Pedro Llompart: Con 38 años y muy en activo en Alicante

Por mucho que el próximo 9 de enero cumpla 39 años, y pese a lo extraña que esté siendo la temporada 2019-20 por el parón del covid-19, Pedro Llompart tiene clara una cosa: seguirá jugando. “Eso seguro”, sentencia. Lo cierto es que antes de que todo tuviese que detenerse, su nivel estaba siendo estupendo en la LEB Oro con el HLA Alicante con 7,4 puntos y 5,9 asistencias en 24 minutos en pista.

El tiempo está tratando bien a alguien que solo ha pensado en el baloncesto desde que su padre puso en casa de Mallorca una canasta adecuada a su altura. Empezó en el colegio, pero pronto destacó y el Valencia Basket llamó a su puerta en edad cadete. “Ese verano estuve en la selección española y tuve 6 o 7 ofertas para irme de casa. Cuando lo hablé con mis padres optamos por Valencia por muchos motivos: facilidad de vuelos con la isla y iban un par de compañeros míos…”, cuenta.

Fue una de las ‘joyas de la corona’ en la base ‘taronja’, pero no logró del todo esa excelencia en la élite con varias cesiones de por medio. “Cuando llegué era un equipo con mucho jugador nacional y canterano, pero cuando fue pasando a mi época, cambió totalmente, llegando gente mucho más contrastada. Cuando tuve opción de entrar en el primer equipo ya estaban jugando una final europea. La transformación fue increíble y era complicado que la gente de abajo llegásemos. Apostar por un joven es difícil porque tienes un peaje a no ser que seas una gran estrella. Aun así, después de Víctor Luengo y hasta que apareció Víctor Claver fui casi el único canterano que se asentó en el primer equipo y jugando bastantes minutos. Me pude abrir un hueco, pero las circunstancias no fueron favorables para mí con la marcha de Pablo Laso y la llegada de Ricard Casas”, narra.

En Zaragoza, de 2012 a 2015 (Foto: acb Photo).

Se tuvo que ir y buscar su camino, convirtiéndose en un jugador muy importante en la LEB en Tenerife y Alicante. “La experiencia es fundamental para la posición de base, madurar como jugador”. Con el Lucentum logró subir y fue una especie de reválida: “Cuando volví a la Liga Endesa me apoyé mucho en mi primera experiencia en Valencia. Ya sabía lo que era la categoría y estaba convencido de que podía. Lo veo como algo genial que me ayudó muchísimo y me ayudó a tener la carrera que he tenido”. Su gran peso en Alicante lo repitió en Zaragoza, ya asentado en la élite. “Fueron mis mejores años”, asume. 341 partidos en la máxima categoría en total nada menos.

Mediada la 2017-18, tras contratos temporales con Valencia y Tenerife, acabó en un destino poco habitual para los jugadores españoles: Italia. “Haber estado en el Reggio Emilia es uno de los mayores regalos de mi carrera. Siempre había querido jugar fuera de España, pero no sabes cómo hacerlo, porque la de aquí es una liga muy potente. Circunstancias de la vida: estuve dos meses de vuelta en Valencia y uno en Tenerife cuando salió la opción de ir dos meses a Italia, que se convirtieron en dos años. Es un baloncesto distinto, pero también muy bonito. Se vive con mucha pasión. Caí de pie en el sitio”.

El pasado verano regresó a Alicante. “Tenía claro que lo que me quedase por hacer en el baloncesto, tenía que ser algo que me apeteciera, como lo de Italia. Salió la posibilidad de Alicante. Mi mujer es de aquí y nos cuadraba. Estaba bien intentar afianzar al club en la liga y nos estaba yendo muy bien hasta el parón”, dice.

¿Y el futuro? Cuando se retire, no se ve como entrenador. “Tengo un gran respeto por ese puesto. Es muy difícil. No se puede decir que no a nada, pero no me lo he planteado nunca. Entrenar a chicos jóvenes me encantaría, pero a nivel profesional es otra cosa”. Pero no se va a aburrir el día que cuelgue las botas: “Tengo varios negocios: tengo un par de tiendas de servicio a domicilio y otro negocio en Mallorca de impresión a gran escala de cartelería, que llevan mis hermanos”.

Con el HLA Alicante en la presente campaña (Foto: FEB).

 

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