Jon Scheyer: Dejar el basket con 25 años para entrenar en Duke

Muy atípica la historia de Jon Scheyer, de la que España fue una parte importante.  Sucedió en la temporada 2012-13 en el Herbalife Gran Canaria: esta leyenda de Duke a la que llegaron a apodar ‘el Jordan judío’ jugaba sus últimos partidos como profesional, cuando solo tenía 25 años, antes de retirarse para integrar el cuadro técnico de la propia Duke. Raro, ¿no?

Scheyer, nacido en Northbrook (Illinois), era un escolta de un tiro finísimo, de una gran mecánica y competitivo al máximo. Se hartó de anotar en su estado natal y luego acabó en Duke, donde completó cuatro años a buen nivel, atinadísimo en los triples y desde la línea de tiros libres. También le sobraba inteligencia ni espíritu ganador (campeones en 2010 con 18,2 puntos suyos), pero dudas sobre su físico le dejaron fuera del ‘draft’. Aún así, persiguió el sueño NBA jugando las ligas de verano con Miami Heat y Los Angeles Clippers. Sufrió un desprendimiento de retina en un partido y eso le condenó a la liga de desarrollo, donde firmó algún partido notable con los Rio Grande Valley Vipers, pero no su objetivo de escalar el siguiente paso.

En el Herbalife Gran Canaria 2012-13.

Se vio obligado a jugar con gafas protectoras. Su condición de judío le permitía adoptar fácilmente la nacionalidad israelí, lo que le convirtió en pieza codiciada por el Maccabi de David Blatt, que le firmó un gran contrato en verano del 2011. No destacó ni tampoco metió la cabeza en su siguiente intento con los Sixers. Eso lo aprovecharon en Gran Canaria para hacerse con servicios. ¿Podía ser un jugador útil en la Liga Endesa?

Empezó bien, pero poco a poco fue perdiendo protagonismo y terminó firmando unos números bastante grises: 5,6 puntos en 20 minutos y, sobre todo, porcentajes por debajo de lo esperado (29,3% en tiros de 2, 33,3% en triples y 68,2% en libres). Intentó integrarse siempre con buena predisposición, pero no terminó de dar la medida. Poco antes de concluir la liga regular, recibió una oferta de Duke para incorporarse al grupo de colaboradores de Mike Krzyzewski (lo cual no es poco aval, dicho sea de paso) y la aceptó, abandonando el equipo en la jornada 31.

A nivel personal, le retrata bastante la carta pública de despedida que redactó en la que daba las gracias a todos, especialmente a los aficionados: “Sois de los aficionados más apasionados ante los que jamás he jugado, y no os puedo agradecer los suficiente todas vuestras palabras de ánimo a lo largo del año, y especialmente en las últimas dos semanas”. “Estoy orgulloso de lo que hemos sido capaces de conseguir”, escribió, prometiendo seguir al ‘GranCa’ allá donde estuviese. Y donde está todavía es en Duke, al lado de ‘Coach K’. En estos años ha ido escalando puestos en el escalafón de un centro de tanto prestigio y no sería raro verle dentro de poco al mando de un gran banquillo.

En el banquillo de Duke como asistente de Mike Krzyzewski.