“Flash” Pradilla

Imaginen el nivel de intensidad -y su consiguiente desgaste- que conlleva jugar frente a UCAM Murcia. Al día de hoy, estamos hablando de uno de los equipos más capacidad atlética, concentración -los 40 minutos- y con mayor fe en sus posibilidades de toda la Liga Endesa. Personifiquemos todas esas cualidades en uno de sus jugadores que mejor encierra y ejemplifica ese espíritu a cada actuación. James Webb III no da respiro. Es el primero corriendo transiciones para recibir y anotar, el primero en correr hacia atrás, en coger la posición para el rebote, el primero en llegar allí donde ve un compañero superado por el rival. Si se abre para un bloqueo o a la esquina, recibe y anota triples. Y se ve superado en defensa, su velocidad de reacción es de asombro y pocas tretas quedan para irse de él. Pues ahí tenemos a Jaime Pradilla, el actual ala-pívot titular de Valencia Basket, mirando a su cómplice de desventuras, Nenad Dimitrijevic, para que con un gesto y un balón certero al sorprendente arranque de Pradilla, reciba y finalice con un mate delante de las narices de Webb III, planteándose dónde había estado el error. Un simple pestañeo de duración, un poco de fantasía, un mucho de sapiencia y … foto para la galería de este joven de 20 años tan solo. 

Pradilla ha tenido que contar con muchísimos más galones, por obligación, en el arranque de este curso. Tras ser el quinto hombre interior el pasado curso (tras Dubi, Tobey, Labeyrie y Williams), ha pasado a ser la referencia en la posición de ala-pívot desde el quinteto titular. Y con su esfuerzo, está ayudando a mantener a su equipo con 2 victorias y 2 derrotas (curiosamente, ambas en La Fonteta), intentando navegar en el espeso lodazal de las permanentes lesiones (por suerte, recuperado Jasiel Rivero, aún restan Van Rossom, Prepelic, López Aróstegui y Tobey).

En Endesa Basket Lover pusimos nuestros ojos en la calidad del zaragozano durante el Campeonato de España junior disputado en la primavera de 2018 en Badajoz. Junto a su tocayo Jaime Fernández, eran los dos mejores casos de juego al poste bajo que lucieron en toda la competición. Y si había que surtir de balones, ya se encargaba Carlos Alocén. Jaime Pradilla usaba los pies con maestría, fintas y pivotes para sortear a rivales, finura en sus manos para tiros cortos por extensión, semiganchos y aventurarse a canastas de las que no estábamos ya acostumbrados, entrega como en un coleccionable por fascículos que sonaba tan añejo como sus virtuosos pasos en el poste bajo. Tan…igual de fascinantes. De la plaza zaragozana, como en sus días de vino y rosas de principios de los 90 con su cantera, volvía a resurgir una generación de enorme talento para competir en lo más alto. Claro, que también la duda rondaba entre los corrillos de expertos en las gradas. “Este chaval, con sus 202 centímetros de estatura y ese juego, sin ser físicamente un portento, ¿dónde tendría el techo?”. 

La posición de ala-pívot es una, quizás la más exigente de la Liga Endesa. Repasen nombres y entenderán la asignatura que encara a cada jornada nuestro protagonista. Por ello, tras sus primeras actuaciones en las que sorprendía y asombraba por su soltura ya descrita en las cercanías del aro, haciendo volar a sus adversarios con fintas y pivotes, durante el curso pasado los rivales se aprendieron la copla y los movimientos llegaron a ser predecibles y menos letales. Sus tiros, si los podía ejecutar, ya eran más forzados y la efectividad bajó considerablemente. Había que seguir aprendiendo y hurgar en técnica individual para sacar partido a una inteligencia privilegiada sobre la pista. Y mientras era el quinto pívot en la rotación de Valencia Basket (8 minutos de promedio), en el silencio de los graderíos que dan los entrenamientos, aprendió a mejorar, a perfeccionar jugadas, a ser un notable continuador de pick&roll y sobre todo, adquirir la maravillosa virtud que hoy lo adorna: su capacidad de sorpresa. Él juega a saltar en una continuación, en un corte, cuando su rival no lo espera. Él sabe que el tiempo es limitado en tales ‘efecto sorpresa’ y debe actuar rápido, recibir y tirar. Porque ni sus músculos ni su velocidad dan para encarar con estos argumentos a muchos de sus pares. Y por ello, James Webb III se sintió impotente ante la relampagueante sucesión de acciones de Pradilla, hasta culminar en mate. 

Con cuatro titularidades a sus espaldas en estas cuatro jornadas, promediando 22 minutos y sirviendo de lugarteniente al rey de la zona taronja, Bojan Dubljevic, va encontrando su camino para hacerse notar y ser importante en los nuevos esquemas de Joan Peñarroya. Un 55,6% en tiros de campo, si obviásemos el 0 de 5 en triples, que poco mancha lo mucho y bueno que hace, acompañando a 5,3 puntos y 4,3 rebotes y encontrando aliado en los highlights, gracias a la fantasía de Dimitrijevic, en perfecta comunión con él. Saber y entender del momento en el que “Flash” Pradilla actúa, guiándole en la dirección, es una combinación de brillantez que al aficionado no le deja indiferente. Por eso tenemos predilección por ellos. 

La madurez de Jaime Pradilla no implica -al menos, hasta ahora- su gracilidad en el juego de pies al poste, su chispa para jugar y sí va complementándolo y rodeando con más variedad en su repertorio. Y ello, envuelto en una sólida fortaleza mental que se exige a un titular de un equipo puntero como en el que milita en la actualidad, si además vienen mal dadas con el infortunio de las lesiones y hay que ser ‘un poco más’ en todo. Jornada a jornada, disfrutamos de los pasos seguros de uno de los jugadores más destacados de nuestro panorama nacional. Amamantado del baloncesto de antes, creciendo en el de ahora, “Flash” Pradilla sabe poner la inteligencia al servicio de su brillantez. Y eso nos gusta. Mucho.