Txemi Urtasun: La rápida adaptabilidad como bandera

15 equipos en 20 años como profesional… y ninguno en Navarra, su tierra natal. Txemi Urtasun es uno de los jugadores españoles con más facilidad para hacer la mudanza e ir de acá para allá. Apenas ha repetido en temporadas consecutivas en Sevilla y Málaga, mientras que ha tenido distintas etapas en Zaragoza, Alicante, San Sebastián y la propia Sevilla. Con 36 cumplidos está en la recta final defendiendo los colores del Lucentum, pero se encuentra bien físicamente todavía. “No es importante el tema de jugar muchos minutos, sino que el entrenador te encuentre un rol y que te sientas importante. No es un inconveniente estar en LEB Oro si te sientes valorado. Quiero acabar con buenas sensaciones”, cuenta.

Urtasun lleva la canasta en el ADN y no solo por ser gemelo de otro ilustre de la Liga Endesa, Alex Urtasun, actualmente en el Urban Fuenlabrada. No es una frase hecha: su padre entrenaba a su madre cuando se conocieron y hay un hermano mayor, Pope, que también jugó.  “El baloncesto siempre ha estado muy presente en casa”, resume.

Txemi nació 15 minutos antes que Alex, pero tradicionalmente se dice que el mayor es el segundo en ver la luz. Tras compartir la etapa de formación en el Siglo XXI, en sus dilatadas carreras profesionales nunca han llegado a coincidir en el mismo vestuario. Sí lo han hecho como rivales, una experiencia que nuestro protagonista no recuerda con excesivo agrado. “Me costaba. Hemos estado juntos día a día hasta los 18 años e intentar quedar por encima de él en una cancha era duro. Con el tiempo se normalizó un poco, pero es una sensación de la que no he disfrutado. En algún partido hasta le pedí a algún compañero que me cambiase el marcaje y se encargase él de Alex”, cuenta. Considera a su hermano “más extrovertido”, pero estima que son “en esencia muy similares”.

Bilbao, La Palma, Zaragoza, Breogán, Gipuzkoa, Estudiantes, León, Alicante, Sevilla, Unicaja, Gran Canaria, Obradoiro, Melilla, Ourense…  Raro es el rincón de España que no haya disfrutado de su fino tiro exterior. “Cambiar tanto no es algo que yo haya querido exactamente, sino más ha sido por las circunstancias. Hasta llegar a Málaga, todas las oportunidades que tuve fueron de crecer. Por ejemplo, me hubiese encantado quedarme quizás en Sevilla, pero era la de Unicaja una oferta de Euroliga”, apunta.

Al final ha acabado haciendo de esa facilidad para adaptarse a sitios nuevos toda una virtud. “Cuando llegué al baloncesto profesional, que es muy duro y se queda mucha gente por el camino, resultó importante ir a lugares, entrenadores y compañeros distintos y que me fuese bien enseguida”, argumenta. Tampoco le ha importado ser un hombre de ‘segunda unidad’: de sus 339 partidos en la Liga Endesa, solo en 130 de ellos ha salido como titular. “Para dar un salto de calidad necesitas adaptarte al papel que te den. Nunca ha sido un problema para mí no salir de inicio. No lo considero importante porque los partidos duran 40 minutos. Hay jugadores que si no empiezan no están bien, pero a mí me da igual”, resume. Promedió 20 minutos con 8,2 puntos y un buen 34,1% en triples, su gran especialidad, aunque también suele encontrar otras formas de anotar. De todo ese tiempo se queda con la etapa entre 2009 y 2014, el ‘triángulo’ que formó entre Lucentum, Cajasol y Unicaja. “Es cuando mejor estuve”, reconoce.

En el Unicaja (Foto: acb Photo).

Y es que los Urtasun siempre han tenido fama de cumplidores. “Cuando vas haciendo años te pones en el papel un poco del entrenador, interpretas lo que quieres, sabes por dónde van los tiros”, sostiene. A las órdenes de Pedro Rivero en Alicante, 11 años después, está cumpliendo el objetivo de disfrutar: “prefiero estar aquí que más arriba como quinto alero”. Y sigue rondando sus diez puntitos por encuentro, como un reloj.

¿Y después? La retirada no está lejos, por muy a gusto que se sienta. Y ya proyecta un futuro que siga ligado también con el baloncesto, cómo no. “Me gustaría probar entrenar. Me estoy sacando el título. Sé que es un mundo difícil, incierto y sacrificado, pero con mi edad es algo que creo que puedo ir pensando. Creo que puedo aportar mucho haber estado tanto tiempo ahí, haberlo mamado”, concluye.

Con el Lucentum Alicante (Foto: FEB).

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