Fernando Cerqueira: Muy agradecido a 35 segundos en Manresa

“Base muy anotador que dejó la Penya en busca de más minutos y protagonismo”. Así definían a Fernando Cerqueira en un informe de Marca publicado el 10 de enero de 2011 titulado “Top 10 de los junior llamados a dominar el baloncesto español en los próximos lustros”. La suerte de ese listado fue desigual: desde jugadores consolidados en la Liga Endesa como Dani Díez, Markus Eriksson a otros que no llegaron ni a debutar en ella, como Carlos Gasque. Cerqueira, nuestro protagonista de hoy, tampoco llegó desde luego a disfrutar de grandes oportunidades y solo jugaría tres partidos en la élite con el Manresa, el equipo que, tras un año en L’Hospitalet, había elegido para abrirse camino dejando atrás al Joventut.

Director de juego alto (1,92) y con clase, cuenta que empezó jugando en su colegio, los Maristes de Sant Joan. “Mis padres jugaban al baloncesto y yo probé con unos amigos. Me lo pasaba superbien, disfrutaba mucho”, afirma. Lo que fue un divertimento al principio pasó a ser una auténtica pasión. Tardó poco el Joventut en incorporarse a sus categorías inferiores. “Hacían unas pruebas en categoria mini. Mi padre veía que destacaba del resto de jugadores en el colegio y me preguntó si querría probar de jugar con otros compañeros. Como deseaba jugar constantemente a baloncesto, le dije que sí”, añadió.

En una rueda de calentamiento con el Manresa 2011-12.

Se convirtió pronto en una de las grandes esperanzas verdinegras y la llamada de la Federación Española tampoco se hizo esperar, con el Europeo U16 de Kaunas, en 2009, como momento culminante. Bajo la dirección de Diego Ocampo, la mismísima Lituania fue derrotada en un pabellón abarrotado (70-64) con la ayuda de Cerqueira (6 puntos y 5 rebotes en 15 minutos). Aquel oro lo identifica como el mejor momento de toda su carrera, “una experiencia que no olvidaré jamás con un grupo humano increíble. Eramos una piña, todos a una y creo que fue eso lo que nos llevó a conseguir el título”.

Ya en el Manresa, cuando militaba en el vinculado Sant Nicolau, su debut debió saberle a poco y a mucho: un solitario segundo frente al Estudiantes el 8 de enero de 2012. “¡Se me pasó rápido! Fue un momento que no me esperaba: Jaume Ponsarnau se giró rápidamente hacia el banquillo y soltó un “¡Fernando pista!” Y yo fui volando a pedir el cambio. Siempre me sentí muy arropado por él y fue un gesto por el que le estoy muy agradecido”, afirma con felicidad.

Luego solo tendría dos intervenciones más, ante Baskonia y Unicaja, “siempre emocionado y con muchas ganas al entrar a pista”. No llegó a acumular más estadística que una falta recibida ante los malagueños. En total, 35 segundos, pero no se intuye amargura en él. Ni siquiera quiso seguir jugando en EBA, donde hubiese tenido, como mínimo, espacio de sobra. “Fui capaz de ver que mi recorrido iba a quedar corto y decidí centrarme más en mi carrera universitaria”.

En la actualidad.

“Me gustaba dirigir y leer los ‘timings’ del partido. Creo que tenía muy buena visión de juego y podía prever el movimiento de mis compañeros e incluso con un gesto podíamos llegar a entendernos”, se define como jugador. Todo eso quedó atrás con naturalidad: ahora trabaja en el departamento de finanzas en una empresa agroalimentaria. “El baloncesto me ayudó muchísimo a crecer tanto personal como profesionalmente. La disciplina aplicada en el mundo del deporte de élite ha sido fundamental para crear unas buenas bases en el mundo laboral”, resume.

Eso sí: el baloncesto no ha extinguido dentro de sí mismo y nos da una ‘exclusiva’: “Me gustaría volver a las canchas por una temporada, ya que lo echo mucho de menos. Fue una parte muy importante en mi vida y tengo muy buenos recuerdos. Le doy las gracias a todas aquellas personas que se cruzaron en mi camino, ya que de todas ellas pude aprender mucho”. Con 27 años está a tiempo.

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