Marko Ljubicic: Base alto ‘colchonero’ en Manresa

Cumplió bien Marko Ljubicic en su paso de media temporada (la 2013-14) con el Basquet Manresa por la Liga Endesa. Lo expresa bien el hecho de que llegó a prueba para dos semanas como refuerzo provisional y terminó quedándose hasta el final de la campaña. Era un jugador alérgico a cometer errores, de los que arriesga poco, y que además hacía valer su buen físico para la posición de base (1,96 de estatura).
Resultó un buen hallazgo, ya que no se trataba de un jugador especialmente conocido a nivel internacional. Nacido en Novi Sad e internacional en categorías inferiores con Serbia, fue el sorprendente jugador más valioso de la liga de su país en 2011 jugando para el Metalac Valjevo, lo que le procuró una salida a su exterior que sin embargo no terminó de cuajar en cuanto a rendimiento (Ikaros Kallitheas griego y Cherkasy Monkeys ucraniano). Tuvo que regresar a su ciudad con el Meridiana y allí es donde jugaba cuando fue reclamado desde el Nou Congost. A Dominic Waters le habían enseñado la puerta con dirección a Alemania y hacía falta a alguien para reforzar la dirección, compartiendo rol con Alex Hernández y Joan Creus. “Son dos, tres o cuatro años más jóvenes que yo. Pienso que son buenos jugadores. Tenemos que jugar como un equipo y no como jugadores individuales”, dijo unas semanas después sobre ambos. Fue en naciodigital.net, donde contó que le había pedido referencias a su amigo Nemaja Aleksandrov antes de llegar y que la ciudad le había “muy bonita, pequeña y con gente muy agradable. Y el club está muy bien organizado”.
Ljubicic, pese a ser de características diferentes a su antecesor, aterrizó bien en lo individual, aunque en lo colectivo las cosas nunca terminaron de funcionar aquella campaña en Manresa. No sería por su culpa: 7,6 puntos y 2,6 asistencias en 17 minutos de media, quizás mejorable en el acierto en el tiro (43,9% en los de dos y 28,6% en triples), pero globalmente más que correcto. Eso sí, el balance de esos 16 partidos empujó a la depresión y, por descontando, al puesto de descenso: solo dos victorias.


Tras aquello, regresó al baloncesto del este europeo, de donde no se ha movido ya, empezando por el sitio donde mejor jugó, el Metalac Maljevo, y siguiendo por experiencias en Macedonia (Skopje), de nuevo Serbia (FMP Beograd), Bosnia (Igokea), Croacia (Cibona), y Hungría (Alba Fehervar). La pasada campaña estuvo en la Vojvodina, donde con 36 años le dio para promediar 7,5 puntos y 5,3 asistencias en 23,2 minutos. Debido a su altura también ha alternado en estos años la posición de base con la de escolta.
Lo mejor de la entrevista antes mencionada es que se declaraba seguidor del Atlético de Madrid: “puede parecer un poco extraño pero en Serbia hay gente, amigos míos, que son fans del Atlético. Empecé a seguirlo cuando era niño porque había jugadores de mi país. Y el entrenador, Radomir Antic, también lo era la última vez cuando ganó la liga, el año 96 o 97. En España, todo el mundo es del Barça o el Madrid. Quizás es un poco extraño pero yo soy del Atlético”.

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