Dan O’Sullivan: el Baskonia quería más anotación en la zona

Solo siete partidos de Dan O’Sullivan en el Baskonia en el arranque de la temporada 95-96. El jugador venía precedido de buena fama por algunos años en la NBA (aunque no demasiados partidos), pero no pasó mucho hasta que Manel Comas aprobase su sustitución por un jugador mucho más experimentado como Rickie Brown.

Era un ‘5’ blanco, grande para la época (2,11), serio, currante, pero el club (con un balance de 4-3 por debajo de lo esperado) seguramente pedía otra cosa como alternativa a Ramón Rivas en el centro de la zona. Estuvo demasiado tímido con el balón en las manos, pero mostró una enorme efectividad: 24 de 35 en tiros de dos puntos, un fabuloso 69% que no le sirvió de ser cortado. A sus  8,1 puntos de media añadió 4,4 rebotes en 23 minutos, con un partido especialmente bueno ante el Murcia (16 puntos y 8/9) en la sexta jornada.

Jugando para los Detroit Pistons.

Nacido en el barrio neoyorquino del Bronx, no se movió de allí en su época universitaria (estudió en Fordham, un centro ubicado allí mismo). No entrar en el ‘draft’ no le arredró en su lucha por acceder en la NBA, un sueño que persiguió aquí y allá pero con contratos temporales casi siempre. Entre Jazz (90-91), Nets y Bucks (92-93), Pistons (93-94) y Raptors (95-96) totalizó solamente 45 partidos y unos modestísimos 1,3 puntos y 0,7 rebotes en 6,6 minutos. Por supuesto, en todo este tiempo entró y salió cuantas veces hizo falta de la CBA. Todavía no se había creado la liga de desarrollo.

La de Vitoria fue su primera oportunidad en Europa, algo que rememora hoy en día con cariño, pese a que la aventura no terminase bien. “Tuve una adaptación complicada. No jugué bien y el club no tuvo mucha paciencia conmigo. Pero tengo buenos recuerdos buenos de la ciudad, la gente y la comida”, comenta con amabilidad desde su cuenta de Twitter, @dannyosully.

Con el 10 en Vitoria. 

¿Por qué fracasó? Lo responde sin tapujos: “Creo que como jugador yo era más bien una pieza complementaria, no un protagonista principal. Nunca fui un gran anotador en ninguno de mis equipos. No me fue bien por eso: mi mentalidad no era la de alguien que pudiese aportar en ataque con continuidad. Fue difícil”.

Pudo alargar su carrera en muy buenos equipos europeos gracias a que consiguió el pasaporte irlandés (viendo ese apellido, a nadie puede sorprenderle). Tendría papeles marginales en Italia jugando para el Scavolini de Pésaro y los dos equipos de Bolonia (la Fortitudo en la 97-98 y la Virtus en la 98-99). Concluyó su vida deportiva en el AEK de Atenas en la 1999-2000, a los 32 años.

¿Y ahora? Por lo que se ve, está interesado en la política. “Vivo una vida relativamente tranquila en el área de Nueva Jersey. Me postulo para un cargo político en el ayuntamiento de mi ciudad”.

En la actualidad.