Memoria de Granada (1995)

En vísperas de la próxima edición de la Copa del Rey a disputarse en Granada, la memoria viaja frenéticamente entre nuestros recuerdos. Copa del Rey y Granada encierran todo lo mejor de esta ineludible cita. Las vivencias, las anécdotas y sobre todo, las sorpresas, están guardadas en un cofre ornamentado con todo lo mejor que puede dar esta loca competición de cuatro días. 

En Endesa Basket Lover recuperaremos las ediciones allí jugadas. Exactamente hace 30 años, en 1992, Estudiantes Caja Postal logró un título tan inesperado que sigue muy vivo en boca de sus aficionados, de cualquier aficionado. Tres años después, nuevamente los pronósticos saltaron cuando Taugrés Baskonia alzó su brazo más alto que nadie. Las estampas de John Pinone y Pablo Laso sosteniendo el trofeo, nos trasladan a ese rinconcito de nuestros mejores recuerdos. Y si de recuerdos hablamos, ahí estamos nosotros, con esta segunda entrega. Faltaría más.

LA LLEGADA A LA ÉLITE DE UN REY DE COPAS

Pablo Laso viajaba en el avión de vuelta casualmente, en el asiento contiguo a Zeljko Obradovic, entrenador del Real Madrid. Zeljko, que sucumbió en semifinales de Copa del Rey ante Taugrés Baskonia (86-79), intentaba reestructurar la plantilla blanca de cara a la siguiente temporada. Era muy extendido el rumor que, el destino de Arvydas Sabonis para el siguiente curso sería la NBA. Y su famosa queja semanas antes, “los árbitros me echan de España”, parecía confirmarlo aún más. El pasajero de al lado, Pablo Laso, era un objetivo prioritario en el proyectado organigrama blanco, según los mentideros alrededor de la Copa del Rey de 1995, De aquel rumor a la certeza, había un paso. 

Harper Williams y Fernando Romay. Granada trajo una Copa muy especial.

Y es que, el avispado base de Taugrés, 10 años ya por aquel entonces en el primer equipo baskonista, acababa de ser coronado MVP de esta edición copera, guiando y marcando el ritmo adecuado para que los vitorianos se proclamaran, por primera vez en su historia, campeones de Copa. Al fin. Colmando por una vez los sueños de éxito que no llegaban. Un año antes, la aparatosa lesión de Marcelo Nicola en semifinales contra Estudiantes, tras golpearse con la cabeza en el parquet y los mamporros entre Ramón Rivas y Tony Massenburg en la final, tras altercado con Quique Andreu, les privaron de alzar el trofeo en la edición sevillana. Sumen aquella funesta noche en Budapest, donde un tal Roman Horvat y el veterano Sasha Hauptmann, bombardearon el sueño europeo en la final de la Recopa (llamada entonces Copa Raimundo Saporta) contra el Olimpia Ljubljana. Decepciones (sobre todo esta última) que, visto con frialdad, ni soñaban cinco años antes. 

Y es que hablamos de un club cuyos acelerados pasos hacia el éxito, comenzaban a retumbar. Taugrés era la evidencia de la frescura y el desenfado jugando al baloncesto, porque para ello contaba con todas las piezas, elegidas al detalle. Dieron el pistoletazo a la década de los 90 con la bienvenida al Araba Arena (actual Fernando Buesa, con dos remodelaciones ya a sus espaldas) y ese escenario era la etiqueta necesaria para llevar al equipo a la élite. Su presidente, Josean Querejeta, tenía prisa por hacerlo. Sus apuestas eran arriesgadas, pero marcaban la senda correcta. Se aventuraron con un entrenador estadounidense, Herb Brown (hermano de Larry Brown), que no entendió ni al Joventut ni a Badalona. Y la la duda y la reválida baskonista, era saber si su desencuentro era también con todo nuestro baloncesto. Esa era la gran duda y la gran prueba. Apostaron y acertaron de pleno. No solamente fue cambiando la fisonomía baskonista, sino por extensión, también la mentalidad del baloncesto español. Esa en la que los dos pívots titulares eran pívots a la vieja usanza, “centers” de toda la vida. Desechó un auténtico icono del club, el estadounidense Larry Micheaux y para acompañar a Ramón Rivas en labores interiores, se decidieron por el alero titular del Caja de Ronda. Ese alero se llamaba Joe Arlauckas, que, reconvertido en ala-pívot, les vendría de perlas (aunque el tiempo demostró que la reconversión, había sido situarlo de alero en Málaga). Era el salto al “4” moderno, a un nuevo horizonte que al aficionado entendido de baloncesto, le pareció tan extraño como sugerente. Y junto a Sibilio, otro alero estadounidense, Scott Roth, que había jugado en los Jazz incluso de escolta, más la futura incorporación (y nacionalización) de Marcelo Nicola, conjuntaba un dinamismo en el juego impropio hasta entonces. Todo era una aventura “sobre seguro”, porque contaban con Pablo Laso a los mandos. 

Corny Thompson, el corazón de Baloncesto León.

Dos semifinales ligueras (1991 y 1992) y la muestra que, efectivamente, aquello funcionaba. Cierto relevo llegó para la temporada 93/94 y la llegada al banquillo de Manel Comas, hombre totalmente identificado con el club. La plantilla se refuerza en calidad y en número, aun con precios relativamente baratos, ante la enorme asignatura de seguir compitiendo en la élite ya sin Joe Arlauckas, que hacía las maletas para Madrid. Velimir Perasovic se convertía en la nueva estrella del equipo e incorporan al “hacelotodo” Santi Abad, más otro pívot nato como Ken Bannister, postulado para sugerir al reto de la liga que, junto a Ramón Rivas, por la zona no se pasa. Con todos ellos llegan las dos finales ya comentadas y para esta temporada 94/95 que nos ocupa, un saltarín Kenny Green (que Manel Comas ya conocía, pues lo hizo llegar a España miltando en Cáceres) en lugar de Bannister (“tú a Vitoria y yo a Zaragoza. Y viceversa”) y Sasha Radunovic, eran las nuevas adquisiciones. 

INCIERTO INICIO, HASTA QUE LLEGÓ LA COPA

No fue el arranque de temporada como un guion sin borrones de quien pretendía ser la alternativa al poder. Un 96-90 en el Araba Arena ante Estudiantes, en un paroxismo colectivo baskonista que les llevó a anotar 62 puntos en la 2ª mitad para remontar, hizo enderezar el timón, porque el récord de 9 victoria y 9 derrotas no invitaba a entusiasmo alguno. Menos aún a Manel Comas, que aventurados decían que su puesto peligraba. Claro, que no sabían lo que les esperaba. Para empezar, presentarse en Granada con 10 victorias y 2 derrotas añadidas a su guarismo inicial, para alcanzar el segundo puesto liguero (19-11) y recién clasificados de nuevo, para la final de la Recopa. 

Ramón Rivas y Kenny Green, ante el verdinegro Yamen Sanders.

La pasarela por la que vimos desfilar en Granada, en esta nueva edición de Copa del Rey (del 2 al 5 de marzo) contemplaba al Real Madrid más inestable jamás conocido, tercer clasificado en liga ACB, con 24 victorias y 6 derrotas, con la satisfacción de su 2º puesto en su grupo en Liga Europea (9-6), para intentar llegar a la Final Four zaragozana, previo paso por la Cibona de Zagreb en cuartos de final. Fue el único representante digno en la máxima competición europea, porque el descalabro del F.C. Barcelona fue mayúsculo. “Somos blandos y en Europa lo acusamos” declaró amargamente Aíto García Reneses tras quedar en 6ª posición en su grupo -de 8 equipos-, con 8 victorias y 6 derrotas y ni tan siquiera estar en los cuartos de final. Líderes ligueros, eso sí (24 victorias y 6 derrotas). Porque lo del 7Up Joventut, en su “Año I” tras ser campeón de Europa, con una única victoria en 14 jornadas, fue trágico. Casi en bancarrota, en liga estaban decimosegundos, posición que quizás no hubiesen conocido en toda su historia (14 victorias y 16 derrotas), con Mike Smith y John Ebeling intentando salvaguardar la nave verdinegra, en el año más discreto que se les recordaba a Villacampa y los hermanos Jofresa

Aunque si hablamos de crisis institucional por cuestiones financieras, Amway Zaragoza también estaba al límite, intentando negociar con unos y otros para solventar 300 millones de pesetas de una deuda que llevaban arrastrando años. Sin embargo, con Andre Turner a los mandos, con Andy Toolson y su muñequita fina y Bannister golpeando bajo aros, jugaban que daba gusto, bajo las órdenes de Alfred Julbe. Festina Andorra (8º, con 17-13), más contentos que unas castañuelas con su primera participación, Baloncesto León (9º, 15-15) y Estudiantes (10º, 15-15), completaban los representantes coperos. Para quien no lo recuerde, a la fase final accedían por eliminatorias previas a partido de ida y vuelta, de ahí que equipos bien posicionados en liga, como Unicaja, TDK Manresa o Caja San Fernando, no adquirieron billete para la fiesta.

Alberto Herreros estuvo demasiado solo en semifinales.

LO QUE GRANADA NOS DIO

Todo alegrías. Granada en 1995 fue el arranque del verdadero espíritu copero, eso que ha hecho que esta sea una competición especial. Piensen que, desde esta sorprendente edición, los siguientes campeones en la década fueron TDK Manresa en 1996, Festina Joventut en 1997, Pamesa Valencia en 1998, Tau Cerámica en 1999 y Adecco Estudiantes en 2000. Ni Barça ni Madrid. Quinielas echas añicos porque… esto es la Copa. 

Otra decisión acertadísima que se tomó en Granada, fue volver a disputar todos los partidos en fase única. Desde la edición en esta misma ciudad en 1992, las dos siguientes repartieron los partidos de cuartos de final en diferentes sedes. Que en 1995 se retomara Granada como foco de reunión, hizo que todas las aficiones desembarcaran en la ciudad de La Alhambra. Y en este punto, es más que posible que empezara la riada de aficionados de Baskonia, más numerosos que ninguna otra, a inundar las calles tocadas por la fortuna de la Copa. Quizás sea por su buena racha, o por el sabor a hiel de un año antes en Sevilla, el caso es que parecía como si tuviesen un pálpito diferente y bien que se hicieron notar en el Municipal de Deportes. 

Arvydas Sabonis se encontró un avispero en la defensa baskonista.

Los cuartos de final dieron las victorias del Real Madrid ante Baloncesto León (88-74) con 31 puntos de Joe Arlauckas, la de Taugrés a un Joventut que dio la cara (96-89), Alberto Herreros tuvo que anotar un triple en los últimos segundos para salvar los muebles y vencer a un dominador Festina Andorra (87-86), cuando los colegiales lo veían todo perdido y la gran sorpresa, Amway Zaragoza, con una excelsa defensa, apeó al F.C. Barcelona dejándoles en un guarismo pírrico (66-61), con 23 puntos de Toolson (¡7 de 11 en triples!) y con Xavi Fernández, máximo anotador blaugrana, cuyos 11 puntos lo dicen todo. Julbe estaba entusiasmado con la intensidad de los suyos que bien criticó en diversas ocasiones, como una falta acuciante durante la temporada. 

Y su gozo fue aún mayor cuando se clasificaron para la final derrotando a Estudiantes (84-75), otra vez con Toolson en su cielo particular (28 puntos y 5 de 8 en triples) y 22 puntos de Andre Turner. Alberto Herreros volvió a desesperarse con el poco empuje de algunos de sus compañeros (algo dejó entrever en posteriores declaraciones) y con Mikhail Mikhailov, Harper Williams y Andre Spencer superados en todo momento por la defensa de Ken Bannister, Fran Murcia y nada menos que Fernandito Romay, que en su año de retirada, quiso el destino darle de nuevo una oportunidad de proclamarse campeón en la Copa del Rey con una final inesperada. 

Taugrés se veía las caras con el favorito, Real Madrid. Y si Pablo Laso era de hacer correr hasta la extenuación a un quinteto que contara con Sabonis, en esta ocasión tocaba lo contrario: cargar de balones interiores a sus pívots para forzar faltas al lituano. Fue el de la tarde de sábado un Pablo Laso raro al inicio, con pocas asistencias y erigiéndose como el líder anotador con 3 triples consecutivos, quien dio las primeras delanteras. Poco a poco, las órdenes de Comas se iban implantando. 33 tiros libres provocaron a los madridistas, Arvydas Sabonis con 3 faltas en el minuto 15 de partido y como radiografió Laso al final “sabemos que Joe Arlauckas puede anotar 30 puntos, pero eso no nos importaba. Había que sacar personales a Sabonis, porque el resto de jugadores madridistas lo hacen cohibidos”. Tan cohibidos como estos números: Sabonis&Arlauckas, 15 de 23 en tiros de campo y 6 de 8 en tiros libres, mientras que los 8 hombres restantes, 14 de 34 en tiros de campo y 11 de 11 en libres. Y además, la defensa entre Rivas y las ayudas permanentes de Radunovic, minimizaron la actuación de Sabonis en ataque, que se veía obligada más a pasar que a tirar, muy enfadado con la permisividad arbitral hasta el punto de ser descalificado por insultar al colegiado Betancor en los minutos postreros del choque. Fue el día del croata Velimir Perasovic, que con 34 puntos sin descansar un solo segundo, dejó sin argumentos a la defensa blanca. Taugrés, nuevamente a la final (86-79).

Velimir Perasovic, también decisivo en la final.
el primer título

“Que el título que acabamos de conseguir sea el inicio de algo”. Manel Comas tenía claro el futuro baskonista cuando dijo sus primeras declaraciones tras proclamarse campeón de la Copa del Rey. Con 35 años de historia del club, veía un proyecto sólido e intuía títulos, aunque seguramente la realidad en los siguientes años, hubiese desbordado sus previsiones.  

La final fue preciosa. Era la primera vez en 64 años en la que los históricos Real Madrid, Barcelona, Estudiantes o Joventut no tenían representación alguna y los pujantes baskonistas y zaragozanos dieron un enorme espectáculo, con dominio de Taugrés permanente, aunque sin perder la cara los hombres de Julbe. Esta vez a Pablo Laso sí le tocaba correr y sobre todo, advertir a sus compañeros dónde tenían ventajas. Y claro, para Alberto Angulo o Andy Toolson, un alero del tamaño de Marcelo Nicola (diferencial, con 17 puntos), se les hizo un mundo. Los dos últimos segundos de la primera mitad (cuando el marcador iba 40-33 para los vitorianos) explica lo que fue el enfrentamiento, con tres tiros libres por falta provocada de Andy Toolson, que los anota, recuperan el balón tras un pase largo perdido y desde su propio campo, Andre Turner anotó, retirándose a los vestuarios con 40-39. 

Andre Turner, el liderazgo de Amway Zaragoza.

El mágico base de Amway Zaragoza igualaba la contienda cuando su rival apretaba (Taugrés tuvo a 5 jugadores por encima de los 10 puntos, destacando los 20 de Kenny Green y los 17 de Nicola y Perasovic), sobre todo por la superioridad reboteadora de +12. Y para desesperación de Comas, que veía marcadores como 62-61 y 78-76 ya en los últimos minutos, sin poder cerrar un partido tan decisivo. Sin embargo, parecía haber más nervios en el banquillo que en pista, porque sus pupilos, con Laso -siempre Laso- manejaron el tempo con todo el criterio y acabaron venciendo por 88-80. 

Taugrés, campeón de la Copa del Rey. Para nada importó a sus aficionados echarse entre pecho y espalda 785 kilómetros en coche y llegar por la tarde a Vitoria, a la plaza de la Virgen Blanca, en una celebración multitudinaria y disfrutar de la primera gran alegría de su historia. No era ninguna culminación, sino como bien dijo su entrenador, el principio de algo grande, enorme. Granada se despidió hasta nuestros días, volviendo a ser Granada, con toda su magia y exprimiendo lo mejor que puede dar nuestro deporte. En nada, tenemos una tercera entrega. ¿Qué hará esta vez su embrujo?


Pablo Laso, MVP de la Copa del Rey Granada 1995.
Estadísticas finales

Taugres Baskonia:

Amway Zaragoza:

MEMORIAS DE GRANADA (1992)

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