Mareks Mejeris: El ‘prospect’ letón que no lució en Fuenlabrada

Si algo ha caracterizado en las dos últimas décadas al Baloncesto Fuenlabrada como club ha sido su política arriesgada de fichajes, tirando de ingenio cuando la economía es una de las más modestas de la Liga Endesa. Ese intentar ver lo que otros no han visto en el mercado a veces ha dado éxitos rotundos (los ejemplos son innumerables) y también fiascos llamativos. Hoy vamos a ponernos con uno de estos últimos: Mareks Mejeris, al que se le firmó un contrato de cuatro temporadas en 2013… y apenas cumplió media.

Huelga decir que este ala-pívot letón de 2,07 tenía una pinta estupenda. No era ya su altura, estupenda para actuar como ‘3’ si terminaba de adaptarse, sino también su movilidad y recursos técnicos. Quien realmente le descubrió para España fue el Clavijo de Logroño, que recién cumplidos los 20 años le hizo debutar en LEB Oro procedente del Liepajas Lauvas y tras haber despuntado en el Europeo sub-20 disputado en Bilbao. Aquella temporada 2011-12 tuvo un papel muy testimonial (3 puntos y 0,8 rebotes en 11 minutos), peo en la siguiente dio un salto exponencial (9,5 y 5,2 en 23), lo que animó a la secretaría técnica fuenlabreña a realizar una gran apuesta con un vínculo largo. “¿Y si nos sale bien? Nos ayudará en la pista y luego le venderemos”, debieron pensar. El interés de la NBA (con ‘workouts’ pre-draft con varias franquicias aquel verano) animó a creer que era un tiro muy bien lanzado.

Nada más lejos de la realidad: solamente 9 partidos pisando muy poco la cancha hasta el punto en que es más airoso para él poner sus números totales y no los promedios: 18 puntos y otros tantos rebotes en 102 minutos y un sonrojante 1 de 9 en triples. Hay un mundo entre los 21:05 (incluyendo la titularidad) que le dio Chus Mateo contra el UCAM Murcia en la jornada 1 al 1:20 en su último partido frente al Valladolid. 

Todo eso le abrió la puerta de regreso a la LEB Oro mediada la campaña, cuando era ya un jugador hundido en el fondo del banquillo. El Tizona Burgos fue su destino, recuperando prácticamente el mismo papel y números que tuvo en La Rioja, y ayudando a conseguir plaza de ascenso.

Volvió a su país cedido por el Fuenlabrada. Y lo hizo en uno de los grandes de Letonia, el VEF Riga, donde terminó demostrando que la oportunidad en una competición tan potente como la española le había llegado demasiado pronto. Excepto unos meses en el Chalon, pasaría allí las cinco siguientes temporadas con buenas estadísticas (rondando los 10 puntos y 6 rebotes) con un ‘highlight’ especialmente reseñable: ser el jugador más valioso de la final de la 2016-17, ganada al Ventpelis por un contundente 4-0 con 19,5+7,3 de nuestro protagonista.

En 2019 volvió a emprender la aventura en un basket más exigente como el italiano, permaneciendo dos campañas con el Parma a buen nivel. Allí sigue en la 2021-22, recién cumplidos los 30 años, quizás pensando en aquellos días de Fuenlabrada y en por qué no terminó de funcionar.