Una Copa del Rey para retornar al éxito

Es el foco y atención de todos. Uno ve las gradas repletas de todo tipo de colores, banderas y aficiones. Por el lateral, sobre unos raíles que acompañan la línea de banda, una cámara de televisión que compite en velocidad a los contragolpes de los protagonistas. Pistas de evento grande. Cuando le toca el turno a la Copa del Rey, la competición más atrayente, todos posan sus ojos ahí. En este marco, de héroe a villano hay un paso. Claro, que ser héroe aquí, es para toda la vida, a perpetuidad.

Ser grande sobre el logo de Copa, en ocasiones, se ha convertido en la culminación de un camino tortuoso, mucho más de lo que pudiera encapricharse algún guion. La gloria que encauza penurias. En ocasiones, la Copa del Rey sido el indicativo del camino correcto. Y el Joventut badalonés sabe bien de ello. De oír la estremecedora palabra “desaparición” meses antes, a sacar la reválida. Por dos veces, en dos momentos puntuales de su historia que, en Endesa Basket Lover, toca rescatar. Que para eso estamos. 

Andre Turner, rey de copas, en la final de León 1997.

COPA DEL REY 1997: DE LAS SOMBRAS A LAS LUCES DE LEÓN

Miedo daban los agujeros contables en los cuadernos del Joventut en 1994. Tras proclamarse nada menos que campeones de Europa, la deriva que tomaron los verdinegros fue aterradora. El cambio de presidencia, de Francés Cairó a Jordi Parra, fue de cumplida obligación ante una temporada 94/95 nefasta. Sabedor de la papeleta, Pedro Martínez fue el elegido en el banquillo para conducir un proyecto en el que, realmente, no sabemos si eran muy conscientes, tanto él como la directiva, del abismo que afrontaban. Vender a Ferrán Martínez al Barça, contratar tres extranjeros casi anónimos para el gran público y extremadamente baratos (Howard Wright, Keith Owens y Nenad Markovic), en contraste con las cargas del millón de dólares que cobraba Mike Smith y la astronómica renovación de Jordi Villacampa, no eran mimbres que dieran tranquilidad para tomar decisiones. Exigencia a los nuevos chavales recién salidos de la cantera, a los que tocaba sostener más peso del inicialmente planteado, no era un escenario planteado antes, sin nadie capaz de resolver en la pintura, desencadenaban consecuencias: la renuncia de Pedro Martínez (se habló que fricciones con el capitán, Villacampa), siendo sustituido por Miquel Nolis. Cambiar el trío foráneo al completo (John Ebeling, Stephen Bardo y Yamen Sanders) en poco enderezó el rumbo, para un récord de 17 victorias y 21 derrotas en liga, perdiendo los últimos cinco. Y lo que fue más sonrojante, una pírrica victoria en 14 jornadas en Liga Europea, siendo en aquel tiempo los vigentes campeones.

Los años de bonanza, con los dos títulos de liga (1991 y 1992) soportados por un generoso sponsor, Montigalá -350 millones de pesetas por curso-, hacía que las cuentas no contemplasen pérdidas en su inventario. Pero tampoco beneficios. Claro, cuando llegó la crisis económica de ámbito nacional, los ingresos prometidos (en el caso de Jesús Gil y su nuevo sponsor “Marbella”) no llegaban o se quedaron muy menguados (“7Up” aportaba mucho menos), saltaron las alarmas donde antes era vino y rosas. Conquistaron la Liga Europea en 1994 de la mano de Zeljko Obradovic, soportado por la inercia de todo aquello.

Y el motor se paró. Daba miedo ver los altísimos contratos en vigor de los estandartes verdinegros y el agujero económico cada día más amenazante. 1995 significó la ausencia en Europa tras muchos, muchos años. La crisis institucional derivó, por primera vez, en la amenaza de la desaparición del club. Palabras mayores.

Llaman a puertas institucionales, mientras que hay que preparar una temporada 95/96 sin sponsor y sin mucho ánimo por parte del socio, al que se le invita a comprometerse aún más con nueva salida de acciones y, recordamos, sin rival continental que llevarse a la boca. Se vende a Juanan Morales y -al fin- a Mike Smith y su altísimo contrato, ambos al Real Madrid. El atractivo esta vez, junto a los hermanos Jofresa y el “capi” Villacampa, es una estrella estadounidense interior, Randy White. Al mando deportivo, regresa como entrenador Joaquín Costa tras trece temporadas de ausencia en Badalona. Como el ejercicio anterior, tampoco aquello funciona. Randy White, que debutó con 47 puntos y 12 rebotes, a las pocas semanas se lio a mamporros en un entrenamiento, junto a diversas lesiones a posteriori. La cartera de extranjeros aquel año, fue aún mayor (los tres primeros, arrancaron de salida): el mencionado White, Spencer Dunkley, Roy Fisher, Anicet Lavodrama, John Shasky, Raymond Brown, Gerald Madkins y Evers Burns.

Xavi Crespo entró en la historia, cambiando el signo de la final.
Xavi Crespo entró en la historia, cambiando el signo de la final.

El público dando de lado al equipo y en medio de una racha de seis derrotas consecutivas entre enero y febrero (algo que el club no había conocido en toda su historia), se despide a Joaquín Costa (por aclarar, no es el base internacional que jugó en el F.C. Barcelona, sino quien fue presidente posteriormente el Gran Canaria) y se trae a “Moka” Slavnic, que algún optimista se aventuró con la definición de “nuestro Cruyff en Badalona”. Si el seno del equipo estaba repleto de tensiones y nervios, todo se amplificó con la llegada de quien, 17 años antes, fue ídolo verdinegro. Slavnic, en el primer partido que dirigió frente a Estudiantes, fue expulsado al descanso. Imaginen.

Total, que la triste temporada finaliza con el mismo récord del año anterior, 17 victorias y 21 derrotas y entre medias, dimes y diretes económicos para salvar financieramente al club. Y la luz se hizo: el ayuntamiento compró el antiguo pabellón de Ausías March, propiedad del Joventut y asoma un sponsor que, años atrás, se había portado muy bien con el  Andorra desde su ascenso ACB hasta su descenso: Festina. Nuevos horizontes para la campaña 96/97 que, ni tan siquiera ellos, imaginaban.

Nico Laprovittola y su exhibición en cuartos ante Baskonia.

Se apuesta por otro entrenador de la casa, Alfred Julbe, que había tenido la desdicha de ver desaparecer al club para el que trabajaba, Amway Zaragoza, a pesar de haberles llevado a los cuartos de final. Y con algo de liquidez en el bolsillo, sin dudar un instante, se apresura a la adquisición del trío de americanos que también le funcionó en tierras mañas: Andre Turner, Andy Toolson y Ken Bannister. Eso sí, el último de forma temporal, mientras se recuperaba un jugador que posteriormente se tornó en fundamental e icónico: Tanoka Beard. Hubo cierta inquietud en que, de las primeras 8 jornadas, tan solo ganaron 2 encuentros. Beard debutó en la jornada 5 y todas las piezas, poco a poco, fueron encajando sobre el Olimpic, cuyos antiguos huéspedes, volvieron poco a poco a poblar las gradas. Y llegó en febrero la cita copera de León.

Desde el primer día, el pequeño Andre Turner se convirtió en el dueño y señor. Fue determinante en la prórroga para eliminar al Caja San Fernando en cuartos de final (97-88), anotando 31 puntos -y 26 más de Beard-, endulzado con la nueva incorporación en la Penya de Fran Murcia, que fue fichado 24 horas antes. En semifinales, ante Baloncesto León, Turner endosó 26 puntos, varios en momentos decisivos y repartió 8 asistencias (80-72). Por primera vez desde 1990, se plantaban en la final. Lo que iba a ser la Copa de Aleksander Djordjevic o Dejan Bodiroga, se acabó convirtiendo en una sorprendente final entre los verdinegros y el Cáceres, que en la prórroga tuvo el temple para deshacerse del F.C. Barcelona (94-88) en la otra semifinal.

Ni Tavares supo detener a Laprovittola en la edición copera de 2019.

Llegó el día y la final. Aquel lunes 3 de febrero es una de las fechas más recordadas para el Joventut, porque por momentos y ante los sorprendentes cacereños, lo vieron todo perdido. En el minuto 2 de la segunda mitad, se veían por detrás en el marcador 51-34, sin argumentos que ofrecer, ante el enorme dominio bajo tableros del pívot Rod Sellers (23 puntos) y José Antonio Paraíso (17). Moribunda la Penya, vio cómo Xavi Crespo apareció  y se destapó con tres triples consecutivos en un parcial de 17-0, para hacer que se colocaran por delante (64-63) a falta de 5 minutos. La paradoja quiso que fuese Xavi Crespo. El jugador que no había jugado ni un segundo en Copa hasta esta final. El hombre que, por su pasado leonés, fue abucheado de manera notoria por el aficionado local. El protagonista un año antes, en la presentación de Zoran Slavic como entrenador, en el que el vicepresidente, Xavier Latorre, haciendo repaso del equipo, confesó que “el rendimiento de Crespo -fichado aquel año- no está siendo muy positivo”, a lo que el presidente, Jordi Parra apostilló “es pésimo” (según publicó la revista GIGANTES). Ya ven los caprichos del destino. Festina Joventut, campeón de la Copa del Rey (79-71).

El temple y la calma del MVP de la Copa del Rey, Andre Turner (20 puntos en la final), les dio la victoria y un título que no habían visto en Badalona desde 1976. Y camino a Badalona, metidos en el autobús que les había llevado a León, el mismo que serpenteaba carreteras transportando al equipo ciclista Festina –“ni te imaginas los sillones que tenía aquel autobús. Eran todo comodidades”-, lo celebraron efusivamente, tras 21 años de sequía copera.

Estar de nuevo en la élite, avalado por las semifinales ligueras a las que se auparon meses después, era territorio verdinegro, poniendo fin a una pesadilla de dos años. Las siguientes temporadas no fueron mejores a esta 96/97. Sin embargo, una nueva camada de jóvenes valores iban alzándose en el Palau Olimpic y en 2003, la directiva quiso asentarse entre los mejores, fichando para ello a la pieza perfecta: Aíto García Reneses.

COPA DEL REY 2019: LAPROVITTOLA, NUEVO ESTANDARTE DEL CLUB

“Con la ilusión por seguir trabajando, aunque muy tristes por las derrotas. Los problemas económicos, cada uno lo lleva a su manera. Joder, ya que no nos pagan, encima perdemos”. Carles Durán creía en salvar al Joventut. Hasta tres meses sin cobrar ni la plantilla ni los trabajadores. Y su “salvar” englobaba el más amplio sentido de la palabra. Él, junto a sus jugadores, en la espinosa obligación y ensortijada esperanza de realizar su trabajo en pista: evitar el descenso. ¡Del Joventut! Estamos hablando que en 2018 se vieron inmersos en una tesitura de ser colistas en la clasificación, con 4 victorias y 20 derrotas, perdiendo hasta 12 encuentros de forma consecutiva y sin visos de cambio. Un descenso que significaría la desaparición del club que se fundó en 1930 y que, 88 años después, debía 7 millones de euros. “Es cierto que tienes momentos en que das muchas vueltas a la cabeza y momentos en que ves que no puedes hacer nada, más que tu trabajo”. El capitán Sergi Vidal, el veterano, líder y más valorado jugador de la Penya, sentía que el equipo de su vida se iba desconchando. “Llegar a pensar que puede desaparecer, es algo muy difícil de asumir”.

36 puntos para la historia.

Diversas apuestas inmobiliarias con el consistorio badalonés en años de bonanza -para que tuviera solvencia en un futuro a medio plazo- se hicieron trizas, como el resto del planeta, con la crisis que a todos afectó. Los años de Ricky Rubio y Rudy Fernández, el título de Copa del Rey y ULEB Cup en 2008 o el acceso a semifinales otra vez, dieron paso a concursos de acreedores, plantillas cada vez más rácanas de efectivos y mayor inestabilidad deportiva. De esto, Salva Maldonado, entrenador del 2011 al 2016, como testigo directo de este proceso, sabe mucho y bien. “Los problemas económicos están haciendo mucho daño, porque dificultan las decisiones deportivas”. Cuando expresó su “no me veo con fuerzas” y dejó el cargo a disposición del club, lo hizo con la mirada en el retrovisor de tres temporadas consecutivas con 16 victorias y 18 derrotas, sin Playoff, con la alegría de la Copa en 2015 llegando a semifinales, un récord liguero de 19-17 y caer de nuevo y más hondo en su última campaña, la 15/16 (13 triunfos para 21 derrotas). “No se puede ir mucho más allá de la supervivencia”. Es duro escuchar esto viniendo de los verdinegros. Él entrenaba a un buen puñado de jugadores de la plantilla que, cobrando el mínimo, no llegaban ni de lejos a los cuarenta mil euros de ficha anual.

Se vende un terreno propiedad del club a Mercadona y aprovechando la coyuntura, también ficha a Alberto Abalde para su Valencia Basket. Pero no es suficiente. “Cuando entramos la nueva directiva al club en 2017, la situación era muy difícil y se fue complicando cada vez más” recuerda su presidente, Juan Antonio Morales. “En 2018, estuvimos al borde de la liquidación”. Es alucinante pensarlo ahora, pero un 22 de marzo de 2018 se reúne la junta de accionistas para decidir si toca liquidar el club. No había dinero para pagar las nóminas a los trabajadores. Se esperaba recibir el patrocinio del consistorio, firmado en 2017 con 3,2 millones para los siguientes 4 años, pero antes había que justificar dos subvenciones que ascendían a 900.000 euros, destinados a la cantera. ¡Ah! Y el patrocinio se recibiría sola y exclusivamente si el club permanecía en ACB. Porque la angustia deportiva permanecía y mellaba, semana tras semana.

Mientras el 99,97% de los socios deciden que el club continúa, que de disolución nada de nada, incluso comprometiéndose a dar cada socio 1500 euros de su bolsillo hasta completar el aval, se ficha a Carles Durán como entrenador, éste con el afán personal de recuperar la ilusión que no encontraba en Bilbao. “Y cuando fichamos a Carles, seguimos perdiendo. Y cuando fichamos a Nico, seguimos perdiendo”. Albert Ventura es la imagen del descorazonamiento de los protagonistas en tales momentos. Nico Laprovittola fue adquirido por la Penya en calidad de cedido -que no había para más- desde el Zenit St. Petersburg y con su venida, los resultados no notaban mejoría alguna. Vivió 7 partidos perdidos consecutivos tras aterrizar en Badalona hasta que, gracias a él y sus tiros libres convertidos, se logra el triunfo en la prórroga ante Herbalife Gran Canaria (92-91). Fin a una losa de 12 derrotas del tirón. Y lo que son las cosas, lo que es creer en uno mismo y en las posibilidades propias. “A partir de ganar al Gran Canaria, logramos 8 victorias en los últimos 10 partidos y nos salvamos a falta de 2 jornadas que, visto meses atrás, era una cosa inconcebible”, rememora con todo el cariño Juanan Morales. “Tenemos un suelo de hormigón armado como base, que son cuatro mil socios, que son fieles a la Penya, pase lo que pase”.

El reconocimiento a una gesta.

Cuando faltaba un líder anotador, Laprovittola se erige en conductor y ejecutor. Con él se juega con la alegría que da su desparpajo y comienza el festival anotador particular: tras los 22 a los insulares, 23 a Basket Zaragoza a continuación, 22 a Bilbao Basket y 27 en Murcia. Promedia en las últimas 7 jornadas la fantasía de 8,9 asistencias. Emerger en el peor momento, mitad hombre, mitad mito, para convertirlo en el héroe de Badalona y ser venerado allí entre todos. Y se le ficha a los rusos. Faltaría más.

Porque no fue la única bendición en la ciudad. Víctor Grifols, perteneciente a una familia enrolada en una de las empresas de material farmacéutico y hospitalario más potentes, cuenta con la octava fortuna en España y su empresa cotiza en el IBEX 35 (se calcula que posee un patrimonio de 3800 millones de euros). Y al igual que tiempo antes tuvo a bien recuperar una fábrica de agua embotellada que él consumía, en absoluta quiebra, puso sus ojos en el Joventut. A través de uno de sus socios, la holandesa Scranton, pone los 3,7 millones de euros que se necesitan para salir del atolladero y el sol ilumina de forma diferente al Palau Olimpic desde ese agosto de 2018. El equipo, más calmado, con el único objetivo deportivo en sus cabezas y reforzado, alcanza la primera alegría en tiempo: la Copa del Rey en Madrid 2019. Kirolbet Baskonia había sido el finalista liguero el curso anterior y el rival en cuartos de la Penya. Hacía mucho, mucho tiempo que no veíamos una exhibición individual como la que Nico Laprovittola desplegó en el WiZink Center la noche del viernes 15 de febrero. 36 puntos, 12 de 17 en tiros de campo, 7 asistencias y sobre todo, esa capacidad ‘jordaniana’ que en tan pocas ocasiones podemos disfrutar, de asistir al espectáculo que un solo jugador es capaz de luchar contra todos los elementos y ganar, sintiéndose indefendible. Porque ganaron (98-89), con el consiguiente pasaporte a semifinales. Del estupor al asombro y a la veneración a cada canasta. Sí, 40 puntos ante Gran Canaria tres semanas atrás. Pero esto es la Copa. 50 de valoración para entrar, por si no lo había hecho ya, en su historia numérica. “Siento que todos me dejan liderar, crear, jugar y divertirme en la cancha”. En semifinales, 24 horas más tarde, exhaustos, sucumbieron ante el Real Madrid (93-81). Pero, a Carles Durán, tanto al equipo en privado como a los medios de comunicación después, no se le iba de la boca la palabra “orgullo”, como una sensación tan mostrada como interiorizada por sus chicos. Era para felicitarles por lo conseguido. Por haber dinamitado una vez más, las creencias de la lógica en esta Copa del Rey, que bien sabemos que no tiene.

En la actualidad, el Joventut permanece entre los cuatro primeros en la tabla clasificatoria de esta temporada 21/22. Serán cabeza de serie en esta edición copera y sobre jugadores emblemáticos, como el retornado Guillem Vives y la adquisición de un sabio como Ante Tomic, sus aspiraciones descansan sobre seguro. Lo más importante, es que volvemos a identificar a la Penya con éxito, con élite. Ese binomio que nunca debió ni debiera romperse. Que sigan saliendo productos canteranos y sean recibidos en la calma de estar arriba, sin necesidades ni apremios. Seguir siendo y por mucho tiempo, el JOVENTUT de Badalona de toda la vida.

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