Lucas Nogueira: Auge y caída de la promesa brasileña

Es, probablemente, una de las historias más tristes que se han dado en el baloncesto mundial en la última década: el rápido ascenso y aún más vertiginoso descenso de Lucas ‘Bebe’ Nogueira. El canterano brasileño de Estudiantes, un pívot que parecía aunar todas las cualidades físicas y técnicas, se marchó seguramente demasiado pronto a la NBA y volvió de ella cuatro años después habiendo jugado muy poco. Cuando intentó reinsertarse en la élite de la mano del Fuenlabrada se le vio muy lejos del nivel que tenía anteriormente y  fue cortado al poco tiempo. Y a principios de 2021 anunció su retirada con solo 28 años, aunque en verano se dio una nueva oportunidad en el Sao Paulo. ¿Lesiones? Seguro. ¿Malas decisiones? También, claro.

Nogueira, como bien le define Lucas Sáez-Bravo en El Mundo, es un diamante en bruto que nunca llegó a ser pulido. Llegó a Madrid en 2008, con solo 16 años, en lo que pareció una jugada magistral de ‘scouting’ del club, que fue horneándole poco a poco hasta que le hizo debutar en la Liga Endesa en la 2011-12. “Nunca imaginé que todo fuera tan rodado. El primer año en España lo pasé muy mal porque me vine solo y fue un cambio muy grande, pero después todo comenzó a encajar”, dijo en El País en una entrevista en la que más tarde nos detendremos másLe bastaron 4 partidos aquella campaña, 34 en la siguiente y 18 en la 13-14 (sin grandes números, vaya por delante) para que los Toronto Raptors viesen en él un jugador aprovechable. Se hicieron con sus derechos (había sido escogido por los Celtics con el número 16 del ‘draft’ de 2013), pero nunca llegó a cuajar mínimamente en la franquicia canadiense. Enviarle a los equipos asociados de la liga de desarrollo no se notó en su rendimiento en la NBA, de donde tuvo que volverse cuando terminó su contrato (3,2 puntos y 2,8 rebotes en 12,4 minutos en pista en un total de 141 partidos en cuatro años).

Ahora es fácil decirlo, pero seguramente debió esperar un poco más para dar el salto. Pero la liga norteamericana es algo demasiado tentador: “A los 18 años vi claramente que podía llegar a la NBA. Lo noté en los torneos que jugué con la selección brasileña en EE UU. Sabía que venían a verme ojeadores a España, pero quería probarme contra los estadounidenses. Vi que tenía cualidades de sobra”. Lo que le esperaba eran “cuatro años dificilísimos” porque “el banquillo me fue matando”.  “Cada día hay que luchar por el puesto y cada verano llegan 60 nuevos. Es muy difícil mantenerse y hay que aprovechar cualquier mínima oportunidad. Es un entorno hostil e individualista en el que te tienes que defender solo. Pero ese no fue mi problema. Mis males no estuvieron en la pista sino fuera”, reconocía en El País en 2018, cuando todavía tenía esperanzas de regresar. 

El capítulo de Fuenlabrada reveló que era ya un caso difícil, visiblemente pasado de peso. Apenas fue alineado en nueve encuentros (3,6 puntos y 1,8 rebotes en 10,8 minutos) antes de ser cortado. Se quejaba de que arrastraba la fama de salir demasiado por su etapa anterior en el Estudiantes, pero que había ya aprendido y que tenía una vida tranquila.  “Vengo al Fuenlabrada a intentar descubrir quién soy, a acercarme al jugador que fui. Perdí toda la confianza y la felicidad por el camino. El reto es ayudar a mi equipo pero, sobre todo, demostrar a la gente que no soy el monstruo que piensan”, sostenía.

Desde entonces ha tenido un pie fuera del baloncesto y otro dentro: firmó en la liga de Baréin y luego en su país con el Cearense de su país, tras lo que llegó ese anuncio de retirada que fue revocado para incorporarse al Sao Paulo con su excompañero en los Raptors Bruno Caboclo. Veremos qué tal le va, pero sería una auténtica sorpresa que volviese a ser el que fue, pese a que solo tiene 29 años.