El control del Anadolu Efes le da su primera Euroliga

El año pasado parecía ser su año. Nunca Anadolu Efes había sido campeón de la Euroliga, ni parecía tenerlo tan cerca que en el ejercicio 19/20. Tras llegar a la final de Vitoria en 2019 con cierta sorpresa y viéndose con poso de gran equipo, apostó el siguiente curso en el que fueron a una velocidad que los demás no podían. Y de repente, el mundo se paralizó. Y ellos tuvieron que parar en seco. Francamente, era muy difícil volver a arrancar sin su público, con todas las dudas habidas allá por octubre cuando hubo que “pedalear” de nuevo. Dudas acrecentadas con la lesión de Shane Larkin para comenzar esta 20/21 y ver que el primer día, en casa, son derrotados por el respondón Zenit St. Petersburg. Y más todavía cuando el segundo día, también en casa, son superados por sus vecinos, Fenerbahçe. Las dudas existían y eran grandes. Por eso, lo de ayer tuvo mucho mérito.

Anadolu Efes es el rey de Europa con todo merecimiento, porque supo jugar muy bien esta Final Four y en concreto, la final. Porque tiene dos hombres manejando el CONTROL de todo, que fue la clave para salir victoriosos. Lo hicieron a cada momento este fin de semana, exceptuando la locura colectiva en la que se vieron envueltos en los últimos minutos de su choque de semifinales ante CsKA Moscú, donde la veintena de diferencia fue el paisaje habitual. Y tal protagonismo recayó en dos fenómenos llamados Vasilje Micic y Shane Larkin. El primero, siendo el MVP de la temporada, sabiendo jugar de verdad a la hora de la verdad ¿Lo recuerdan en la semifinal del Fernando Buesa Arena, 24 meses atrás? Pues esta vez, lo mismo. El segundo es el jugador más determinante que hay en Europa. Tanto fue así que muy consciente de su desacierto en anotación en la primera mitad, que sus tiros no entraban (0 de 4 en tiros de campo), se encargó de forzar y anotar 9 tiros libres. Liderazgo y un conocimiento de lo que pasaba desde su dirección, sobresaliente. Porque en la segunda mitad logró un 4 de 5 en tiros de campo, para un total de 21 puntos.

Supieron ver el daño causado en el tobillo de Nick Calathes y la arriesgada apuesta de Sarunas Jasikevicius con su titularidad, a sabiendas que no podía realizar apenas desplazamientos laterales. Y aunque lo pusieron por momentos a marcar a Krunoslav Simon para no encargarse directamente de las estrellas del plantel de Ergin Ataman o cambiar de asignación automáticamente cuando sí lo hacía, tanto Micic como Larkin encontraron en estos reajustes provisionales una solución. Y se dedicaron a buscar bloqueos y doblar balones para que el pívot Sertac Sanli fuese determinante en los primeros compases. Y esta sensación de control parecía apropiarse en los turcos cuando, saliendo el F.C. Barcelona como verdaderas motos en ataque con un gran acierto (sobre todo en la figura de Brandon Davies, 8 puntos en los primeros 8 minutos de juego), les fueron aguantando en el electrónico, porque sabían encontrar ‘las cosquillas’ de la defensa azulgrana. 

Y en la reanudación del tercer cuarto, más cansado el base griego, insistieron mucho más. La primera entrada de Micic y el triple posterior de Larkin fueron un canto al “dame un bloqueo directo y te crearé un imperio”. Y por ello, a Calathes lo sentaron con tan solo dos minutos y medio de juego transcurrido, pues era demasiada la desventaja. Defendieron con la actividad habitual en ellos, con hombres importantísimos en Bryant Dunston y el ex azulgrana Chris Singleton. Maniataron bien a la estrella rival, Nikola Mirotic (11 puntos con 4 de 12 en tiros de campo), prohibieron cualquier ventaja a la salida de los bloqueos de Kuric (2 de 7 en triples y 1 de 5 en tiros de campo en la 2ª mitad), con lo que obligaron a buscarse sus propias opciones de tiro para poder hacerlo, algo fuera de guion. Y esa fue la tónica casi con todo el colectivo barcelonista. 

Y cierto que los hombres de Sarunas Jasikevicius, tirando de individualidades ante la falta de orden y concierto en el que les envolvió Anadolu Efes, logró igualar el partido (72-72) en los últimos minutos con un enorme derroche de coraje y fe en sus posibilidades. Pero en esas, se encargaban de volver a romper tal igualdad. Primero una entrada de Larkin magnífica, arrancando tiro adicional, más dos canastas casi consecutivas de Micic (76-81 a falta de 01:22) y todo en orden de nuevo. Ellos tenían el control, lo mostraban de forma aplastante y sin necesidad de acudir a la anotación de Rodrigue Beaubois y Simon (3 y 4 puntos respectivamente), entre los dos líderes de los turcos se bastaron y sobraron (46 puntos entre ambos). 

Al final, 81-86 y un título en Colonia que quizás, debieron haber obtenido un año antes en este mismo escenario. ‘Nunca es tarde si la dicha es buena’ pensarán sus aficionados. Desde que asomaran la cabecita por primera vez en el concierto europeo, con el genial Petar Naumoski allá por 1994, creando un run-run que se avecinaba un grande de Europa en nuestras vidas, el trayecto de Anadolu Efes hasta reinar ha sido largo y bien hallado. ¡Enhorabuena, campeones!

El Barça, lastrado y sin soluciones

Es muy fácil hablar a todo pasado en mitad de la decepción azulgrana, por haber perdido su primera final en la tercera ocasión que podía disputarla en esta concepción de Euroliga que arrancó en la 00/01. Unos jugadores frustrados que hicieron todo lo posible cuando parecía que no era el día propicio y aun así, hicieron soñar a sus aficionados cuando empataron a 72 con los tiros libres de Cory Higgins a falta de 04:03. Pero en la segunda parte sobre todo, iban por embestidas y arranques de gallardía y acierto cuando tocaba, sin ver en ningún momento un flujo consistente al que auparse.

La defensa, una de las más destacadas de la competición, se hipotecó en un tanto por ciento cuando se tomó la decisión que Nick Calathes jugaría la final. Con su dramático esguince de tobillo en semifinales, asumieron el riesgo que lo haría bastante lastrado (aunque podía correr, apenas podía desplazarse lateralmente). Ahí estaba la apuesta que no resultó. A estos niveles, en una final de Euroliga, con hombres como los mencionados Micic y Larkin, la desventaja se amplificaba. Y eso que ya era un problema a solventar, testigos y conocedores en San Petersburgo de lo que Kevin Pangos fue capaz de hacer. 

Y la defensa trascendió en el ataque, pues Leandro Bolmaro fue el director la mayor parte de minutos buscando el nivel apropiado atrás. Y una reválida de este calibre… llegará a ser un gran jugador, pero esta asignatura le llegó demasiado pronto. Fueron muchos minutos en los que faltó el orden que no se encontró en pista. Kuric debiendo recibir a 9 metros del aro para que se las componga como pudiera para tirar, Davies sin poder hacer el daño en poste bajo de la primera mitad, asumiendo desde entonces riesgos en tiros exteriores que no cuentan la misma efectividad, Mirotic obcecado en anotar desde poste bajo en uno contra uno como única solución, porque los triples no le daban réditos… Solo Higgins, que es el mejor “generador de canastas” exterior azulgrana, quien sí supo anotar (23 puntos) con su cadencia habitual. 

El carisma de Pau Gasol tampoco fue suficiente, porque no podía llegar al dinamismo  de los rivales que lo defendían. Para la historia quedará su gran tapón a Sanli, pero poco más.  Dunston, Singleton o Moerman sabían cómo utilizar sus virtudes ante menor estatura.  Ahora, lo fácil es pensar en los hombres que no utilizó Sarunas Jasikevicius. Y sí que  hubiesen creado nuevas vías para conducirles… a saber. El baloncesto son elecciones y tanto el  plantel como su entrenador como máximo responsable en decisiones tácticas, se arriesgaron  en decantarse por unas concretas. Y en las elecciones se acierta y se yerra. Es lo bonito del  deporte y, para los barcelonistas, lo cruel en este caso.