Javi Salgado: Director de juego clave en la historia del Bilbao Basket

El pasado verano se retiró Javi Salgado, pero no desapareció de las canchas. Automáticamente pasó al puesto de entrenador ayudante del RETAbet Bilbao Basket, el equipo de su vida. “Por mi posición, siempre he tenido gran comunicación con el entrenador y eso lo quiero trasladar ahora. Tengo que coger más experiencia porque es una labor muy complicada. No basta con saber de baloncesto, sino gestionar un vestuario, los egos, los momentos de la temporada”, cuenta sobre su ‘nueva vida’ echando todas las manos que sean necesarias a Alex Mumbrú.

Lo de Salgado y el basket del ‘Botxo’ es una historia de amor desde que tenía 7 u 8 años. “Se hicieron las pruebas en Maristas y me seleccionaron. Se me daban bien todos los deportes y mi hermano mayor me animó a hacer baloncesto. Estuve un año con el equipo pero todavía no podía jugar”, recuerda. De niño fue a La Casilla, a ver al Cajabilbao de Kopicki y Lockhart, pero algo que se le quedó marcado fue un partido de exhibición de los Harlem Globetrotters. “Ahora podamos ver lo que queramos, pero entonces aquello era extraordinario: triples, mates, acrobacias… Uno de sus jugadores me hizo una broma porque estaba sentado al lado del banquillo”.

La suyo fue una carrera que empezó bastante anónima, pero que fue creciendo paulatinamente. “Me pilló la época en la que no había baloncesto de élite en Vizcaya, entre la desaparición del Cajabilbao y el proyecto fallido del Patronato. Iba a concentraciones de la Federación Española a Guadalajara, con los ‘chicos de oro’. Había muchos bases buenos como Raúl López, Carlos Cabezas o José Manuel Calderón. Yo venía de un club humilde y me quedaba fuera de las selecciones. Tuve suerte de ser de una buena generación, pero también mala por eso mismo. Con buen criterio seleccionaban a los que eran mejores en mi posición”, apunta.

Presentación en el Gipuzkoa Basket con Pablo Laso.

En verano de 1999 se fue a buscar la vida como promesa a León, una experiencia que le dio un impulso positivo. “Viví el primer año en una residencia y el segundo, con otros tres jugadores del equipo que éramos de fuera. Me sirvió para aprender la estructura de un club ACB y su exigencia. Aprendí y mejoré teniéndome que buscar la vida. Eso te curte. El primer año no llegué a debutar y en el segundo sí jugué en LEB, aunque no mucho. ¡De bases estaban Toñín Llorente y Nacho Ordín!”, señala.

Volvió a Bilbao de mano de Txus Vidorreta (“me había llegado a entrenar en el Maristas y no lo dudé”) en lo que fue un “increíble viaje” desde LEB-2 a las semifinales de la Eurocup. “Fue un crecimiento constante. Mis mejores recuerdos son de esos años”, señala. En 2010, tras nueve temporadas, no fue renovado. “Fue difícil irme a Donosti. Pensé que iba a estar toda mi carrera en Bilbao, pero apostaron por otros jugadores. Pablo Laso me conocía de la selección de Euskadi y estuve un año con él y tres con Sito Alonso. También tengo un buen recuerdo y dejé muchos amigos. Siendo un club más modesto, también hicimos buenas temporadas”, resume. Su siguiente estación en la élite fue Estudiantes: “Me dio algo de vértigo ir a Madrid a jugar a un clásico de la competición y me sirvió para conocer la realidad de un club que es diferente. Cuando lo vives, sabes por qué es así. Mi mujer y mis hijos se quedaron en Bilbao y se hizo un poco duro, pero era lo mejor para mi carrera”.

Dos años en el Estudiantes (Foto: acb Photo).

En 2016 descolgaron el 14 que habían retirado en Miribilla para completar el círculo. Aquello tuvo la espina del descenso de 2018 (“nada encajó ni estuvo en su sitio”) y la gloria final del ascenso doce meses después: “Quería intentar como fuera poner al Bilbao Basket en la Liga Endesa y lo logramos. El ascenso completó un círculo. Todo salió a la perfección: los fichajes, la afición, el juego…”.

Todavía se veía con fuerzas para aumentar su cuenta de 462 encuentros en la Liga Endesa, pero pasó al banquillo porque “era el momento perfecto para dejar el baloncesto”. Lo dice alguien que se define como “un base bastante anotador, pese a que no era potente físicamente. Era rápido y también conseguía ventajas con el bloqueo directo. A medida que vas avanzando en tu carrera vas conociendo mejor el juego, a tus compañeros y a los contrarios. Siempre he intentado hacer lo que me pedían los entrenadores y poner por delante el equipo. Anotaba bastante algunos años, pero también quería dirigir, ordenar, tener una lectura buena del partido respecto a lo que se había trabajado”.

Despedida feliz de las canchas con un ascenso (Foto: FEB).