Nikos Zisis: El guerrero griego pasó por Bilbao y Badalona

Uno de los nombres ilustres que ha abandonado el baloncesto en este pasado es Nikos Zisis, que poco antes de cumplir los 38 anunció, con profundo dolor de su corazón, que no continuaría jugando. En su larga trayectoria hubo hueco para dos experiencias españolas bastante separadas en el tiempo en las que dejó la misma impronta de exterior inteligente y polivalente que siempre le caracterizó: Bilbao (2012-13) y Joventut (2019-20). En total fueron 24 partidos con 8,1 minutos, 2 rebotes y 4,3 asistencias en 24 minutos en pista de media.

Nunca fue un hombre de grandes números, aunque sí de aparecer en los momentos importantes, lo que quizás sea más importante. Zisis, de 1,96, podía ocupar con solvencia cualquiera de las tres posiciones de fuera sin que se le pudiese catalogar exactamente en ninguna de ellas. Seguramente solo le faltó un poco más de amenaza en el tiro exterior para ser un auténtico ‘primer espada’ europeo. Aún así, puede presumir de haber acumulado muchísimo prestigio tanto a nivel de clubs (AEK Atenas, Benetton Treviso, CSKA Moscú, Unics Kazan, Montepaschi Siena, Fenerbahce, Brose Baskets) como de selección, donde ejerció de secundario de hombres más mediáticos como Vasilis Spanoulis. Su condición de especialista defensivo, pese a no contar con un gran físico, era especialmente apreciada, así como su visión de juego y generosidad.

Bien lo pudieron apreciar en Bilbao y Badalona. Más completa fue la experiencia en Miribilla, cuando fue firmado como refuerzo estrella para la temporada en la que el club bilbaíno disputó la Euroliga tras el subcampeonato español. En el Joventut, ya mucho más veterano, tuvo un rol más de ‘padre’ de los jóvenes, pero algo no debió funcionar del todo bien cuando a mitad de la temporada, justo antes del confinamiento y la suspensión de la Liga, alcanzó a un acuerdo para romper su contrato y volver al AEK, el equipo en el que inició su carrera profesional. Allí en Atenas, dándole tiempo a ganar una Copa, ha disputado la 2020-21 perdiéndose muchos partidos por problemas físicos, síntoma inequívoco de que colgar las botas era inminente.

Es una decisión completamente consciente, porque sé que lo he dado todo. Me encantaba el baloncesto desde niño pero nunca imaginé que haría un viaje tan grande, emocionante e inolvidable. Estoy orgulloso de lo que hice, pero también de lo que no logré, porque siempre di el 100% de mi alma, mente y cuerpo”, contaba en su comunicado de despedida, en el que anunciaba que para él el baloncesto es para él “mucho más que un juego”. “Me encantaba no solo jugar, sino también discutir, analizar, pensar siempre en cómo mejoraríamos mi equipo y yo. Quiero dar las gracias a todos mis compañeros, a mis entrenadores, a toda la gente de los equipos en los que jugué, a mis oponentes. Nunca olvidaré a los aficionados y a la gente por su amor y apoyo en Grecia y en el extranjero, en todas las estaciones de mi carrera”, añadía.

Especialmente agradecido se mostraba al AEK, “el equipo donde me hice hombre y viví mucho” y a la selección, que “fluye en mi sangre y fue, es y será el equipo de mi corazón. La camiseta con el escudo me marcó, me definió, me estigmatizó y el orgullo que siento por todos estos veranos que pasé luchando por ella no se puede describir con palabras”. Participó en el oro del Eurobasket de 2005, la plata del Mundial del 2006 y el bronce continental del 2009.