Badalona mira sus anillos

Aquí no hay anillos de campeones, como en la NBA. Si los hubiese, en Badalona volverían a desempolvar los que representasen sus cuatro títulos ligueros al menos. Ahora, que el Divina Joventut vuelve a estar en la élite. Acabó la 23ª jornada y se despiertan en cuarta posición en la clasificación de la Liga Endesa. ¡Cuartos! Lo que fue sorprendente para todos -los demás- de clasificarse para Copa del Rey y mantenerse en posiciones de privilegio, ahora lo es más cuando se les atisba allí arriba, entre los cuatro mejores. Estar entre ellos, soñar y aspirar a, por qué no, alcanzar las semifinales ligueras, es posarse en la élite. Badalona, la ciudad temerosa hace 12 meses tan solo, atormentada por la terrible idea de ver a su equipo al borde del descenso -y quién sabe si de la desaparición-, es ahora la misma que se mira al espejo y se reconoce, en su status natural, en plazas de grandeza. Como siempre.

Derrotas de Valencia Basket, de Unicaja en la última jornada, más su propio triunfo en Santiago de Compostela ante Monbus Obradoiro, significa obrar este pequeño milagro. Porque lo es. De la mano de un excelente base, el argentino Nicolás Laprovittola y de un pívot clarividente, Marko Todorovic, ramificado por un conjunto trabajador como pocos (que Ventura, Harangody y Morgan son ‘mineros’ de la canasta), entrenados por Carles Durán, que intenta que tal sacrificio sea reconfortante y hasta divertido, crean un conjunto que les hace sentir afortunados. No habrá anillos en las manos ni en las vitrinas del Joventut, pero en cambio, sí han provocado que nuevamente vuelvan a destaparse todos los anillos de gradas en el Olimpic. Ya no hay gradas cubiertas por publicidades, sino asientos que ocupar por todos que quieren volver a ver a la Penya grande, como en el último encuentro liguero ante el Real Madrid. ¿Día de gala? Más bien tiempos de gala.

Un cuento que ya contaron: campeones de Copa en 1997. 

Y esto es algo que nos recuerda a un cuento ya vivido. Moka Slavnic se hizo cargo, como entrenador, en 1996, de un equipo derrumbado, que estaba casi en ruinas. Aquella 95/96, solamente un año y pico después de tantas cosas, el desastre se llamó 17 victorias y 21 derrotas, decimoterceros en liga y sin rumbo. Del trío extranjero, solamente Roy Fisher lo empezó y lo terminó, entre lamentos y luces que se iban apagando. La directiva al año siguiente, intentando no repetir esa afrenta, tiró del talento de la casa para el banquillo, aquel que una vez, muy joven, ya dirigía la suerte del club con la imposición de su estilo. Como ahora Carles Durán, los verdinegros recurrieron a Alfred Julbe, que abandonó Zaragoza para volver a casa y empezar a construir bajo sus comandas. Que Julbe ya sabía de jugar finales.

Del talento de casa que hoy atesoran Dimitrijevic, Nogués, López Arostegui, Birgander o Parra, debiendo ser liderados desde el puesto de base por un argentino con fantasía y enseñándoles a ganar con refuerzos claves (Harangody, Delía, Morgan o el lesionado Dawson), aquel Joventut de Iván Corrales, Dani García, Josep Pacreu, César Sanmartín y Alfons Albert, también recibió el apoyo de un trío de americanos básico en sus aspiraciones, situados en la pole de salida en la jornada 1, con un base virtuoso. Julbe se trajo en “pack” el trío al completo que compitió con él en Zaragoza el curso anterior, Andre Turner, Andy Toolson y Ken Bannister, con la salvedad que, por una lesión grave, ese último tuvo que dejar su puesto en la jornada 3 por, nada más y nada menos que Tanoka Beard.

Un mago argentino.

Repetimos: Andre Turner al timón de las operaciones. Sus 21 victorias y 13 derrotas cambiaron la brújula del histórico club, siendo campeones de la Copa del Rey y directos a semifinales ligueras, cayendo ante el Real Madrid -tras derrotar al Taugrés en cuartos de final. Meteórica ascensión como la vista en estos días.

A mediados de marzo, surfean sobre una ola de la que aún no han caído, de admiración por parte de todos y que mostraron a todo el panorama nacional en la Copa del Rey. Será que se han preparado lo suficiente como para no caer. Como en 1997, pensar que la actual racha es un cúmulo de casualidades, es hacer demasiado caso a los malos agoreros. Hoy día, Divina Joventut tiene mimbres y juego como para creer que el camino del éxito no tiene por qué esperar más. Mirarse al espejo y reconocerse. Como élite que son, con sus anillos, esta vez los del Olimpic, abarrotados. Que esos sí que brillan.