 puntos. Incluso el campeón, el Joventut, tuvo primero a Joe Kopicki y luego Chris Jent como ese extra que pudiera ayudar. Un añadido. Y por tal motivo, Velimir Perasovic, ante el brillo que irradiaba en Lugo el archiconocido Claude Riley, en su tercera temporada ya en la ciudad, vino casi de puntillas. 

Perasovic las había visto de todos los colores en la Jugoplastika Split. Antes de la eclosión de los Kukoc y Radja, antes de la llegada de Dusko Ivanovic desde Buducnost, el joven Perasovic se erigía como el máximo exponente ofensivo del equipo de Split, por delante incluso de la veteranía del futuro ilustre scout NBA, Ivica Dukan. Su importancia quedó relegada ante el impacto de todos ellos y Boza Maljkovic le exigía puntos desde el banquillo ante la profundidad de plantilla con la que contaba y esfuerzo defensivo (que, tras sus años en España, suena hasta paradójico). Con la marcha prácticamente de toda aquella “plana mayor de mando” conforme encontraban suculentos contratos en Europa (Radja, en Roma; Kukoc, en Treviso; Ivanovic, en Girona; Sobin, en Salónica o Savic en el Barça), Split, llamado Slobodna Dalmacija en la temporada 91/92, siendo vigente campeón de Europa por tercer año consecutivo, pero totalmente desguarnecida, compitió con lo justito. Sus únicos exponentes eran Perasovic, un jovencísimo Zan Tabak, Aramis Naglic o Vladan Alanovic

Quizás algunos no lo recuerden, pero junto al “Partizán de Fuenlabrada”, a causa del conflicto bélico en los Balcanes, la Cibona Zagreb tuvo que refugiarse como local para los partidos de Liga Europea, en la población gaditana de Puerto Real y los de Split, en A Coruña. Y allí que se plantaron los lucenses, liderados por Ricardo Hevia “un par de veces” según el artículo de Miguel Álvarez, para ver baloncesto de élite continental. “Enseguida me llamó la atención lo bueno que era”. ¿Eran tan bueno Velimir Perasovic?

Lo era. Un jugador estudioso del baloncesto, de cada uno de sus gestos, forjado en las exigencias y mentalidad de la antigua Yugoslavia, de ser mejor que nadie, entrenando más que nadie. Sin tener un físico privilegiado, este escolta de 1,96 de estatura era una tortura para cualquier defensor. Previo recibir el balón, era capaz de aprovechar bloqueos ajustados a su compañero sin dar resquicio alguno al rival, en un baloncesto donde el concepto de las ayudas, aún estaba más yermo que en la actualidad. Se le intuía y así evidenciaba ese paso más en técnica individual balcánica por encima del baloncesto occidental europeo que existía entonces. El uso de sus pies estaba más que medido y mecanizado. Y cuando recibía, era de los jugadores que más claro tenía dentro de la ACB de este concepto más moderno del uso del pick&roll. Enseñaba a sus hombres altos cómo moverse y hacía dónde debían ir para que él tuviese un tiro óptimo o una buena línea de pase para darles el balón. Tirador de suspensión a media distancia más que la larga distancia, sus fintas de tiro eran de manual, fotograma a fotograma, su uno o dos botes posteriores y cómo se levantaba en suspensión, buscando el momento en el que pudiera sorprender a la defensa. Todo, junto a su excelente visión de juego y estudio del movimiento de los nueve protagonistas restantes en pista, era un bocado de cardenal para el aficionado. 

“Estamos a favor de jugadores del estilo de Velimir, que aportan otro tipo de espectacularidad y que pueden dar otro tipo de dimensión a la liga, al margen de lo que pueda enseñar a nuestros nacionales” confesaba el gerente entonces del club, Víctor Varela. Y es que era cierto que, con la llegada del tercer extranjero se abría una nueva dimensión en jugadores foráneos de posiciones exteriores, más bases y escoltas, impensable con los dos permitidos en aquel momento, que solían acaparar las posiciones interiores. Y también sirvieron para abaratar el mercado cuando la crisis económica era ya galopante. Piensen que con la normativa de dos extranjeros, el valor de los buenos nacionales se multiplicaba, porque eran quienes marcaban la diferencia y ante una enorme inflación que vivió nuestra competición con la llegada de los 90, los precios de los mejores españoles se dispararon. Breogán prescindió del mejor jugador nacional de su historia, Manel Sánchez, dando la bienvenida a nuestro protagonista. 

24,5 puntos promedió en su temporada 92/93 en Lugo, con un 53,3% en tiros de campo y 38,3% en triples. Que, aun no siendo alguien que se prodigase especialmente en el triple (3 de cada 10 intentos a canasta tan solo eran triples), fue suficiente como para que participase en el concurso de triples en el All Star ACB disputado en Madrid. Números, obviamente, asumiendo que tenía que “dar de comer” a los pívots Claude Riley (21,2 puntos de promedio) y Tim Burroughs (15,4 puntos), que suplió al poco de iniciarse la competición a un poco anotador Ken Critton

Los breoganistas acabaron la liga en 17ª posición (sobre 22 equipos), a dos victorias del descenso, que eludieron cómodamente. Aquel jugador que, desde un torneo internacional a principios de verano en Palma de Mallorca, se puso loco de contento cuando su agente le confesó que un club español desde Lugo estaba más que interesado en sus servicios, llegó a ser el máximo anotador ACB y dejar marca y huella en el recién estrenado pabellón que, al día de hoy, vibra y venera al club de sus amores. 

Perasovic no siguió “porque no se quiso” según confesó Ricardo Hevia al redactor Miguel Álvarez. No sabemos si el influjo por un nuevo producto balcánico, el bosnio Sabahudin Bilalovic, que entusiasmó en el Eurobasket del verano de 1993, posteriormente fichado o por querer cambiar la fisonomía de la plantilla, permitieron dejar ir a “Peras” y Manel Comas, conocedor de su calidad, forjó alrededor de él los éxitos ofensivos de su Taugrés

Para los devotos de Lugo, ahora nos tenéis que contar vuestros recuerdos de aquel glorioso curso con esta leyenda -que meses antes había disputado la final olímpica de Barcelona’92 con la selección de Croacia-, todo un icono en la historia de la ACB. ¡AHORA TE TOCA A TI! 

 

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