Las buenas viejas rutinas en Bilbao

Presionar hasta forzar la pérdida a Nico Brussino. El dos contra uno de Alex Reyes en poste bajo junto a Jeff Withey y la recompensa posterior, sirvió para que el alero cacereño se girara a las gradas y agitara los brazos casi en éxtasis. Y las gradas, claro está, con él. Restaban 06:39 para el descanso en el encuentro de Surne Bilbao Basket ante Gran Canaria y el marcador era de un 34-19. Ganar desde la defensa. Miribilla y sus habituales huéspedes, olvidados ya casi esos hábitos, se veían obligados a levantarse de sus asientos y aplaudir. Pues que se vayan acostumbrando. 

La racha de victorias

Cuatro victorias consecutivas. Dos años (enero de 2020) han sido necesarios para encadenar cuatro victorias del tirón. Aquella última vez (fueron 6 exactamente), Ben Lammers, Jaylon Brown, Ondrej Balvin y Rafa Martínez superaron los 10 puntos. La paradoja es que parece más lejano de los 24 meses transcurridos. Pues se ha vuelto a lograr. ¿El efecto Miribilla? No les quepa duda alguna que ha sido fundamental el que caprichos del calendario y aplazamientos, provoquen tres encuentros del tirón sobre sus zonas pintadas de negro y sus gradas multicolores, repletas de seguidores que nunca dejaron de creer. Porque son fieles al club y nunca le dieron la espalda. 

Alex Reyes, un tirador de precisión.

Y lo que veían en la plantilla que apoyaban este curso, era un equipo resultón en ataque, con muchos recursos, cuyas adquisiciones de Valentin Bigote (12,4 puntos de promedio) y sobre todo, Andrew Goudelock (13,5 puntos), activaban un motor que sonaba bien. En el que los hombres dirigidos por Alex Mumbrú, casi siempre han dado la cara en ataque con infinidad de recursos, incluso en acciones individuales de posesiones casi agotadas, respuesta en arrebatos de talento personal. Los triples de Gytis Masiulis abriendo el campo (31,0%), los rebotes ofensivos de Ángel Delgado (2,8 ofensivos para un 8,3 global, máximo reboteador de la competición) o los semiganchos de Jeff Withey complementaban a lo ya conocido entre Rousselle, Hakanson, Reyes… La novena posición global en anotación (81,2 puntos) no iba de la mano en absoluto, con la posición clasificatoria. 

una defensa que hipotecaba aspiraciones

Surne Bilbao Basket ha perdido muchos encuentros (todos los jugados a domicilio hasta la última jornada), en defensa. Las muestras de oficio en ataque que les mantenían en partido, tanto en Badalona o Murcia, Tenerife o Manresa o incluso Valencia, se iban al traste con la labor defensiva. Y este era el termómetro que con más crueldad, les mostraba la realidad en su clasificación. Únicamente por delante de béticos y obradoiristas, es el club con más puntos encajados de todos (por cada 100 posesiones: 115,7). Una barbaridad. Y era un lastre, porque sin fortaleza defensiva, sin poder frenar el flujo de puntos encajados rival en ninguna racha, verse 10 puntos por debajo casi significaba una sentencia, porque había que forzar las rachas de acierto para igualar. 

Ángel Delgado, el bastión reboteador.

Los vascos ya sabían que cuentan con un buen puñado de jugadores que no son buenos defensores en el uno contra uno, sobre todo en el perímetro. El negativo cocktail se complementaba con la utilización de dos “cincos” en pista (¿recuerdan que en los primeros cincos iniciales, entraban Delgado y Miniotas conjuntamente?), que restaba mucha movilidad. Mumbrú buscó paliar tal defecto e incorporó al quinteto a Gytis Masiulis como un ala-pívot abierto. Pero, permítanos el inciso, hay algo que aprendimos en Endesa Basket Lover años ha, de cuando viajábamos y teníamos la fortuna de compartir mesa con profesionales del medio fuera de nuestras fronteras, sacudiéndonos aquello del “barrer pa’ casa”. Si entre directores deportivos, agentes de jugadores y scouts NBA, dicen que la exigencia defensiva de la Liga Endesa está por encima de cualquier otra liga de élite en Europa y entre sus ligas secundarias, la diferencia ya es sideral, lo tomamos al pie de la letra y tal afirmación, se puede plasmar en el bueno de Masiulis. Su llegada esta campaña, le está costando una barbaridad acoplarse a lo que aquí se demanda, viniendo desde la liga lituana. Mumbrú necesitaba algo más. 

Y llegaron tres adquisiciones: Stefan Peno, Khyri Thomas y Damien Inglis. Y miren por dónde, cuando pocos lo esperábamos, el ‘clic’ defensivo se produjo.

Un nuevo escenario

Del jugador menos conocido y con menos talento ofensivo de los tres, Damien Inglis, llegó un cambio radical de un día para otro. Inglis es un pívot potente, de enorme intensidad en pista y sobre todo, terriblemente móvil. Se cambió el dibujo. El baloncesto es maravilloso porque es diverso, rico. Los exteriores con pobre defensa de 1 contra 1 siguen existiendo, pero con él en cancha, ya se involucra al rival en una defensa de 2 contra 2, acciones de pick&roll, “acompañando” al adversario a que elija un lado de la pista. Y ahí entra la determinación de Inglis que sube a presionar a siete metros del aro, que recupera bajo el aro para emparejarse con los grandes, que bloquea el rebote y que, indirectamente, obliga a los compañeros a subir peldaños de intensidad, hasta concretar en ellos la intentona de llegar a su altura. Alguien así al lado, hace apretar los dientes. Todos ganan. 

La defensa ha subido el nivel tras la llegada de Damien Inglis.

No queremos desmerecer al resto, cuyo compromiso defensivo es más evidente en estas últimas jornadas que en las primeras. Y es que hay diferencia. Ahora, Jeff Withey protege el aro (2 tapones en esta racha de 4 victorias como promedio, cuando en las anteriores 11 jornadas que jugó, colocó tan solo 7 en total) y los compañeros desde el lado débil, están mejor colocados para posibles inversiones de balón. Es que es un dibujo muy diferente. 

Tres datos tan solo, pero más que sintomáticos de lo que está pasando. 

La luz que les guía

La mejoría e irrupción de algunos jugadores en esta racha, está llenando de esperanzas al aficionado bilbaíno. Quien nos está impactando, es el veterano Rafa Luz. Vertical como nunca, el base brasileño está contribuyendo con 11 puntos en esta racha de 4 victorias, 50 % en triples y 4 asistencias, incrementando en algo más de 4 minutos su promedio en pista, ante la baja de Jonathan Rousselle (precisamente en estas últimas 4 actuaciones). Por encima de números, está haciendo jugar de lujo a sus compañeros. El ritmo del equipo es mucho mayor ahora y está sacando el balón con velocidad. Un hombre que parecía haber dado ya sus mejores partidos en ACB, está teniendo unas fechas doradas, con mano de santo en la conducción. Que la experiencia de Lude Hakanson le permite ejecutar el pick&roll como no habíamos visto en su carrera y Jeff Withey, seguirá siendo algo blando, pero sus 15 puntos y 8 rebotes en Santiago de Compostela, hacen pensar que se le pueda sacar más partido en ataque. 

Rafa Luz, la dirección y la esperanza en Bilbao.

Andrew Goudelock y Valentin Bigote ya no se toman sus actuaciones como duelos personales a ver quién anota más, sino que la suma de ambos es la suma del resto, con su particular toque para sus tiros exteriores y sus entradas a canasta (la maravilla de ver el manejo de balón de Goudelock, joya absoluta de nuestra competición).

Y así están en Bilbao, de nuevo con buenas viejas rutinas, de días de gloria del club que hacen sonreír a una sufrida afición, que comienza a ver el color en los suyos que siempre les ha gustado. De tristes tonos sombríos a su orgulloso y flamante negro. Por supuesto.

Entradas relacionadas