Valencia Basket, campeones de la ‘TaronjaCup’

Han pasado varios días desde el título de Valencia Basket y algunas más cuando este artículo vea la luz. Por cuarta ocasión -el doble que cualquier otro contendiente-, el campeón de la 7 Days Eurocup se encuentra a orillas del Segura. Y eso que todavía su gente debe estar con la sonrisa tontorrona y el ánimo por las nubes. Cuatro ocasiones tiñendo su consecución de naranja intenso, dan para rebautizarla como la “Taronjacup”. ¿No creen? No es una frivolidad, sino todo lo contrario. Con el esfuerzo que ha supuesto conseguirla, con toda nuestra admiración y felicitación hacia sus campeones, con el poso que da el que un equipo se pueda sentir casi su propietario, la Eurocup parece hecha a medida de VALENCIA BASKET

Y aquí es donde puede entrar ese conflicto. Del “somos equipo de Euroliga” a “campeones de la Eurocup”, no hay un peldaño menos, no se engañen. Es engalanarse como no han podido hacerlo ni Alba, ni Lokomotiv, ni Unics Kazan ni Unicaja o Andorra. Y eso es mucho. Es un trofeo que hay que levantar con todo el orgullo y satisfacción como hizo Rafa Martínez, como disfrutó La Fonteta al unísono.

La 7 Days Eurocup ha sido como torneo salvavidas, respuesta a los momentos críticos de los hombres entrenados por Jaume Ponsarnau a lo largo de esta temporada. Sólidos, seguros -e imbatidos- en su guarida, respondones cuando se alejaban de sus fronteras (tan sólo 3 derrotas a lo largo de la competición), era el espaldarazo que necesitaban cuando habías traspiés y los malos agoreros asomaban y daban a la plantilla el sambenito de ser inconstantes, de no dar sensación de seguridad y tener poco carácter. Cocktail para incitar la opinión que este año, en las grandes ocasiones, irían a la deriva. Pues aquí les tienen. Campeones y mostrando al continente que sus poderes han sido precisamente todos los males con los que les aquejaban: concentración, dureza, carácter y siempre competitivos.

Matt Thomas, grandes porcentajes en triples.

O si no, no se puede concebir que el mejor tirador, Matt Thomas, tras fallar un tiro claro y abierto desde la esquina, que hubiese dado la victoria en Berlín, sea capaz tres días después, de anotar 5/7 en triples y destrozar sistemas defensivos. Sin carácter, no se puede hacer el daño que Will Thomas hizo a lo largo de los tres encuentros en poste bajo. Sin carácter, no se anotan los triples que acallaron el Mercedes Benz Arena una y otra vez, de Sam Van Rossom. Sin carácter, no hay sangre fría para, desde el banquillo, con el rito serio acostumbrado, decretar cambios zonales que hicieron enloquecer a los berlineses. ¿Verdad, Jaume?

Tales muestras lo llevaron por bandera en esta final de para superar al Alba Berlín, equipo hecho a hierro y pócimas de Aíto García Reneses, de impregnado carácter a modo y forma de su entrenador. Porque la mayor muestra de carácter fue el resultado del tercer partido tras verse con un 0-11 inicial. Ese vendaval es difícilmente sostenible para cualquier rival. 63-33 fue el parcial desde entonces hasta el final del tercer cuarto. En el encuentro clave.

Anatomía de una final

Desde el primer momento, las estrategias parecían trazadas. Ciento veinte minutos dan para mucho y tocaba afinar. Había puntos clave.

–          Uno de ellos, era la lucha de los pívots. Aíto tenía en la recámara la idea de parar a Bojan Dubljevic con la fortaleza física de Landry Nnoko. Y le salió bien el primer y segundo día, pues “Dubi” no fue determinante en ataque (18 puntos entre ambos partidos, con 4/12 en tiros de campo). No lo fue con sus puntos y porcentajes, pero sí sacando el balón, haciéndolo mover y que tras dos, tres pases por la línea de 6.75, sus compañeros tuvieran más fácil el trabajo (36 triples de 81 intentos en toda la serie, un notabilísimo 44,4%). Claro, ya el tercer día tocaba lucirse y volver a ser el ídolo de la afición. 18 puntos con 8/10 en tiros de campo y 2/3 en triples le ensalzaron hasta el cielo taronja.

–          A priori y como estrategia, el cruce que más pudo desestabilizar (y en Valencia eran muy conscientes de ello) era el de Will Thomas con Luke Sikma. Sikma es un gran jugador, pero no es tan duro como Will. Casi nadie es tan duro como Will, si somos sinceros. Y el daño se podía hacer. Y se hizo. Fue como apostar a caballo ganador. Tan ganador que Thomas se erigió como el MVP de la final, con 15 puntos de promedio y un sobresaliente 65,4% en tiros de campo. Su fiereza se mostraba en que una y otra vez martilleaba al rubio ex valencianista con los mismos argumentos: sin búsqueda de artificio ni catálogo de recursos. Si mataba de una manera, lo hacía hasta que encontrasen respuesta. El poste bajo fue una tortura para los alemanes, que pusieron dos contra unos de forma permanente desde el segundo día. Aunque viendo el porcentaje de triples global del equipo, tampoco compensaba mucho. Sí nos pareció curiosa la treta de Aíto García Reneses de invertir piezas en el inicio del segundo enfrentamiento: colocó al fornido Dennis Clifford sobre él (y 2,13 de estatura) y a Sikma, sobre Tobey. Y les resultó. Pero a la entrada de Dubljevic -y la consiguiente de Nnoko– no porfiaron más en ello a lo largo del encuentro y bien que les pesó en el último cuarto, aunque ganaran finalmente. MVP con todos los honores, obligación entre la afición de tenerle como ídolo absoluto, este jugador está forjado con los mismos martillos que dieron forma al metal del trofeo de esta Eurocup.

Will Thomas, el MVP de la final, martilleante en poste bajo.

–          Ante la falta de poderío -y puntos- interiores, Aíto apostó por la polivalencia y tiro exterior. Jugadores que pudieron hacerlo en diferentes posiciones, exteriores que aprovechaban su rapidez en la zona, inteligencia para ejecutar situaciones diversas… a excepción del segundo y tercer cuarto del último encuentro, donde se les fue todo de las manos. Alba Berlín fue un equipo duro mentalmente. Tan duro como el sobrino del ex valencianista Jon Stefansson, Martin Hermannsson realizó una muy destacada final, alternando posiciones de base y escolta. Johannes Thiemann, por su falta de estatura y Niels Giffey, por su falta de peso, jugaron con inferioridad dentro, pero fueron profesionales, duros y competitivos, dando buenos resultados en muchos momentos, paliando el déficit interior comentado. Y para tiradores, el lituano Rokas Giedraitis, tras mostrarse errático el primer día (2 de 7 en triples), estuvo formidable en los dos siguientes (9 de 14). Y Peyton Siva, del que hablaremos en otra sección. Pero no fue suficiente. Valencia Basket tuvo más de todo.

–          ¡Ah! No queremos pasar por alto lo de este niño de 17 años. Franz Wagner, el hermano de Moritz, estrella en la universidad de Michigan, actualmente en Los Angeles Lakers (y que estuvo en Berlín viendo el choque). Alero de algo más de dos metros, toda una maravilla técnica. ¡Qué bueno puede llegar a ser! La entrada a aro pasado del primer enfrentamiento, cómo ganaba y mantenía la posición interior, cómo maneja los pies. Y además, trabajado por Aíto García Reneses, que tuvo la valentía de darle minutos importantes en la final. Estén atentos a la progresión del chaval.

En Berlín, el partido se escapó por los pelos. 

–          El tener casi toda la plantilla recuperada físicamente (aunque Guillem Vives solamente actuó el último día) ayudó a Jaume Ponsarnau. Sobre todo, incidir en el trabajo defensivo que realizó Joan Sastre, restando poderío a la amenaza exterior berlinesa, comentada en el anterior punto. Y la exposición tan positiva de Louise Labeyrie, con 7 rebotes el último día y gran actividad defensiva.

Sam Van Rossom y Peyton Siva

Sam Van Rossom, qué grande.

Dos maestros, dos genios del baloncesto. A Sam Van Rossom, el tiempo debiera ser justo con él y reconocerle en la posición más alta del olimpo taronja. Al mismo nivel que los mejores de se historia. Porque lo ha sido en los momentos más dichosos del club y siempre se ha mantenido ahí. ¡Qué final! Lo de Berlín fue… ¿A que todos, todos, teníamos la seguridad que cuando se levantaba de tres, el tiro entraba? Y más si cabe, en las situaciones decisivas. Sus 22 puntos y 6/8 en triples es para tenerlo como día “D”. Y si no ha sido el MVP, fue porque los berlineses ganaron su partido y ampliaron a serie. ¿Qué no anotó en el tercero? Daba igual, que era el día para otros. Y él siguió jugando con la intensidad de siempre. Uno de los grandes gestos que ha marcado la gloriosa historia de Valencia Basket fue, cuando en Zaragoza vieron unas piernas de superhéroe y pudieron pensar que el chico también podía ser líder. Gracias, Sam, por tantas cosas…

Otro que se ha revalorizado: Peyton Siva. Ahora que Rick Pitino está estos días por Madrid con su Panathinaikos, hay que reconocerle el trabajo con “cincel” sobre este chico en la universidad de Louisville y lo que él mismo ha ido creando en Berlín. Gran capacidad de liderazgo, -enorme, pero enorme- tiro exterior (47,4% en triples, para 15 puntos de promedio) y cuando había que entrar a canasta, sentenció el partido berlinés. Auténtico mariscal en el campo, atendiendo a las necesidades de todos sus compañeros. Manos rapidísimas, como es preceptivo de un chaval salido de Seattle (Jamal Crawford, Brandon Roy, Isaiah Thomas o Jason Terry, saliendo de allí) para robar balones, para anticiparse en los pases, intuitivo, genial… y ya maduro. La élite de Euroliga, lo espera.

Peyton Siva, base de élite en Europa.  

Campeones

Valencia Basket quedó campeón por apabullar en la zona, tanto en rebotes (el primer día marcaron los 18 de diferencia) como en puntos. Esa mezcla junto al acierto en los triples, fue letal. Además, provocaron que Luke Sikma no brillara (23 puntos en los dos primeros choques. 0 puntos y 5 pérdidas en el tercero), pues era el catalizador y distribuidor -junto a Siva- de los alemanes. Y por encima de todo, porque para ser campeones, hay que ser más duros mentalmente. Y lo supieron ser, refrendado por el 89-63 del encuentro decisivo. La Fonteta volverá a ser plaza de Euroliga. Pero, de momento, a disfrutar de este título, la “Taronjacup”.