DIOSES CAÍDOS EN LA COPA

Tapados con la toalla. Entre truenos retumbando en sus cabezas poco visibles, intentan ocultar lágrimas de impotencia, mientras ven a su rival de reojo levantar el trofeo de campeón. Minutos antes, parecían imbatibles, volaban por encima del resto, con el logo de súper héroes asomando bajo sus uniformes. Nos emocionaron por momentos, siendo capaces de arrastrar a los suyos a lo que parecía una misión imposible. Y se quedaron en la orilla. Por ello, aunque sea por pura empatía, tales lágrimas nos pellizcan el alma. 

Andrés Nocioni vio al F.C. Barcelona levantar el trofeo de campeón en la edición de Copa del Rey Valencia 2003. Él, que había hecho lo imposible por llevar a Tau Cerámica a lo más alto, en un particular “tormento y éxtasis” durante 45 minutos de juego, forzando en La Fonteta hasta la prórroga, no se podía permitir llorar.

También la Copa del Rey ha dado esta deslumbrante cara plagada de sombras. Dioses en tres jornadas, caídos al final. Aun arrodillados en estéril arena, su estampa es tan impresionante, que da por pensar que al rival le queda el consuelo de ser el campeón. En Endesa Basket Lover haremos un repaso de tres casos a lo largo de la historia de la Copa que, para estos héroes vencidos, quedará un recuerdo para la eternidad. 

ANDRÉS NOCIONI (Tau Cerámica) COPA DEL REY VALENCIA 2003

Comenzó siempre como el alero titular elegido por Dusko Ivanovic, pero acabó jugando más minutos como improvisado ala-pívot por exigencias del guion. Tuvo que hacer de todo y en todo lució. Tau Cerámica -vigente campeón de Copa entonces- llegó con lo puesto a Valencia y no contaba en ninguna quiniela. ¿Cómo iba a hacerlo? Para esta edición de Copa del 20 al 23 de febrero, el pívot de siete pies, Rashard Griffith, operado de un pie, seguía causando baja. Hanno Mottola había colmado la paciencia de Dusko y fue cortado fechas antes para dar la bienvenida al francés Thierry Gadou

Elmer Bennett aún andaba con muchos miramientos su pie, tras la cirugía sobre un tendón de Aquiles roto, la lesión más grave de su carrera, de la que acababa de recuperarse y para colmo, el otro base, José Manuel Calderón, a ocho días del inicio copero, sufrió una rotura de fibras en su bíceps femoral que lo tendría apartado un mes de las canchas, anulando cualquier posibilidad de Copa. Inyectarle su propio plasma sanguíneo en la zona afectada como tratamiento inmediato, supuso un remedio milagroso que, tras probarle un día antes del inicio de Copa, parecía que funcionaba. “Cuando un jugador recibe el alta médica, lo exijo jugar a tope”. Sí, ya intuíamos que Ivanovic, lo que se dice remilgos, no iba a tener. Resultó tan dramática la plaga de lesiones, que en el mes de enero, los baskonistas pidieron aplazar su partido de la jornada, puesto que contaban con hasta 7 bajas. Sea como fuere, con Luis Scola, que tan solo tenía como compañeros interiores al mencionado Gadou y al ala-pívot Lewis Sims, más los problemas en la dirección comentados, tiraron adelante. Y sucedió la explosión de Andrés Nocioni.

Se marcó un inicio con tres triples consecutivos, para tener que remangarse con posterioridad y hacer daño en la zona: 19 puntos y 8 rebotes ante Adecco Estudiantes, que llegaban como un tiro a la Copa (pensad que este mismo plantel se presentó en la mismísima final de liga a la temporada siguiente). El poderío interior colegial obligó a multiplicar esfuerzos en los alaveses, que vencieron (81-74) y lograron el pase a semifinales. Dos días después, esperaban los anfitriones y Tomasevic-Oberto-Hopkins como trío interior. 

Nocioni, por acumulación de faltas, no apareció en pista desde el minuto 13 al 33. Ese día quien sostuvo al equipo fue Thierry Gadou, aunque al final se tiró de los de siempre, auténticos ganadores en pista. En un choque feo en ataque, donde Tau Cerámica tan solo anotó 7 puntos en el último cuarto, tocaron la gloria por una defensa interior perfecta que cegó a Pamesa Valencia (el “torito” Palladino recuperó hasta 8 balones). El marcador final lo dice todo: 56-51. La perfección de ayudas y dos contra uno en la zona de los baskonistas, formaban una sincronía embaucadora. El primerísimo plano de las lágrimas resbalando por las mejillas en el rostro de la pareja de Fabricio Oberto en la grada, abrieron el informativo regional al día siguiente.

Y la final fue increíble. Comenzar con un 8-23 de arranque ante Jasikevicius-Navarro-Bodiroga-Fucka-Dueñas era algo lógico y como el epílogo del cuento -antes de lo pensado- para los hombres de Ivanovic. Pero volvieron a ser fe de nuevo, personificado en nuestro protagonista que, ante un día aciago en ataque (3 de 13 en tiros de campo), tocaba multiplicarse y estar en todas partes (10 rebotes) y esperar que los 5 de 9 en triples de Elmer Bennett fueran igualando. Se pusieron por delante al fin, en el minuto 35 (58-57), apretando en ritmo hasta frenetizarlo. Hasta lo inaguantable. Pues aguantaron y se elevaron hasta forzar la prórroga (69-69). En ella, tanto Saras Jasikevicius como Roberto Dueñas (14 de los 15 puntos en la prórroga fueron entre ambos) sentenciaron para el Barça (78-84), con un rival exhausto que, con sus escasos efectivos muy maltrechos, fijaron la atención de los aficionados. Andrés Nocioni recopiló el alma y la esperanza de Tau Cerámica y toda la ciudad de Vitoria en su mirada, su prodigio en el juego y el desencanto final. Jerry West, general manager de Memphis Grizzlies entonces, presente en la Copa, tuvo en el argentino el primer nombre apuntado. Tal chaval no podía pasar desapercibido.

JUAN ANTONIO ORENGA (Estudiantes Caja Postal) COPA DEL REY ZARAGOZA 1991

Era la búsqueda de la reafirmación esta edición de Copa del Rey a disputarse en Zaragoza. El Barça estaba irregular y necesitaba crédito, lo del Real Madrid y su búsqueda de brújula y orden, rozaba lo chirriante, el Montigalá Joventut de Lolo Sáinz sonaba a querer ganarlo todo y el CAI Zaragoza, vigente campeón… El CAI contaba con Kevin Magee de nuevo. Y Magee y Copa del Rey era un binomio que siempre sonó bien. Que sí, que los de Estudiantes eran los chavales descarados que liderados por el sabio John Pinone, daban vidilla. Pero nadie pudiera asumir que estos críos…

Pues en cuartos de final, la primera machada. Zaragoza, los anfitriones y vigentes campeones. Todo estaba preparado. Y sí, Rickie Winslow, todo un fenómeno, se fue a los 26 puntos. Pero los focos no fueron ni para Pinone ni Herreros ni Azofra. Juan Antonio Orenga tuvo la ingrata labor de la defensa sobre Kevin Magee, auténtico rey de la cita. Pues se quedó en 8 pírricos puntos y 2 de 10 en tiros de campo. Inoperante el mito de los maños, los colegiales se llevaron el triunfo con un 76-70 mucho menos ajustado de lo que resulta el marcador. En semifinales, el Joventut se impacientaba por llegar a la final. Y otro gran referente, el tantos años estrella en Italia, el pívot Corny Thompson, debutaba en la ACB y era Copa era el primer puntal. Pues ante la inoperancia de sus compañeros, Corny forzó tiros sin mucho acierto (6 de 16 en tiros de campo), porque tras un brillante arranque verdinegro, se quedaron sin ideas y sin referentes, mientras que en Estudiantes, Winslow de nuevo (25 puntos) y los cuatro triples casi consecutivos de José Miguel Antúnez, dejaron sentenciado el marcador en el minuto 28 (65-44). 

Los de Lolo Sainz lo intentaron por arranques de orgullo, pero sin brújula. Orenga (9 puntos, 12 rebotes) mantuvo a Thompson en el desespero y el 81-71 final daba la primera final de Copa a Estudiantes tras muchísimos años y, lo que era más curioso, sin que en ninguno de los choques se llegase a la igualdad en el electrónico. Y en la final, quedaba el mayor icono interior de nuestra competición: Audie Norris dominaba la ACB con claridad y sus rivales buscaban el anti-Norris, dejando claro sobre qué punto giraba el signo de nuestra competición. Al F.C. Barcelona, tras vencer en semifinales de forma agónica al Real Madrid, les restaba un paso para adjudicarse un nuevo título. 

Sin embargo, cuando vieron el 46-34 adverso en los primeros minutos de la segunda parte, pensarían que eran colegiales quienes se pudieran permitor soñar con ser campeones. Y Juan Antonio Orenga, nuevamente majestuoso en defensa, desmontaba las teorías de Norris, con un 3 de 11 en tiros de campo y ya más pendiente de los árbitros que del juego. El castellonense, impasible ante cualquier polémica, torturaba atrás jugaba tras jugada y seguía a lo suyo, dejando a Winslow la tarea de anotar (27 puntos. Enorme Copa la suya). El problema que el Barça igualó la contienda y entre los veteranos y un más que sobresaliente junior José Luis Galilea, con unos minutos extraordinarios (la culminación de toda la confianza depositada por su entrenador, Bozidar Maljkovic)se pusieron por delante y manejaron tal escenario hasta el final. Y miren que el trofeo estuvo a un triple de Alberto Herreros, abierto, que no entró, para cambiar la final de rumbo en la última posesión. Pero con su fallo, el definitivo 65-67 quedó para la posteridad y el título también, para el F.C. Barcelona. Los jóvenes estudiantilies entendieron que el lenguaje de jugar finales tenía otros matices y bien que lo aprendieron como asignatura para el año siguiente. 

Juan Antonio Orenga fue el MVP. Y como pueden comprobar, sus números no fueron nada descollantes. Sin embargo, su aportación quedó grabada en la anotación de los demás, anulando cuantas estrellas ligueras se encontró a su paso. Que también cuenta y mucho.

RUDY FERNÁNDEZ (DKV Joventut) COPA DEL REY SEVILLA 2004

Stuttgart, verano del 2002. Una Selección Española junior, con malos resultados, se jugaba el alcanzar la última plaza en los cuartos de final del Eurobasket de la categoría ante Francia, en la jornada de cierre de la liguilla. Entre los nervios de unos y otros, de repente el base titular, José María Guzmán, del Joventut, entre tanta incertidumbre, soltó un pase bombeado para que su compañero de equipo, Rudy Fernández, fuera remontando línea de fondo, saltara y cogiera el balón en el aire, alto, muy alto, e hiciese en el “alley-oop” un mate de espaldas. Los aplausos en el pequeño pabellón de Ludwigsburg se hicieron notar a los pocos segundos de los “ooooh” de admiración en un ambiente más que frío a lo largo de las cinco jornadas. En mitad de la tensión del momento, que dos críos, de 18 y 17 años respectivamente, llegaran a crear tal instante de belleza, justificaba muchas cosas en baloncesto. 

Sevilla, que acogió la Copa del Rey de 2004, volvió a ver un MVP en el equipo derrotado en la final. Tau Cerámica derribó todos los obstáculos en su camino, proclamándose campeón, pero el DKV Joventut badalonés recuperó esa académicamente perfecta forma de ejecutar el baloncesto que mantienen como sello. Y fueron liderados en todo momento por un chaval que aún contaba con 18 años. Las cosas de Aíto García Reneses, que había vuelto al banquillo de Badalona para hacer florecer regalos como los del escolta Rudy Fernández, un prodigio de técnica y potencia que brindó uno de los momentos para la historia, con el mate que vemos en la fotografía: aquello que unos pocos privilegiados vieron en Stuttgart, de las manos de su amigo, el base José María Guzmán, lo repitió en las semifinales ante el F.C. Barcelona. Y como no quedó claro, puesto que ese encuentro no fue emitido por TVE, decidieron que en la final, ante todos los focos, era el mejor momento para elevarlo a la posteridad. La fotografía del momento, perfectamente tomada por el fotógrafo de GIGANTES, Carlos Candel, es la prueba de un trocito de historia visto en el municipal San Pablo.  

Cuenta la familia que el Rudy bebé, que aún gateaba, se posó y se ayudó sobre un balón de baloncesto la primera vez que se incorporó sobre sus dos piernas y echó a andar sus primeros y cortos pasos hasta caer sentado en el suelo tras la efímera imagen. Que el influjo de aquella enormidad esférica que siempre había rodeado a la familia fue enorme. “Vosotros estábais como yo aquel día” confesaba el entonces seleccionador español, Moncho López, durante la celebración de esta Copa del Rey, interlocutando con el periodista de GIGANTES, Quique Peinado, sobre la exhibición del último Campeonato de España junior disputado en Menorca, donde Rudy fue capaz de transformar 7 triples en un cuarto. “Yo no había visto nada igual en mi vida”. El caso es que la estampa de Rudy Fernández fue superior a la de cualquiera durante esta Copa sevillana. Un crío que, desde edad infantil, tuvo ya ofertas de Pamesa Valencia primero y de Baskonia después, pero que los padres se decidieron por la Penya, a la que ya conocían de sus años en categorías inferiores.

En cuartos de final ante Ricoh Manresa, Rudy fue secado por Jesús Cilla en los primeros minutos, en un choque disputadísimo que hubo que decidirse en la prórroga, pero que nuestro protagonista sentenció con dos canastas en el tiempo extra, para teñir la victoria de verdinegra (90-87). En las semifinales ante el F.C. Barcelona, Aíto contemplaba serio, ahogando su satisfacción, la sinfonía de sus jugadores en el inicio del enfrentamiento (25-8 al final del primer cuarto). El enorme problema que supuso días antes para el club, tener que suplir por lesión a su máximo anotador y reboteador, Jamie Arnold (18,1 puntos y 7,5 rebotes) por una fascitis plantar (eligieron al trabajador Bobby Martin para esta Copa) se olvidaba cuando Rudy, con 6 puntos seguidos, hace finalizar el tercer cuarto con 56-41, sentenciando la semifinal y viajando hasta la final del domingo (86-72), viendo la retirada de Svetislav Pesic, el sustituto de Aíto en el cuadro blaugrana, con la cabeza gacha hacia los vestuarios. El “alley-oop” de espaldas convirtió el empate a 52 en el minuto 28 de juego sobre una final trepidante. Un nuevo triple de Rudy Fernández alarga diferencias hasta el 71-66 a falta de 5 minutos y en Badalona, que habían puesto pantallas gigantes para seguir la final en el Olimpic, vibran. Se ven campeones… aunque lo que tenían enfrente, era el Tau Cerámica, con todo lo que Prigioni, Calderón, Nocioni, Scola, Macijauskas suponen. Que en los últimos minutos, a cada clavo en forma de canasta de Luis Scola (22 puntos), fue respondido por un tiro de precipitado. Ora Alzamora, ora Digbeu. El caso es que los baskonistas se llevaron el título al final (81-77) ante la mirada rabiosa de un chaval de aún 18 años, que lo tuvo muy cerca y supo entender que nunca es suficiente. Que el MVP, a quien se le otorgó no tiene consuelo, pero sí un lugar en la historia.

Y por ello, como también la historia guarda con mimo a este tipo de héroes, en decidimos recuperarlos. Que tuvieron su momento y todos ellos, con posterioridad, sí alcanzaron la gloria copera. Todo marca y desde los ojos del aficionado, todo se disfruta. Quizás, con este capítulo previo, mucho más.

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