RETRATO Nº 109: “Las perforantes maneras de Lemone Lampley

Desde Endesa Basket Lover queremos vuestros recuerdos. Que forméis parte de la  historia también. Momentos que marcaron vuestras y nuestras vidas, imágenes que  sirvieron para inmortalizarlas. Y eso es lo que queremos, enmarcar todos esos retratos,  que forman parte un poquito de nuestras vidas. Cada semana os mostraremos una  instantánea para que nos cuentes dónde y cómo lo viviste. Seguro que sirvieron para  enamorarte aún más de este deporte. Cuáles eran tus expectativas a partir de ese  momento, qué supuso para ti aquel día, cómo lo recuerdas. Siempre hay historias  alrededor de estos retratos, algunas incluso que ayudan a acrecentar su épica. Siéntete  partícipe y háblanos de tu experiencia. Endesa Basket Lover servirá como tablón y  escaparate. Estamos deseando escucharte. RETRATO Nº 109: “Las perforantes maneras de Lemone Lampley” por Antonio Rodríguez (18/12/2021) Copa del Rey 89/90. Cuartos de final: RAM Joventut 94-78 DYC Breogán (10.02.90) Sea Zaragoza, Tenerife o Badalona, ¿qué más da?, la imagen de Lemone Lampley en el baloncesto español es la misma que vemos en la instantánea para cualquier ciudad en la que recolectó un ejército de fans: perforante. Vean la tensión en sus brazos, la inclinación del aro y la forma de la red, como para hacernos una idea de su contundencia en la multitud de mates que llegó a ejecutar. Lemone Lampley aterrizó en nuestra Liga ACB en Zaragoza, en el verano del 87 y les aseguramos que envuelto en todo el escepticismo a su alrededor. Para empezar, era el sustituto de un “santo y seña” del CAI Zaragoza, Claude Riley. Tras tres años a la sombra de la Pilarica, Riley regresaba a Italia. Y no solamente eso, sino que Eugene McDowell, otro de los artífices con el que los zaragozanos lograron su mejor clasificación de su historia, el 3º puesto, fichaba por el Barça. Así que, Lemone Lampley, casi con sordina, llega a España, curiosamente del mismo club del que procedía Riley desde Italia: Sebastian Rieti. Y ya en pretemporada vimos un jugador muy alto (2.08 de estatura) para la gran movilidad que tenía. Exceptuando la elegancia y el tiro exterior de su predecesor, Lampley era más alto, más atlético, brazos infinitamente más largos y mucho más intimidador. Sin ser alguien quien le gustase jugar al poste bajo (algo más acorde con los tiempos actuales que entonces), lo que más y mejor sabía hacer era una suspensión a 3-4 metros del aro que, sacada desde tan arriba -estiraba los brazos muchísimo en el momento de sacar el balón-, que lo hacía ser alguien imparable.  ¿Era la estrella del CAI? Pensábamos que no. Entre otras razones, porque su presidente, José Luis Rubio, no encontraba tal estrella y para salir del paso, fichó por dos meses a un tal Tony Brown bastante discreto, a la espera de los últimos descartes NBA. Y la estrella apareció. Lampley serviría de escudero a José “Piculín” Ortiz para volver a lograr las semifinales ligueras. Claro, que “escudero” significaba anotar 18,7 puntos de promedio, con un 58,5% en tiros de campo, 6,9 rebotes y su especialidad defensiva, los tapones, la barbaridad de 2,7 a cada actuación.  Zaragoza veía que la cantera de jóvenes cada vez era más pujante y que la posición de pívots comenzaba a estar más que cubierta (sobre todo, tras el fichaje de Quique Andreu), con lo que fue el proyecto de Alexander Gomelski en el Tenerife Nº 1, quien le dio continuidad en nuestro país. Como quiera que lo de Gomelski fue más desventuras que buenas nuevas, Lampley vio varios compatriotas desfilar a su alrededor sin dar con el ideal (incluso el propio Gomelski no finalizó el curso) y salvaron la categoría en un playoff de descenso agónico. Eso sí, aquella 88/89 interminable en la que jugó 44 partidos, se fue a sus máximos de 21,1 puntos, 55,3% en tiros de campo, con 9,4 rebotes y 2,2 tapones, siendo el referente ofensivo en una campaña que, colectivamente, fue para el olvido. Y llegó Badalona. Alfred Julbe vio en él un comodín para muchas alternativas de juego. Pudiera ser un “5” extremadamente rápido, haciendo pareja interior con Reggie Johnson, un “4” para salvaguardar a los jóvenes Juan Antonio Morales o Carlos Ruf mientras ganaban consistencia o, lo más usado, hacerlo junto a Morales y Johnson como oficial “3” del equipo, aunque en realidad era un ala-pívot más para jugar al triple poste, ante la veteranía y la merma de minutos de Josep María Margall Aunque sus estadísticas fueron las más discretas (16,7 puntos, 56,5% en tiros de campo y 6,7 rebotes, jugando 4 minutos menos que su promedio anterior), su ayuda al colectivo fue decisiva para que la Penya llegara nuevamente a la final de liga ACB y sobre todo, lograr el segundo título europeo en la historia del club, con la consecución de la Copa Korac en 1990, ante la Scavolini Pesaro. Por eso en Badalona es tan querido. Supo adecuarse a lo que Julbe buscaba, ayudó a un poderío interior importante en los verdinegros y se mostró como un hombre alto muy rápido en transiciones y tipo sacrificado tanto en defensa como en ataque. Tanto, que años más tarde, Bogdan Tanjevic lo adquirió para la Stefanel Trieste en la tarea de arropar y ayudar a la nueva estrella europea emergente, un tal Dejan Bodiroga. Por eso nos gusta ver esta estampa de sus mates. Siempre aseguraba espectáculo en el Ausías March -antiguo pabellón del Joventut- como para que el graderío vibrase y de qué forma. Tres años en España que dieron para mucho. Ahora, tocar echar de la memoria. La tuya. ¡AHORA TE TOCA A TI!