Dani Pérez, el señor del tiempo

“Dame un reloj y ganaré cualquier partido”. Frase en tono caoba, desgastada ya por el tiempo, usada hace un puñado de décadas en Estados Unidos en boca de sus entrenadores en el baloncesto universitario. Era un comentario casi altivo y muy exagerado de los beneficios que podía otorgar el saber utilizar el crono cuando no había límite en las posesiones de balón y el rival tenía una entidad superior. Los tempos podían ser exageradamente dispares y era un componente más de las partidas de ajedrez en las que se convertían aquellos encuentros. 

Hoy día, los tiempos han cambiado mucho. Sin embargo, lo que permanece es que, ser el dominador del tiempo, saber usarlo, encontrar el momento preciso, conduce al éxito. Necesita de una mente privilegiada, eso sí, que controle todo a su alrededor. Así que, sin más dilación, les presentamos: señores, con todos ustedes, el base titular de BAXI Manresa, Dani Pérez.

Vuelvan a recrearse con la canasta más decisiva de este fin de semana en Liga Endesa: el triple de nuestro protagonista para hacer claudicar en la prórroga al Lenovo Tenerife (95-93). Cuando se está tan al límite, tras cuarenta y cinco minutos con su consiguiente prórroga, de la mano de la fatiga, todo igualado y los compañeros te otorgan el privilegio-traición de recibir la última pelota, no hay cubilete encima del tablero, desgranando décimas, que valga. Eso es para los aficionados, para el televidente, no para quien tiene la responsabilidad de jugarse el último tiro. 

El responsable de tal suerte debe tener toda una ingeniería suiza en su cabeza para saber hasta dónde estirar tales décimas de segundo y asestar el golpe. Ante tal presión del momento, del rival obstaculizando, de miles de ojos sobre su cogote, recibir, dar un bote con un paso lateral y saber que, ahí sí, es el momento para levantarse en suspensión y ganar el partido, es pura maestría. Dani Pérez es un maestro. 

Es el señor de tiempo. Porque controla cuándo y cómo hacer. Sin un físico privilegiado, seguimos maravillados por la facilidad y el rédito que saca con su repertorio en el “pick&roll”. Este curso, debiendo presentarse y ser presentado ante 7 compañeros nuevos, con sus distintas peculiaridades, sigue en la élite. Saber lo que hacen bien y cómo hacerlo las más veces posibles. Crear una factoría, un sello propio con el pívot Ismael Bako, “montar el circo entre ambos” y degustar algunos de los mejores manjares con sus acciones. Y para tal armonía, hay que marcar y muy bien los tiempos. 

Dani Pérez inicia el partido pidiendo un bloqueo y al primer pestañeo, ¡zas!, ya ha dado el latigazo con su brazo izquierdo, el pase a una mano y viendo anotar al compañero, que es a lo más que da tiempo para el rival. Y a la siguiente jugada se pega más al bloqueador y espera, ya obviando la sorpresa inicial. Mantiene el balón y la calma, hasta que el colega de faena ya está colocado y sabe que es el instante adecuado. Canasta. A la tercera, unos defensores escarmentados aguantan, aguantan… hasta que se dan cuenta que le han dejado el pasillo para ir enfilado hasta el aro, más pendientes del bloqueo. Tres muestras para dejar descolocado al más pintado.

Claro que, con Bako al lado, la vida es más fácil. El pívot belga posee unas condiciones físicas tan notables que, aun recibiendo el balón un metro más alejado de lo esperado, es capaz con sus interminables zancadas, de acabar con la bandeja prevista. Tan fácil coger un balón bombeado, especialidad de Chima Moneke y anotar en el segundo esfuerzo (¿cómo lo hace con la estatura que tiene?). La precisión del pase va en la calidad del base. La precisión del momento va en la naturaleza de Dani Pérez.

Y como ven, abrimos el artículo glorificando su canasta en suspensión sobre la bocina. Saber tirar (35,1% en triples) y ser temido por sí solo, es otra parte de su sólida base, donde la veteranía y su conocimiento de lo que pasa, forman la estampa de un jugador sobresaliente. Y que como colofón, gana partidos. Siempre marcando tiempos, siempre eligiendo el instante correcto. “Dame un crono y ganaré cualquier partido”, en Manresa se traduce como “da el balón a Dani Pérez y espera a que suceda”. Porque con el esférico en sus manos, todo lo bueno está por venir. En el momento exacto. El señor del tiempo.