Vladimir Stimac: Un ‘5’ serbio a la vieja usanza

Coincidencia general hay en que tanto en Unicaja (toda la 2013-14) como en su breve estancia en Estudiantes (2015), Vladimir Stimac dejó un muy buen recuerdo por su rendimiento… algo deteriorado por cómo fue el final de ambas relaciones. Ya veterano (el próximo verano cumplirá 33 años), se trata de uno de esos interiores de la ‘vieja escuela’ que tienen claro lo que deben hacer, sobre todo en aspectos oscuros, y ni por asomo se les ocurre ‘reinventarse’ a triplistas.

No. Stimac, con su corpachón y un aprovechamiento máximo de sus 2,11 de estatura, no es así y eso le ha procurado una carrera bastante interesante que, lástima, solo le ha traído apenas un año y pico a España. Lo curioso de su trayectoria inicial es que, nacido en Serbia, su gran salto en su formación como jugador se produjo en otro ‘paraíso’ del baloncesto, Lituania. Al filial del Zalgiris llegó con apenas 18 años reclutado del modesto KK Beovuk 72 de su ciudad natal, Belgrado.

Entre sus actuaciones en Kaunas y Valmiera (Letonia) llamó que el Estrella Roja le ‘repatriase’ un par de temporadas (2008-10). A partir de ahí se movió muchísimo, prácticamente a equipo por año: regreso al basket letón con el Ventspils, unos meses en el Nymburg checo y un par de campañas en Turquía (Olin Edirne y Banvit) antes de incorporarse al Unicaja, donde cumplió de sobra con el papel encomendado. 7,1 puntos y 5,6 rebotes en 18 minutos, pero lo suyo iba más allá de los números.

Aquel verano de 2014 parecía que iba a continuar porque tenía contrato, pero finalmente se marchó al Bayern Múnich pagando una cláusula que le liberaba. ¿Por qué entonces decidió dejar el Unicaja?, le preguntaron tiempo después en La Opinión. “Porque en mi carrera llegó un momento en el que tuve que tomar decisiones. Tuve que decidir si quedarme o marcharme y decidí darle un cambio a mi carrera en el baloncesto y eso es lo que ocurrió. Yo fui muy feliz en el Unicaja, seguro. No olvidaré mi etapa allí. No tengo nada que reprocharle a nadie, aquella fue mi casa. Yo estuve bien en Málaga”, respondió, destacando su conexión con la afición local. “Demostré que soy un jugador que lo da todo en cada partido. Yo disfruté muchísimo en el Martín Carpena, fue apasionante poder jugar en Málaga. Fue precioso para mí jugar para el Unicaja. Todos mis recuerdos son buenos. Los fans se portaron muy bien conmigo y se lo agradezco”.

Con el Estudiantes en 2015 (Foto: Movistar Estudiantes).

Sin embargo, en Alemania no le fue excesivamente bien y se quedó sin equipo hasta que el Estudiantes le llamó ya iniciada la pretemporada de la 2015-16. El tipo recuperó e incluso mejoró su nivel respecto a lo que había hecho en Unicaja, tomando mayor responsabilidad ofensiva con similar eficacia: 11 puntos y 6,3 rebotes en 23 minutos. Pero…

Pero una cláusula en su contrato le permitía marcharse si le llegaba una oferta de un equipo de Euroliga, como fue su caso con el Estrella Roja. Solo llevaba tres partidos y el club madrileño, como suele señalarse en ese tipo de comunicados, le agradeció su profesionalidad y le deseó la mejor de las suertes, pero sin duda aquello fue un contratiempo porque era alguien que le estaba dando una enorme solidez a su zona. Su segunda etapa en Pionir duró apenas unos meses y desde entonces tuvo un periodo de mayor estabilidad en Turquía, aunque fuese en equipos diferentes, primero en el Anadolu Efes, después en el Turk Telekom y al inicio de esta temporada, en el Fenerbahce. Sin embargo, las pasadas navidades regresó de nuevo al Estrella Roja, donde había recuperado protagonismo antes del parón de las competiciones (10,5 puntos y 4,9 rebotes en 18 minutos).

Es un jugador muy del gusto de Sasha Djordjevic para la selección, aunque no le llevase a la última Copa del Mundo. Pero anteriormente sí estuvo en dos Eurobaskets (2013 y 2017), un Mundial (plata en España-2014) y los Juegos Olímpicos de Río.

Fijo durante años en la selección serbia (Foto: FIBA).

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