EL MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: Valencia Basket toma Madrid

Y parece que nos estamos abonando en Endesa Basket Lover a las machadas en el WiZink Center, para extraer nuestro MOMENTO BASKET LOVER. Y es que, entiéndanlo. En la “era Laso”, o sea, desde hace 11 temporadas, el Real Madrid ha sido derrotado en partidos de liga regular, en 16 ocasiones tan solo. Dos derrotas consecutivas en su pista, no había sucedido nunca durante este periplo iniciado en 2011.

Por 93-94, Valencia Basket asaltó el WiZink Center, envueltos en una aureola ganadora que sirvió para superar malos momentos y tener claro cuál era el camino a la hora de la verdad. Fuertes, duros y con una creencia en sus posibilidades abismal, vieron acierto hasta en la decisión de Xabi López Aróstegui tirando a fallar un tiro libre a 2,9 segundos para la conclusión, con el definitivo 93-94 ya en esos momentos. Fue un arriesgado acierto, provocando un fuera de banda de Rudy Fernández y los brazos en alto de Bojan Dubljevic, viendo con 0,9 segundos y con la posesión a su favor, ahí sí, el partido ganado.

Valencia Basket sonríe a lo que les depara el destino estos días, porque su trayectoria en la Liga Endesa va de cara. Han sido demasiados meses de obstáculos en forma de lesiones, que parecen haber expirado. Por ello, con el plantel al completo y conociendo ya las querencias, costumbres y manías de Joan Peñarroya, la comunión entre todos es total. Y es que las penurias unen y debiendo exigir a los sanos como estrellas y a las jóvenes caras como a veteranos meses atrás, llegar ahora a deslizarse por aguas más tranquilas, parecen tener licencia de afrontar lo que haga falta, tras haberlas visto de todos los colores.

En Madrid, cuando no era Klemen Prepelic en la primera mitad (16 puntos), era la convicción de Jaime Pradilla bajo los tableros y la mira telescópica de López Aróstegui (2 de 3 en triples). Y en la segunda, el lujo de dar balones a Jasiel Rivero, en reinos de Tavares y Poirier que, si les transformásemos en personajes de novela medieval de ficción, serían los moradores de castillos tenebrosos. Pues por ahí luchó el jugador cubano, entre interminables ramificaciones de brazos, todo potencia y fe en sus posibilidades, incluso en tiros cortos delante de Tavares. La finura del un reverso en contraste con la rudeza por ganar una posición, eran cuadros para una exposición. Ha sido entre los jugadores nuevos de este curso a orillas del Turia, la adquisición más importante del club esta temporada, de la mano del flamante entrenador Peñarroya, que sabía lo que se traía y muy bien. 16 puntos y 7 de 9 en tiros de campo, con la oposición ya mencionada. Es de mérito.

Dominio en toda la segunda mitad de los valencianos, cuando los 11 puntos en el ecuador del tercer cuarto (54-65) daban el aviso que no visitaban terreno blanco solamente a guerrear, sino a ganar. Nunca perdieron la compostura aun sabiendo que los locales, poco a poco o en un maremoto guiado por su talento, recortarían distancias con toda seguridad. El temple de ganadores, reflejado en los ojos de Bojan Dubljevic, que ya sabe que no es obligatorio hacer números de cine como en otros días, que puede aflojar ahí porque ya está mejor acompañado, era extensivo a sus compañeros. Es lo que tienen las miradas convencidas.  Y así funciona todo en Valencia Basket. Son cuatro victorias consecutivas, ocho de las últimas diez y en cuarta posición, contando con aquella capa embrujada en el arranque, en el que eran incapaces de ganar en casa. Cuartos, que serían terceros si nos atenemos a porcentaje en las victorias-derrotas. Que van por la senda correcta y, no mucho más lejos, encima del montículo que se ve en el horizonte, está Granada. Hablaremos de ello, porque es un binomio que suena bien. 

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