EL MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA: McFadden, seis triples en cuatro minutos

Que miren que hemos buscado algún titular contundente, quizá preciosista, que envuelva la magia que supone el ver a un señor anotar nueve triples en un partido. Pero nada va a igualar lo que realmente logró el escolta Thad McFadden en el Coliseo burgalés: seis triples en cuatro minutos de juego, ya de por sí solo, es tan perforante como chocante. Lo dejamos en eso. 

Esperaba impaciente saltar a pista, delante de quienes fuesen sus aficionados durante dos temporadas. Y es que todo lo que sucede en Burgos, cala, Y no es para menos. Daba pequeños saltos, se apoyaba en el respaldo de su silla siguiendo el juego, de pie, con la tensión como para no poder sentarse, hasta que a falta de 03:47, finalmente saltó a cancha. Y llegó la locura. 

En su primera acción, con un bloqueo directo, anotó un triple. Segunda jugada, exactamente igual, otro bloqueo y Marc García, a lo más que tiene tiempo, es a ver volar el balón en el segundo triple. La mano fácil, el toque conocido de nuevo (tras un gris 22 de 81 que iba acumulando este curso), el escenario más ideal. Para el tercer triple, desistió entrar a canasta y con el balón en las manos, volvió sobre sus pasos y se giró cuando salió del círculo de 6,75. A esas alturas, el run-run desde el graderío previo al nuevo intento, era más que notorio. Y la angustia comenzaba a crecer.

Era tanta ya la fobia rival que, en la siguiente posesión, saltaron hasta tres jugadores sobre él, viendo a James Webb III tan abandonado por cualquier defensor, que le pasó el balón para lograr el ala-pívot el triple más sencillo de toda la velada. Claro, que el festín no podía parar y zafándose de tres jugadores de nuevo, con su mecánica rápida, suave, no necesariamente académica (ni hacía falta hacer el gesto de finalizar cuando los dedos están tan candentes), anotó un cuarto triple. Y Salva Maldonado tuvo que pedir tiempo muerto. Los que portaban bufandas, no se lo creían. Y McFadden entre la música de ambiente, un casi ahogado “¡No quiero tres jugadores con él! ¡Quiero que lo defendáis bien!” como una súplica en el corrillo del nuevo entrenador burgalés… que tampoco sirvió de mucho. Porque a la siguiente posesión, el quinto triple. En tres minutos. No hemos visto nada igual en mucho tiempo. El éxtasis y la mirada sonriente de nuestro protagonista al cielo. Llegó el final del primer cuarto con 28-32, con un sexto intento, tras el 5 de 5, en mitad de la creencia del “hoy sí entra todo”, que tampoco lo abandonó mucho.

Pues en la segunda posesión del siguiente cuarto (puesto que la atención que causaba, propició que Augusto Lima se queda se solo), clavó el sexto, como un martillo pilón lo hace con los clavos en un ataúd. El murmullo de sus ex aficionados ya era del mismo asombro como los que estábamos delante de la pantalla. 28-37 y el encuentro encarrilado para los suyos. 

A partir de ahí se dedicó a jugar con sus compañeros, aunque tenía tres regalos más que fue repartiendo en los catorce minutos que añadió en cancha tras los transcurrido. Total,  29 puntos en poco más de 18 minutos que estuvo en pista. Algo hipnótico, para recordar y la parroquia para seguir recordándolo. En la tarde noche del pasado sábado, en una de las esquinas de la ciudad de Burgos, Thad McFadden hizo sentir la mezcla entre frustración y admiración que solo los grandes pueden arrancar a los aficionados. Fue el ídolo y nos dejamos de apelativos para definir esa fiebre durante cuatro minutos que nos envolvió a todos, como el MOMENTO BASKET LOVER DE LA JORNADA. Tan solo, volver a releer el título. Sobra añadir nada más.