Terrell McIntyre: Gigantesco desencanto de un base pequeño, pero grandísimo

Quizás uno de los fichajes más decepcionantes en la última década en la Liga Endesa. Terrell McIntyre llegó a Málaga en el 2010 como uno de los mejores bases de Europa, con un gran contrato de dos años, y no llegó ni a cumplir el segundo, en medio de feroces críticas por su rendimiento.  No era para menos porque si incorporas a una de las figuras del Montepaschi dominador en Italia y guerrillero en Euroliga es con el objetivo de que haga al mejor que 6,9 puntos y 3,4 asistencias en 20 minutos.

Cuatro años estupendos en Siena.

Una buena parte de la explicación de todo esto hay que buscarla en el estado físico del jugador, que sufrió varias pequeñas lesiones que fueron minando su rendimiento. Se perdió siete encuentros de la liga regular. Algo tenía que estar muy mal en su cuerpo para que apenas durase unos meses más en el baloncesto profesional: cuando salió del Martín Carpena lo hizo en dirección a la histórica Virtus de Bolonia. Allí anunció su retirada, recién cumplidos los 34 años, con problemas en la cadera que no pudo solucionar. “La salud es una prioridad. Ni un partido más”, dijo en su día más amargo.

Todo esto no le quita valor a la historia de Terrel McIntyre. Nacido en Fayetteville (North Carolina), tuvo que pelear mucho desde su complicada infancia por hacerse un hueco en el baloncesto. “Los bajitos tenemos que demostrar más siempre”, solía decir con su 1,75. A cambio, lucía una tremenda explosividad que le empujó a ser adorado en la universidad de Clemson.

Nunca cumpliría su sueño de la NBA y, frustrado, emprendió un ruta europea que incluyó Francia (Gravellines) y Alemania (Braunschweig) antes de hacerse realmente poderoso en Italia. 

Pero hasta alcanzar el Montepaschi también tuvo que ir escalando desde abajo en la competición transalpina con Ferrara, Capo d’Orlando (estos dos en Lega 2) y Reggio Emilia. En Siena, a pesar de que llegó con un rol de suplente en principio, encadenó una exhibición tras otra, anotándose la práctica totalidad de los títulos nacionales en juego desde 2006 a 2010 y hasta asomándose a la Final Four.

En Málaga todo fue para olvidar, menos un momento imborrable: el acrobático triplazo en el último segundo ante el Real Madrid que otorgó la victoria a su equipo. La voz rota de Óscar Cuesta con su “dime que no estoy soñando” merece ser revisitada una y otra vez, paradójicamente en un partido muy flojo de calidad. Su alejamiento de Aíto García Reneses resultó evidente a medida que pasaban las semanas. 

Sufrimiento (mutuo) en el Unicaja.

Con el nuevo técnico, Chus Mateo, la situación mejoró de forma efímera. “He pasado un proceso de adaptación ya que llegar a un equipo nuevo siempre exige un tiempo. Las lesiones no me han favorecido, he tenido muchos problema, reconocía mediada la temporada, con la esperanza de que llegase un despegue que no terminó de producirse. Por lo que aseguran, tuvo una actitud irreprochable: era él el primero que sabía que no estaba rindiendo a satisfacción y se sentía frustrado por no estar respondiendo a las expectativas.

Ahora ha regresado a su pasado y es director de desarrollo de jugadores en la universidad de Clemson. “Cuando me llamaron, di un salto de alegría porque podía regresar aquí. El programa de baloncesto ha hecho mucho por mí, este es un sitio que adoro”, comenta hoy en día.

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En la actualidad, trabajando para la universidad de Clemson.