MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: Sektar Sanli o el honor de un brigadier

“Para ambos Niko, no era fácil jugar aquí hoy y han hecho un gran partido”, como una de las diferentes claves para que el clásico Madrid-Barça de este pasado domingo, en boca de Sarunas Jasikevicius, se decantara para los suyos (75-85).

 Tanto para Niko Mirotic, con apenas un entrenamiento tras salir convaleciente por COVID, siempre obligado a anotar canastas determinantes, como para el base argentino Nico Laprovittola, aún en fase de adaptación en la dirección azulgrana y con Calathes falta de ritmo, el protagonismo que habían de encarar ambos el pasado fin de semana en el WiZink Center, se antojaba grande. La responsabilidad de una actuación convincente en las extrañísimas circunstancias del mes de enero, obligaba. Y si Mirotic era quien puso la puntilla con un triple, de sobresaliente fue la aportación del base argentino a lo largo del encuentro (6 asistencias y 0 pérdidas), llevando el tempo rápido que siempre interesó a su equipo y del que Laso se quejó amargamente en un tiempo muerto que sus hombres no lograban. Y si sus 9 puntos no fueron una descollante estadística, es porque ya se encargó que los demás tuvieran las posiciones idóneas para anotar, sobre todo en un caso especial: Sektas Sanli

No tan comentado, pero extraordinario el trabajo del pívot turco en la tarde dominical. Como ubicación táctica y reconocimiento de lo que estaba sucediendo, sus 17 puntos en 24 minutos y 5 rebotes, tienen el sonido de la descorchante celebración alrededor de una botella. Hombre que ha tenido que “hincar codos” en el estudio al ritmo y dinámica de Liga Endesa, sus estadísticas fueron tan gratificantes para sus seguidores como quizás sorprendentes para el resto de aficionados, hasta reivindicarse como una perla más en la estructura azulgrana.

Laprovittola siempre tuvo claro cómo debía jugar el “siete pies” otomano. De su muñeca, minimizando la efectividad ofensiva de Tavares, saldrían tiros con envenenada efectividad (7 de 13 en tiros de campo), sabiendo en todo momento cuál era el punto del parquet donde podría martillear, sin entrar en riesgos de posibles glorias en uno contra uno ante su gigante rival. Abrirse como antesala a su suspensión facilona sea tras bloqueo, sea tras intuir que el director de juego entraría hasta las fauces de la zona y doblaría el balón. Dos pasos atrás, recibir y tirar. 

Y tan sencillo como encontrar el hueco en la media distancia, también le resultó encontrarlo en la pintura tras la captura de rebotes ofensivos, donde cogió algunos cruciales. Ni por salto vertical ni por explosividad destaca, así que tocaba buscar el lugar donde no estaba nadie. Y esperar. Y se hizo con 3 rechaces ofensivos, unos por ser en momentos trascendentes, otras por hacer pensar el daño causado al adversario, embelesaba y desesperaba a partes iguales, según los colores en tal rivalidad. Mantuvo en la igualdad a los suyos en el primer cuarto y fue el baluarte -entre tanta estrella- en el arreón barcelonista en el tercero. 

Todo un ejercicio de inteligencia y sobre todo, de inesperada clave en el trazo táctico. Si hacíamos un ejercicio de prever claves del enfrentamiento, entre los hombres de Jasikevicius estábamos tentados a ir a lo seguro, priorizando la aportación de hombres altos y su movilidad. Brandon Davies, Pierre Oriola (aunque no estuviera esta vez) y Rolands Smits siempre han puesto a prueba, por su polivalencia, los sistemas defensivos de Laso. Sin embargo, en esta ocasión, la respuesta de un hombre alto venía en modo y forma más estático, con menos capacidad de sorpresa desde el momento en el que recibía. Y es que, su tesoro venía en dónde estaba situado en el momento en el que recibía. Y le valió para destacar. Con él en pista, los suyos convirtieron 11 puntos más que los blancos, estadística contundente de la mano a lo que él llegó a aportar. 

Por ello, lo calificamos en el partido de la jornada, como el Momento Basket Lover de la misma. El reconocimiento de un jugador argentino, Laprovittola, el general brigadier en cancha, que supo ver con claridad el boceto de un guion escrito. Aquí no hubo “Angelinas” como en la novela de Jardiel Poncela que le trajeran de cabeza, sino clarividencia para intuir que la solución de Sanli, pudiera retumbar hasta el techo del WiZink Center. 

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