El momento de Unicaja: el triple de Pepe Sánchez

La opinión del aficionado es sabia y los votantes en la encuesta entre los cuatro momentos de la historia promulgado por ENDESA BASKET LOVER han dictado, con un 42,6 % de los votos, que su momento favorito de la historia de Unicaja fue… el triple de Pepe Sánchez. Muchas épicas y cruentas batallas en la historia del club en el que parece que ese momento, encierra toda su grandeza. No es para menos. Ahora toca por nuestra parte, forzar a que hagáis memoria y acercaos ese momento.

 

UNA SERIE A TRES PARTIDOS

              La estrella de Unicaja era el escolta Marcus Brown, el cotizado estadounidense que, durante la mayor parte de la temporada regular estuvo de baja por diferentes lesiones y bien que se lloró su ausencia. El curso de los andaluces se fue torciendo hasta el punto que entraron en el Playoff de Liga Endesa por los pelos, con 17 victorias y otras tantas derrotas. De hecho, reapareció en vísperas de esta eliminatoria de cuartos de final de Euroliga, que es el que nos ocupa. El rival, era el Winterthur F.C. Barcelona, que también las pasó canutas, arrastrando 11 derrotas en los diferentes grupos de liga regular en la competición continental, hasta llegar como cuartos de su grupo y lograr al menos, esta primera meta. Por lo que, ni que decir tiene, parecía claro que Europa era la salvación para los males de ambos. Los azulgranas, campeones de Copa del Rey dos meses atrás, precisamente en Málaga y Unicaja, que seguían siendo -no lo olvidemos- los vigentes campeones de Liga Endesa.

La serie, al mejor de tres partidos, se abrió en el Martín Carpena. Y allí, una “extraña pareja” en los pívots malacitanos, Iñaki de Miguel (13 puntos y 7 rebotes) y Marko Tusek (fichado en enero, con 11 puntos), que solían ser los de rotación, propiciaron un excelso parcial en el segundo cuarto de 17-2, para que el estilete ofensivo de ese día, Marcus Faison (17 puntos) dieran la primera ventaja en los locales y sobre todo una imagen de superioridad y suficiencia palpable, venciendo por 91-75 Lo de ganar en el Carpena a domicilio, es cosa seria.

En el segundo partido en el Palau Blaugrana, la decoración se invirtió. La olla a presión estaba provocada ahora por los aficionados culés. Y el F.C. Barcelona jugó un extraordinario partido, sin dar resquicio a los andaluces (80-58). Ver sano a Juan Carlos Navarro, corriendo como lo hacía, con los cambios que ritmo con los que jugaba constantemente, era un piropo al baloncesto. Aquel día sublime, 18 minutos de su participación bastaron para anotar con 25 puntos, con 8 de 9 en tiros de campo (5 de 6 en triples) y 4 tiros libres anotados sin error. Un día más, Juan Carlos engrandeció el baloncesto. 

El equipo de Dusko Ivanovic era un plantel extraño, para la planificación habitual del club. El Barça tenía que correr para ganar y sin esa atractiva receta, el panorama cambiaba para ellos. De cara al espectador, bendita obligación para tener éxito, la verdad. Con hombres como Lakovic, Navarro, Basile, De la Fuente, Grimau o Roko Leni Ukic, su apuesta era la velocidad para desarbolar a los contrincantes. Y en estático, ante la perenne baja del croata Mario Kasun por diferentes lesiones, los pívots eran muy movibles y con buen tiro exterior, lo que creaba enormes espacios para penetrar a canasta y una diversidad enorme para el pick&roll. Tanto Denis Marconato como Mikhalis Kakiouzis, Fran Vázquez o Jordi Trías, todos poseían velocidad en la transición y buenas mecánicas de tiro para abrir el campo en ataques estáticos. No fue la mejor etapa culé en títulos, pero sí como aficionados, bien lo disfrutamos. Y en el segundo choque fue de los de enmarcar, llevando ese estilo con todo el acierto.

 

Una acción que pasó inadvertida en el encuentro del Palau y que pudo decantar la serie, fue un golpe fortuito que sufrió en el ojo el pívot de Unicaja, Daniel Santiago, La circunstancia que inicialmente no pasó a mayores, se agravó de forma dramática en la mañana del tercer y definitivo choque. A Santiago se le desprendió la retina y tuvo que ser desplazado de manera urgente a Barcelona, con obligatoriedad de pasar por el quirófano. Un jugador referencia en el juego interior para el cuadro de Sergio Scariolo, era baja en el momento más inoportuno. Con ello, los quintetos en el encuentro decisivo para entrar en la Final Four de Atenas’07, fueron estos: Carlos Cabezas, Berni Rodríguez, Marcus Brown, Carlos Jiménez y Florent Pietrus. Y por el otro lado, Jaka Lakovic, Juan Carlos Navarro, Gianluca Basile, Jordi Trías y Denis Marconato. Sergio Scariolo, a la movilidad y rapidez que imponía Dusko Ivanovic, respondía con la misma moneda.

 

Y LLEGÓ EL GRAN DÍA

Si Navarro hacía el trabajo ofensivo en los culés, en los malagueños era su compañero de generación, Berni Rodríguez. Ambos, con 26-27 en su pico de condiciones físicas mezclado con madurez, eran de una mentalidad ganadora inquebrantable. Con los bloqueos jugando una baza vital para los tiradores, al final del primer cuarto se llegó con 21-18 para Unicaja. El ritmo se acelera, las palpitaciones del Carpena se disparan, siendo ya un ambiente infernal y los errores salen a la luz. Entre peores porcentajes, dos triples consecutivos de Pepe Sánchez hacen explosionar el recinto (32-25), que en medio del 1 de 7 de Navarro en tiros de campo (y 4 puntos tan solo al descanso), hacen ver la luz: 38-32 al final de los primeros 20 minutos.

Las grandes historias se cuentan con personales batallas individuales. En el fragor de un contragolpe de Carlos Cabezas (y la máxima renta, 42-32), con Dusko Ivanovic desesperado porque los suyos no corren, es cuando los demonios internos de Fran Vázquez desaparecen. Fran, muy abucheado y castigado por su ex afición, incapaz de realizar un buen encuentro desde su marcha del Carpena, emerge: suspensiones, rebotes ofensivos, su defensa de llegar a todas partes y el combo interior con Jordi Trías, parece funcionar. Los azulgranas empatan a 58, se ponen por delante con una excelsa canasta de Roko Leni Ukic (51-54 a falta de 05:41) y Sergio Scariolo ve, con un parcial de 3-16 adverso, que una ocasión única en la Costa del Sol, llegar a la tan deseada Final Four, se les va de las manos.

Ahí entró de nuevo el Carpena. Cuando pintan bastos (51-56 a falta de 04:55), es cuando más aprieta, todo lo contrario a venirse abajo. Allí no hay humano que oiga nada. Prueba Scariolo con el tan cacareado “small bal” de hoy día, con Marko Tusek y Jiri Welsch como falsos pívots y la jugada sale bien. Se empata a 56 y aquello retumba más allá de las fronteras de la ciudad. Últimos minutos y Roko Leni Ukic consigue otra de esas entradas de quitar el hipo (56-58). Restan 01:45 y regresa a pista Pepe Sánchez.

Se entra en el último minuto con empate a 60 y Ukic solventa con otra entrada de las suyas, volviendo a dar ventaja a su equipo (60-62) a falta de 56 segundos. Dos tiros libres de Berni Rodríguez (que empatan a 62) dan la penúltima posesión a los azulgranas. Ya no hay medidores de decibelios que puedan dar una cifra a semejante pitada, a la presión infinita. Que Juan Carlos Navarro y su 3 de 13 en tiros de campo aquel día, se jugase esa jugaba con una entrada, parecía estar escrito. Que volviera a fallar, parecía estar también escrito. Restan 29 segundos y la posesión del balón la tiene Pepe Sánchez.

Mientras sube el balón, los segundos se eternizan. Se lo pasa a Berni Rodríguez, tomado por su defensor, Gianluca Basile. Berni mira el crono con calma, como si tuviese una eternidad para ejecutar. Restaban 13 segundos y 8 de posesión y toma la decisión de arrancar e irse en uno contra uno del italiano, muy consciente de lo que sucedería a continuación. Y lo que sucedió es que Navarro se interpuso en su camino, olvidando su marca y fue el momento de pasar a Pepe Sánchez. El campeón olímpico, el ganador, cuadrado en la línea de tres puntos, para tirar. Y en ese momento, el silencio.

La expectación que parece detenerlo todo y un balón dando vueltas en el aire. Pepe Sánchez, héroe o villano, el corazón verde que inundaba toda la ciudad, pendiendo de un tiro… que acabó entrando. El estruendo en el Martín Carpena fue tal, que nadie se enteró del tiempo muerto que había solicitado Dusko Ivanovic tras el triple (65-62). Los azulgranas sacaron el balón de fondo en pos de una canasta milagrosa, sin enterarse que nada de eso valía. Hasta el punto que cuando les detienen, tanto el narrador de TV como algún fotógrafo que saltó a la cancha para recoger la instantánea del éxito, pensaban que el encuentro había finalizado. Júbilo y confusión. Se estaba viviendo la locura. Varios tiros libres que alargaron más el encuentro en el que nadie falló en esa ruleta, finalizando con el definitivo 67-64.

Todo explotó en el Martín Carpena, en las gradas, en la pista. Fue histórico. Jiri Welsch dio una patada al balón mandándolo a la grada, para que alguien tuviese el honor de disfrutar de tal objeto para la posteridad. Unicaja hacía historia pasando a la Final Four de una Euroliga por primera vez. Sus jugadores, locos de contentos, se tiraron al suelo extasiados, compartiendo con su afición la gloria. El baloncesto está escrito para momentos así, indudablemente. La alegría de unos, puede ser infinita.