Aloysius Anagonye: El ‘bad boy’ que enamoró a Burgos

La particularidad de Aloysius Anagonye es que en España se le recuerda mucho más por su potente aportación en la LEB Oro que por sus dos poco satisfactorias etapas en la Liga Endesa. ¿Por qué? Seguramente su estilo y su tamaño se adaptaban mejor a una categoría con las características de la segunda división y porque su indiscutible carisma caló más en la afición del Autocid Burgos (2009-10).  Ni antes ni después, en el ‘piso de arriba’   Joventut 2005-06 ni en el Grupo Capitol Valladolid 2011-12 llegó a cuajar.

Anagonye, ante todo, es un tipo duro. De una familia procedente de Nigeria, se crió en Southfield, uno de esos suburbios de Detroit castigados por la crisis de su industria. El cóctel de la fiereza siguió aumentando en él cuando eligió a los Spartans de Michigan State para desarrollar su carrera universitaria, que transcurrió sin hacer durante los cuatro años preceptivos (1999-2003).

Con 2,03 y jugando sobre todo de ‘5’, la NBA era un sueño imposible para él, así es que tocaba emprender la ‘vía europea’, primero en el Olimpia esloveno y después en el Livorno italiano. Allí confirmó la que sería su ‘marca’: la de un interior de choque, de los que juegan al límite del reglamento o incluso más allá, de los que conecta con la grada al primer movimiento. Eso y su internacionalidad con Nigeria terminaron de animar al Joventut a ficharle en el verano de 2005, pero aquello no salió bien. Aíto García Reneses quería un ‘chico malo’, de los que le hiciese el trabajo sucio a un equipo lleno de calidad, y no terminó de cuajar. Tras 6,2 puntos y 2,8 rebotes en 17 minutos (20 partidos), fue sustituido por un Randy Holcomb más estilista.

Con el Autocid Ford Burgos (Foto: Diario de Burgos).

No se arrugó, claro. Buscó refugio en la D-League y luego en Italia (Montegranaro), Francia (Orleans) e Israel (Galil Elyon) cogiendo impulso para su segunda (y más hermosa) aventura española: en el Autocid Ford Burgos de Andreu Casadevall. En aquella 2009-10 su aportación fue mucho más significativa que la que indican esos 9,4 puntos y 5,6 rebotes. Para que jugadores como Jason Blair, Chris Hernández o Zach Morley pudiesen lucir se requería de alguien como él al lado.

El Olimpia volvió a reclamarle la siguiente campaña, aunque más bien para dar descansos. Y a continuación llegó su segunda oportunidad en la máxima categoría española: un contrato temporal en Valladolid que salió rematadamente mal: 13,1 minuto en pista para 1,9 puntos y 2,2 rebotes (9 partidos). Tan buen recuerdo había dejado en Burgos que para terminar aquella 2011-12 se negoció para que volviese allí, pero no pudo ser inscrito por los problemas entre el club y la FIBA por el ‘caso Gloger’.

Foto de su perfil de LinkedIn.

Le faltaba todavía bastante baloncesto por delante, alternando los años realmente buenos, como el que tuvo en el Ilisiakos griego, con otros más flojos. Quizás los tres partidos con muy pocos minutos con el Evreux en la 17-18 fueron un mensaje definitivo de que tocaba cambiar de vida. Ya había fundado en 2015 ACAN International, una “agencia de consultoría de gestión que brinda soluciones comerciales exitosas, eficientes y excepcionales para individuos, instituciones y comunidades. Nos enfocamos en desarrollar proyectos y programas innovadores de alta calidad que integren estrategias deportivas, tecnológicas y educativas para promover el crecimiento personal y mejorar las comunidades a través de la participación activa”, cuenta en su perfil de LinkedIn, en el que también desvela que se quedó a vivir en París.

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