MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: Miller-McIntyre desatado

Y no podría ser de otra forma el MOMENTO BASKET LOVER de esta suma de partidos de diferentes jornadas, en este último fin de semana. Aunque, correspondiendo a la número 20, la última del calendario, hete aquí que se presentaba MoraBanc Andorra arrastrando cinco derrotas consecutivas, tras la dolorosísima decisión de prescindir de Ibon Navarro y con un carro de bajas decisivas, Clevin Hannah, David Jelinek, Amine Noua, Connor Morgan o Gal Mekel, que no es poca cosa. Con dos escoltas, Oriol Paulí y Codi Miller-McIntyre debiendo oficiar como bases. Pues con todo ello, se presentaron en el WiZink Center madrileño y, como bien sabemos todos, lograron derrotar al Real Madrid (83-88).

Suena paradójico, pero es como si para encontrar la senda, hubiese sido obligatorio escalar hasta la cima. En el pico, allá donde todo está más blanco, es donde estaba el camino de la convicción para ganar y el temple para amarrar el triunfo. Será que, siendo andorranos, lo de cumbres blancas ya les sonaba. Al menos a Moussa Diagné y a Guillem Colom, únicos supervivientes del 105-107 un 4 de noviembre de 2018, en el que derrotaron por última vez a los madridistas en su pista, en un espectáculo de lo mejorcito de aquella temporada. Esta vez, tanto ellos dos como el resto de sus compañeros, se encomendaron al estado de gracia de Codi Miller-McIntyre, capaz de encarar y superar al mismísimo Walter Tavares en los momentos más decisivos. 

Miller-McIntyre, capaz de anotar 28 puntos y 12 de 17 en tiros de campo, fue en la segunda mitad un tipo en estado de gracia. Ser el líder anotador, como ya había sido en los primeros 20 minutos a base de correr y acelerar el ritmo, tenía que mostrar aún una marcha más. Y ahí, ni los brazos del pívot caboverdiano delante de sus narices, pudieron detener. Claro, si los balones bombeados ante su presencia, caían casi llovidos desde la estratosfera para acabar entrando, era difícil opositar ante un arrebato de talento así. Y no es que fueran tan solo entradas, o suspensiones tras paso atrás, sino que tuvo los arrestos y la frialdad, tras 31 minutos de pura intensidad, de verse en la descompensada situación en la bombilla de encontrarse con el mencionado Tavares en uno contra uno, para amagando con entrar, paso atrás, amenaza de suspensión y otra vez arrancándose hacia el aro, lograr la bandeja de la sentencia, a falta de 23 segundos y un 81-86 ya insalvable. Y su rival, mirando al suelo, con su resquebrajada autoconfianza del “si a mí me tocaba taponar ese tiro”, que por las artes de playground, echando el cuerpo hacia delante en el momento de soltar el balón de Miller-McIntyre, es probable que hubiese tenido el destino de la manaza del madridista. Una lección más de maestría de un jugador que, si ya conocemos que es alguien de rachas, pudimos comprobar que a veces también tiene una y muy afortunada, que le dura 40 minutos de partido. Eso sí, para llegar a eso, hay que saber y tener la categoría que se le supone a una heroicidad como la suya. 

El nuevo entrenador, David Eudal, otrora asistente de Ibon Navarro, no solamente se encontró con su circunstancial base tocando el cielo, sino que el trabajo de todos y el acierto de Drew Crawford (15 puntos) o Babatunde Olumuyiwa (14 puntos), más los 3 de 5 de este nuevo triplista que se han sacado de la chistera, Moussa Diagné (pasadas lesiones obligan), fueron una sinfonía más que afinada, en el que el orden y el concierto, arropando las acciones de su solista, fueron un todo más que convincente para vencer al Real Madrid

Pasada la mala racha, esta semana encaran al Joventut en casa. La presión en el pecho, aunque sea a nivel emocional, ya es un poco menos. Ahora toca seguir disfrutando de sus canastas como lo hicimos el domingo en el Wizink Center, resguardados de los peligros por la capa de super héroe de Miller-McIntyre.

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