RETRATO Nº 111: “Las muñequeras de Mike Schultz”

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos, que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y escaparate. Estamos deseando escucharte. 

RETRATO Nº 111: “Las muñequeras de Mike Schultz”

Final Copa del Rey 86/87: F.C. Barcelona 110–102 Ron Negrita Joventut (15.12.86)

El mayor éxito en la historia de la Copa del Rey: su formato. La ACB se atrevió al actual de 8 equipos partiendo de cuartos de final (aunque comenzaron con los cuatro cuartos un sábado, para finalizar con la final el lunes) en la edición de la 86/87. Tal acierto tuvo su broche en una de las finales más espectaculares de Copa, con un resultado que lo dice todo (no hubo prórroga). De ese partido, hemos recuperado este extraño e icónico gancho. Inconfundible. Como sus muñequeras. Mike Schultz dejó huella y bien que nos dolió su fallecimiento por leucemia. Badalona aún lo guarda en su memoria.

Aterrizó en la ciudad catalana en vísperas de comenzar la liga en el verano de 1984. Aíto García Reneses había tenido verdaderos quebraderos de cabeza para la contratación de su segundo extranjero. Junto al canadiense Gerald Kazanowski como primera adquisición, no se acertaba y lo que venía en verano, no convencía. La responsabilidad era enorme, pues el Joventut prometía y mucho, al calor de la expectación inusitada en todo el país, tras la plata olímpica de Los Angeles. Y desde la liga suiza (¿?) apareció este pívot de no más de 2,02 de estatura, con aires de temporalidad que finalmente se quedó y cuajó. Vaya si cuajó.

Si en la tercera jornada, el Ron Negrita Joventut era capaz de ganar en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, fue por su importante concurso. Al tipo se le veía serio, duro, que aguantaba y fijaba a cualquier defendido. Y en ataque, jugador muy de poste bajo, con una mecánica de tiro en suspensión a cuatro metros extraña -pero efectiva-, aunque su extravagancia venía cuando lanzaba ganchos, de la factura que vemos en la fotografía. Protegiendo un tiro sacado desde muy abajo para ser un gancho, era un maestro en dar el toque final y que los tiros entrasen. 

Un profesional como la copa de un pino, que en su primer año promedió 15,5 puntos y 10,3 rebotes. Introvertido, bastante solitario, como la mayoría de los partidos de liga solían ser en las tardes noches de los sábados (unificar horarios para los famosos carruseles de baloncesto), los domingos los dedicaba de tabernas y beber vino. Sus resacas los lunes, cuentan, que eran directamente proporcionales a la exigencia que pedía de sus compañeros. Si él aguantaba su tormentoso dolor de cabeza dándolo todo, los demás debía ver la misma entregaq. De ojos delicados -la luz lo molestaba muchísimo-, con sus gafas de sol y una calvicie que empezaba a asomar, era inconfundible. 

Y por supuesto, a la muchachada nos tenía ganado por sus muñequeras. La del brazo derecho era prominente, mientras que en el izquierdo, le cubrían todo el antebrazo. Precisamente, para que el sudor no llegase a sus delicados ojos, esta venda izquierda era usada como una toalla, pasándosela permanentemente por la frente. Y resaltaban lo suyo cada vez que lanzaba sus ganchos. Asumía que, junto a Montero, Villacampa, Margall o Jiménez, su tarea era la de sufrir en la zona, coger rebotes y ayudar. Ayudar para llegar a la final de liga, dejando en la cuneta al F.C. Barcelona con aquel gancho de Gerald Kazanowski

Al año siguiente, su destino fue el Caja de Ronda (actual Unicaja) de 1ª B, con la misma seriedad. “Cuando salía, bebía cerveza y no dejaba que los camareros se llevasen las botellas vacías. Se enfadaba, porque tenía pánico a que le engañasen. Así que acumulaba un buen número de botellas en la mesa, que contaba cuando tocaba pagar. Y el caso es que sus propinas eran terriblemente generosas. No estábamos acostumbrados aquí, en Málaga, a dar esas propinas. Pero no quería que le engañasen”. Y en 1986, cuando el Joventut trajo un auténtico fenómeno desde Italia, Reggie Johnson, lo quiso complementar con “el ogro” Winfred King, que tan buen resultado había dado en Lugo. Pero King estaba a vueltas con una de sus rodillas y no había forma de recuperarlo. Así que, aquel joven entrenador novato de 26 años que se hizo con las riendas de la Penya, no lo dudó y se decidió por Schultz en su segundo periplo verdinegro. 

Su rendimiento volvió a ser el de siempre siendo la papeleta aún más difícil. Dos años atrás no había tan buenos americanos (la liga caminaba a pasos agigantados) y los rivales ya eran de mucho más porte. Pero daba igual, Mike seguía dando guerra y teniendo más protagonismo tras la marcha de Andrés Jiménez al Barça, que había dejado el plantel de la Penya bastante desguarnecido y con menos argumentos, a la espera que los jóvenes fuesen creciendo. Y tuvo que jugar más minutos y sus números siguieron siendo brillantes  (17,2 puntos y 9,5 rebotes). Y nuevamente en Badalona celebraron, como en su primer año, una final de Copa del Rey o otra de Liga, aunque si antes fue el Real Madrid, esta vez fueron los azulgranas con el primer súper-equipo de Aíto quienes les privaron de los sueños de campeonar. Pero ahí estuvo, dando la cara. 

Mike Schultz regresó a la 1ª B hasta que la leucemia se cruzó en su camino, cuando aún no contaba ni con 35 años. Fichado por Murcia y siendo conscientes de su problemática posteriormente, lo hicieron un partido homenaje en busca de recaudar fondos, para recaudar dinero para la cirugía, en el que hasta Audie Norris vistió los colores murcianos ante el Joventut. Un trasplante de médula en 1989 sonaba a muchos riesgos y mucho dinero. Su cuerpo no aguantó y falleció en junio de 1990. 

RETRATOS DE UNA VIDA no podía dejar pasar su tiro de gancho, elegir el momento exacto y perfecto de un gesto técnico muy peculiar que respondía a la habilidad de un tipo trabajador, honesto sobre una pista y fácilmente entregado y entrenable. Serio y callado, pero obediente. Y sus muñequeras ¿Las recuerdas? ¡AHORA TE TOCA A TI

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