George Karl, un yanqui en la corte del Real Madrid (Cap. 01)

Nuestros agradecimientos a:

 

–          José Biriukov, escolta del Real Madrid en la temporada 89-90.

–          Pep Cargol, alero del Real Madrid en la temporada 89-90.

–          Miguel Ángel Paniagua, representante de George Karl en España.

–          Mario Pesquera, entrenador del Caja de Ronda en la temporada 89-90.

–          Lolo Sainz, director deportivo del Real Madrid en la temporada 89-90.

–          Vicente Salaner, columnista especializado en baloncesto en 1990.

–          Ramón Trecet, comentarista NBA y ACB para TVE en 1990

–          Quique Villalobos, escolta del Real Madrid en la temporada 89-90.

 

              Esta bien pudo ser una historia de éxito, que no lo fue. La de un yanqui en la corte del Rey Arturo sin final feliz. La de un caballero valiente cuyo estandarte fue rasgado, a veces pisoteado, por lo que parecía ser un enemigo feroz: la costumbre. Costumbres -y estrechez de vistas- de una tierra que se tornó hostil. Y lo que nadie pudo imaginar entonces que, mirando fijamente al escudo del fiel guerrero, hubiéramos apreciado con total nitidez un verdadero tesoro que nos presentaba: el futuro.

              Hace 30 años aterrizó en España fichado por el Real Madrid, un entrenador de baloncesto llamado George Karl. ¿Un Mago Merlín? No lo sabemos. Lo que sí tenemos claro en Endesa Basket Lover, es que dominaba el deporte de la canasta hasta donde aquí, aún no llegábamos.

El recién llegado George Karl

Miguel Ángel Paniagua: “Él había sido un ‘chico de oro’ de los banquillos NBA. Con treinta y pocos años, fue entrenador destacado en Cleveland Cavaliers y candidato a ‘Entrenador del Año’ con Golden State Warriors en 1987”.

Y tras dos años de su experiencia en España, entrenador del All Star Game en la Conferencia Oeste y llevar a su equipo, Seattle Supersonics, a las Finales NBA de 1996, sacudiéndose así un par de decepciones que lo precedieron. A los mejores Bulls de Jordan (los del 72-10) les forzó 6 partidos. Un entrenador de élite que, si la casualidad lo trajo a Madrid, el hecho posterior de su vuelta a Estados Unidos y triunfar en la lluviosa Seattle, no tuvo un ápice de casualidad y sí de relevancia a su categoría.

Quique Villalobos: “Un genio del baloncesto. Antes de cada partido, nos entregaba un tocho de apuntes sobre el siguiente rival. Escrito hasta el más mínimo detalle. Y aunque no había mucho vídeo, sí nos sacaba a la pizarra y nos preguntaba, como en el colegio”.

              Sobre su base y conocimiento, el trabajo del día a día. Lo primero por lo que se interesó cuando visitó por primera vez la Ciudad Deportiva del Real Madrid, era la sala de vídeo. No había. Salieron airosos cuando, en mitad de unas obras en el recinto, le aseguraron que estaban acondicionándola. Donde el scouting individual eran las tretas ya consabidas entre jugadores tras numerosos enfrentamientos, George Karl le daba una vuelta a todo, trabajando con verdadero afán en ese aspecto bastante difuso todavía en Europa.

Miguel Ángel Paniagua: “Cuando se fue tras su segunda etapa en el Real Madrid, me dejó todos sus apuntes. Yo, posteriormente representé a Juan Carlos Barros, que era un alero, digámoslo así, de clase media de la liga. Y le pasé las notas que tenía Karl sobre él. ‘Mira, así te veía George Karl’. Allí había apuntado de todo. Solo faltaba saber su marca de calzoncillos”.

              George Karl viene de Estados Unidos y trae el baloncesto más depurado. Lo que había aprendido de las mejores fuentes. Lo adecúa a su persona y a sus gustos. Y se planta en el reino de los pívots de entonces, de los Sabonis, Norris, el poste bajo y el dinamismo en el movimiento del balón, de tiradores como Epi y Sibilio, en nuestro mundo y con nuestros ídolos. Se baja del avión con su receta bajo el brazo, lo que aquí nos sonaba -o nos quería sonar- a chino: movimiento de jugadores en la pista, juego sin balón, rotaciones permanentes de hombres y profundidad desde el banquillo, junto a la versatilidad en diferentes posiciones. Sacar partido al tiro exterior de virtuosos hombres altos y aclarados al poste en habilidosos hombres bajos.

Pep Cargol: “Como jugador, yo evolucionaba poco a poco y venía de ser un ‘5’ en Santa Coloma, a pasar a ser un ‘4’ en el Madrid y acabar jugando de alero. Yo estaba con eso en la cabeza, que iba progresando a la posición de ‘3’. Y él me decía, ‘mira, tú eres un jugador de baloncesto’ y que me olvidara de las posiciones. Y en esa idea, te mostraba nuestras ventajas y defectos”.

Quique Villalobos, uno de los protagonistas de esta historia.

Transiciones rápidas y crear los mayores espacios posibles en estático. El baloncesto de hoy día, con argumentos de hoy día y herramientas de hace 30 años. Nadie se paró a escucharlo con detenimiento, porque la mentalidad era también la de hace 30 años. Nadie, excepto sus jugadores. Pocos entendieron que en sus instrucciones, había una bola de cristal en la que se adivinaba lo que hoy vivimos. Esa fue nuestra mayor derrota.

Lolo Sainz: “George Karl tenía unas planillas donde especificaba en qué minuto debía sustituir a los jugadores”.

Quique Villalobos: “Te lo digo yo: cada siete minutos, nos cambiaba”.

              Cuando él creía conveniente que un jugador iba a bajar su rendimiento físico. Cuando dejase de ejecutar lo que él pedía. Requisito: concentración absoluta en ataque y defensa.

Quique Villalobos: “Y le daba igual que estuvieras en racha o que llevases tres triples seguidos. Tenía claro que, a partir de cierto minuto, ibas a estar fatigado para cumplir las funciones que él te exigía”.

              Y al banquillo. Y eso no se entendía. Y en diversos sectores, se criticaba y mucho. Era su baloncesto. Hablamos ahora de hombres ocupando otras posiciones en el campo que, en teoría, no eran las suyas.

Quique Villalobos: “En el torneo de pretemporada del Teresa Herrera, nos enfrentábamos al Joventut de Badalona. Y George me dice que tengo que marcar a Lemone Lampley, ala-pívot de 2,07 con unos brazos larguísimos. ¡Yo era un enano a su lado! Pero a George le daba igual. ‘Tú márcale por delante. Lo que quiero es que no reciba. Y si lo hace, ya me encargaré que te ayuden’. Otro día, me pone sobre Rafa Vecina con el único propósito de impedirle que distribuya desde poste alto, que era su rango de mayor efectividad y el motor de todo el juego del Caja de Ronda. Había jugadores que no entendían eso. A Cargol, a veces, le ponía a jugar de 4 o de 5 y por su juventud, Pep no lo entendía. Él decía que era un alero”.

Pep Cargol, un polivalente alero, muy válido para Karl

 

LA LLEGADA DE UNA FIGURA INÉDITA EN EL REAL MADRID           

 

              George Karl, 38 años y afincado en Florida, venía de una escuela señalada como máster y foco a nivel mundial: North Carolina. Y ello, dado por obra y gracia de un entrenador. La silueta expuesta allí es un pie y un talón engrasado. La verdadera silueta espiritual es el semblante de Dean Smith, su entrenador jefe desde 1961 hasta 1997. Él es la cuna de muchas cosas, incluso de términos que acabamos acuñando en España, como lo hizo el recordado narrador Héctor Quiroga. North Carolina vino a disputar el Torneo de Navidad del Real Madrid por primera vez en las Navidades de 1971. Y ganaron con cierta facilidad.

Vicente Salaner: “Yo, que andaba por allí, les hice de guía. Los conocía y dominaba el idioma”.

              Junto a los recordados Bobby Jones o Bob McAdoo, el base titular de aquel conjunto era George Karl. Fue la primera ocasión en la que Karl aterrizó en Madrid. Y Dean Smith, el mítico entrenador que ya los dirigía, hacía cambios de cuatro en cuatro y de cinco en cinco para mantener el ritmo de partido. En un país como el nuestro, donde los descansos los dictaban la eliminación por faltas de un titular (ni siquiera, en muchos casos, la acumulación de ellas), aquello no entrada en ninguna concepción baloncestística posible. Tampoco en el resto de Europa, claro. Quiroga, comentarista de TVE en aquellas entrañables jornadas, llamó a esas sustituciones en masa “cambios a la americana”, definición que acuñamos casi hasta finales del siglo XX.

Ramón Trecet: “Recuerdo que en el verano de 1989 vino James Worthy a España, para dar un clínic en representación de su marca de zapatillas. Jugó en Granollers con el equipo y luego se desplazó aquí, a la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Yo presentaba aquel acto, donde le acompañaba José Luis Llorente entre otros. Pues en alguno de esos ratos de descanso, charlo con George Karl, porque se enteró que yo era quien comentaba la NBA en España. Y le hablo de Worthy, que tenía tal o cual virtud. Y veo que George se me queda mirando como extrañado y deja de prestarme atención. Luego entendí por qué: ambos eran de North Carolina. Y ser un ‘tar heel’ -el apodo a los de allí- es como ser de la familia. No iba yo a explicarle ahora quién era”.

              Dean Smith había conseguido eso en la universidad que entrenaba. Sus jugadores eran una familia. Los enseñaba e instruía. Tajante enemigo de los insultos, su vestuario era un templo que nunca nadie osó profanar con su presencia, excepto jugadores y ayudantes. Allí les educaba y hacía entender por qué las cosas pasan en este maravilloso deporte. Y sus ex jugadores, muchos de ellos ya en NBA, regresaban cada verano a la población donde tiene su ubicación, Chapel Hill, para reencontrarse con él, darse a conocer entre diferentes generaciones y perpetuar el respeto y un sentimiento de pertenencia familiar mucho más grande que ellos mismos, Michael Jordan incluido. Allí se aparcaba el Air Jordan Brand. Michael era uno más. Allí se forjó George Karl.     

              Con los ecos aún recientes del arbitraje de Juanjo Neyro resonando en los muros de la Casa Blanca, tras el quinto partido de la final ante el F.C. Barcelona, en “la liga de Petrovic” -y un nuevo título a las vitrinas azulgranas-, el presidente Ramón Mendoza prefiere aires de renovación en el banquillo blanco, pero con la voluntad de no deshacerse de Lolo Sainz, hombre y estandarte de la casa. Le nombra director deportivo de la sección de baloncesto, cargo que apenas tenía forma en el baloncesto español. Y para el propio Lolo, tras 32 años en el club, le resultaba tan nuevo como extraño.

George Karl, el día de la presentación, junto a Clifford Luyk

Lolo Sainz: “A los entrenadores nos cuesta mucho trabajo reconocerlo, pero estaba muy cansado. Mendoza hizo mucho hincapié en que no podía dejar la casa y que le tenía que ayudar en esta nueva función que era absolutamente nueva para mí”.

Miguel Ángel Paniagua: “Lo recojo en las oficinas del Santiago Bernabéu y lo llevo en coche hasta la Ciudad Deportiva. Y durante ese trayecto, recuerdo perfectamente que le dije, ‘Lolo, si quieres ser un buen general manager, debes sacudirte de todo lo que signifique ser entrenador’. Claro, eso era imposible para él, pues era lo único que había hecho desde su retirada como jugador”.

              Con tal designación, se marca un objetivo claro en la casa, tarea nada fácil por otra parte: encontrar entrenador para el Real Madrid.

Miguel Ángel Paniagua: “El único entrenador español que cumplía los requisitos para ocupar el cargo, era Aíto García Reneses. Pero, claro, estaba muy sujeto al Barcelona”.

Lolo Sainz: “Pues no queríamos ningún español, por el compromiso al que íbamos a someterle. Es el Real Madrid, la presión es terrible. Se está obligado a ganar todo. O conoces la casa o preferíamos alguien de fuera. Pero de fuera de aquí, de España”.

              Los nombres que van saltando desde Europa, tampoco convencen.

Lolo Sainz: “(publicado en “Gigantes del Basket el 6 de junio de 1989). Sí, eso puede acarrear algunos problemas, porque entra en juego la pasión de este país. Todo el mundo está esperando una bomba, poco menos que Pat Riley. Y eso es imposible”.

              Y entonces, ¿cómo cuajó el nombre de George Karl para el Real Madrid?

Lolo Sainz: “Esto fue cosa de Miguel Ángel Paniagua”.

Miguel Ángel Paniagua: “En realidad, no fue cosa mía, sino de Don Nelson. Verás. Don, por aquel entonces entrenador en Golden State Warriors, donde acababa de realizar una magnífica campaña, vino a verme en su visita a España junto a su mujer y su hijo Donnie, de manera totalmente anónima, porque intentamos que se enterase la menos gente posible. Estábamos comiendo en una famosa marisquería cercana al hotel Eurobuilding, porque la obsesión de Nelson era la gastronomía española. Me llama Mariano Jaquotot -por entonces, vicepresidente del Real Madrid y director de la sección de baloncesto-, cuya relación conmigo trascendía por encima del propio deporte. Era un fanático de la NBA y le digo que estoy comiendo con Don Nelson. Con la ilusión de un adolescente, me pregunta si podía conocerlo y le insto a que se pase al café.

              Allí se presenta y empezamos a charlar. Al rato, es Lolo Sainz quien llama por teléfono a Mariano. Y este, emocionado como estaba, lo primero que le suelta es un ‘adivina con quién estoy compartiendo mesa ahora mismo’. Y claro, allá que se presenta también Lolo.  Y charlando, creo que fue Lolo quien les invita a ver la sala de trofeos del Real Madrid, pues le pregunta que si le gustaría entrenar al club. Don Nelson, muy educado, le dice que está muy a gusto en Oakland y que gana buen dinero allí. No quiso matizar mucho más. Pero entonces, es el propio Nelson quien dice que tiene un amigo que, como entrenador es un auténtico genio, puesto que lo conoce muy bien, al que le pudiera interesar. Se llamaba George Karl, y por aquel entonces entrenaba a los Albany Patroons de la CBA. O sea que en el fondo, fue de Don Nelson la idea de que Karl aterrizara en Madrid”.

Mario Pesquera: “A mí me sorprendió mucho. Yo me entero que Karl vendría a España antes que los medios de comunicación, porque me lo dice Lute Olson, que era por aquel entonces entrenador de la universidad de Arizona y estaban de gira veraniega por Zaragoza. Me comenta que un amigo suyo iba a entrenar al Real Madrid”.

Miguel Ángel Paniagua: “Lo más curioso de aquella comida con Don Nelson, es que hubo un protagonista más aún. Andrés Montes llama a Lolo Sainz y este le dice dónde estamos y con quién. Claro, me pasa el teléfono y me pide el favor de llevar a Nelson a la radio, a la sede de Antena 3 en la calle Oquendo 23, donde él trabajaba entonces y hacerle allí una entrevista en su programa. Si su show duraba una hora, dedicó 5 minutos al resto, incluido fútbol y los otros 55 para entrevistar a Nelson, algo que hoy puede sonar impensable. Eran ya las cinco y media de la tarde, volvimos al restaurante y allí estaba aún la familia junto a Mariano y Lolo, saboreando los postres. La verdad es que Nellie tuvo mucha paciencia y se portó muy bien. Eso sí, al día siguiente fuimos de ruta gastronómica a Segovia. Al menos nadie de la Gimnástica Segoviana se interesó por él y estuvimos muy tranquilos”.

 

CAPÍTULO 2: George Karl, un yanqui en la corte del Real Madrid.