Mirando fijamente las llamas

              Entre los aficionados de Montakit Fuenlabrada estaba el convencimiento de una dura realidad. Las cinco victorias y diecisiete derrotas de esta temporada en Liga Endesa, hacen de la situación actual un escenario envuelto en llamas. Y el panorama deja en estado de shock, mirando fijamente el poder destructivo del fuego, como algo hipnótico, representando un momento de respiro en medio del infierno. La cola de la clasificación no puede ser definida de otra forma. Luego, toca mover la cabeza, salir del mal sueño y seguir empeñados en encontrar soluciones. Y cuando reaccionan, o sea, tras el parón liguero por las ventanas FIBA y se vuelven a pensar en escapar de allí, se toma como máximo un convencimiento generalizado: no vale con que el equipo reaccione o juegue bien, dando buena imagen. Ahora, lo que toca es ganar sí o sí.

              Como otros clubes que se han ido reforzando, ellos, hace unas fechas fuenlabreños se hicieron con uno de esos jugadores que pueden representar la salvación ante las llamas. Un pequeño base al que tuvieron que esperar a que finalizase su temporada en Australia, en Adelaide 36ers, donde promediaba más de 20 puntos, donde sus eléctricos cientos setenta y cinco centímetros de estatura no eran impedimento para grandes logros y sí para forzar marchas en la rapidez de su juego. Desde sus tiempos en la universidad de California, el pequeño Jerome Randle corría la pista de manera endemoniada para enfrentarse a las mayores torres, entrando a canasta o soltando tiros cortos desde la bombilla, con una facilidad asombrosa. Todo eso seguía haciéndolo desde nuestras antípodas y todo eso querían verlo los aficionados de Fuenlabrada una vez aterrizado en tierras madrileñas. La esperanza a la salvación pasaba por sus manos.

              La obligación del cuerpo técnico, de los jugadores en la actualidad, está en no percatarse del rival que toca, sea KIROLBET Baskonia como el pasado sábado, sean molinos de viento. La obligación es ganar. Y sí, parecía por momentos que Jerome Randle pudiera representar un camino de esperanzas en su debut (7 puntos en 12 minutos), puesto que apuntó todas las buenas maneras que se le presuponen y activó el ánimo de sus compañeros, entre otros el de Karvel Anderson (22 puntos), cuajando un brillante encuentro, consciente de su decisivo papel para obtener buenos resultados.

              Estreno de nuevo parquet, estreno de jugador, vuelta a insuflar ánimos desde la dirección de Paco García, recordando al personal que la victoria en Badalona y las buenas sensaciones hasta la suspensión del choque ante los grancanarios, sí era la consecuencia de un cambio de rumbo: el de las victorias, el único lenguaje posible. Marc Garcìa, asumiendo que su clase debe tener un peso en el equipo estaba brillando, como los intentos de Christian Eyenga por competir en la zona ante los gigantes baskonistas, porfiaban por mantener un marcador igualado. Faltaba una muesca más para dominar. Había que forzar una marcha, porque el panorama es este y no queda otra.

              Y llegó la tragedia. Ese instante en el que, nuevamente Montakit Fuenlabrada se quedó mirando a las llamas que le rodean, cuando todos en el recinto se llevaron las manos a la cabeza ante la lesión de Jerome Randle. Un chasquido en su rodilla que retumbó el pabellón ante un gesto antinatural al no poder plantar con firmeza el pie en su carrera y quedarse la rodilla atrás, en una torsión de las que duele al verlas. Las muestras de dolor en su debut iban a la par que las caras de angustia de todos quienes le rodeaban. Jerome Randle se había roto. De tripas, corazón había que hacer a continuación para olvidarse el infierno y seguir luchando para vencer. En 40 minutos, en una prórroga, en dos. Pero ya era demasiado como para sobrevivir en el último período suplementario. Ya no quedaban fuerzas ni recursos y claudicaron 92-98 ante el mayor poderío baskonista.

              No es la derrota entre las trincheras, sino el parte de bajas posterior. Aunque Randle volvió del vestuario en mitad de la segunda parte, para convencer desde el banquillo a sus compañeros que se podía lograr la proeza, la confirmación de su mal vino días después: baja para el resto de la temporada, cuando apenas había sido capaz de oler ningún otro barniz de los parquets de Liga Endesa.

              Y es lo que queda. A seguir buscando soluciones, sumando un difícil calendario que les viene en las próximas jornadas, aunque con esperanzas que entre viajes a Burgos y Málaga, reválidas ante Real Madrid e Iberostar Tenerife, asoma el choque directo ante Movistar Estudiantes, partido que valdrá por dos o por mucho más. En Fuenlabrada saben que las lenguas de fuego pueden hipnotizar y dejarse llevar. Pero también que el único final posible es escapar de ellas. Y en ello están.