Una gran final para cerrar

1. Digno colofón

Fue una serie final digna de lo que había en juego. Partidos trepidantes, incertidumbre, buen juego, marcadores generosos y actuaciones individuales destacadas. Cada partido fue diferente al anterior, lo que habla muy bien de la capacidad de ambos equipos en encontrar soluciones a sus problemas de un día para otro. Los pabellones estuvieron a reventar, no hubo ningún tipo de altercado y todo se desarrolló en un ambiente estimulante. La pena es que durase sólo cuatro partidos, pues tener dos equipos capaces como estos de brindarnos tan atractivos enfrentamientos hace pensar que si algún país de Europa puede soportar una final a 7, es la Liga Endesa.

– La crónica de Iturriaga

2.- El campeón.

El Barça recuperó el trono perdido el año anterior gracias sobre todo a que llegó en mejores condiciones al final del mes de Junio. El equipo al completo, todos sanos, Navarro en su mejor versión y con muchas ganas de revancha. Con el Madrid, que le derrotó en la Copa y en la semifinal de la Euroliga, y también con aquellos que, según ellos, les han criticado durante la temporada con excesiva dureza. Sabedores de que quien gana el primer partido tiene medio título en el bolsillo, su puesta en escena en Madrid resultó espectacular en forma y fondo, y lo que ocurrió, en la cancha y en el marcador, resultó definitivo. A través de un juego muy fluido y unas altas prestaciones de casi todos sus jugadores, que se fueron turnando para que nunca bajase la producción ofensiva, recuperaron a la primera el factor campo, dominaron con suficiencia el tercer partido, clave siempre en una eliminatoria empatada y remataron con enorme sufrimiento en su primer match ball. Hasta tuvieron la necesaria dosis de fortuna, si como tal consideramos que la canasta clave, el triple definitivo, lo consiguió Lampe, un jugador que hasta ese momento no había logrado ni un solo punto. Sea como fuere, su triunfo fue justo y merecido.

– La crónica de Iturriaga

3.- El derrotado

Difícil de digerir esta temporada para el Real Madrid. Durante muchos meses jugó el mejor baloncesto que se ha visto en unos cuantos años, pero al final, su balance ha quedado huérfano de grandes títulos. Primero el Maccabi y luego el Barcelona le han privado de concretar lo mucho bueno que ha realizado este curso. Llegó a la final demasiado justo de fuerzas, con su defensa hecha un coladero, todavía rumiando lo ocurrido en Milán y con algunos jugadores básicos en su funcionamiento bien con la gasolina agotada, el cuerpo maltrecho o el ángel perdido. Sus quejas hacia el arbitraje no surtieron ningún efecto, más bien lo contrario, pues les despistaron durante algunas fases del cuarto partido. Aun así lo pelearon hasta el final, se dejaron todo lo que tenía y quedaron muy cerca de traer la serie de nuevo a Madrid. Ahora llega el momento de la reflexión pausada y de escudriñar los motivos de todo lo ocurrido. Pero de ahí a dar nota de suspenso a su rendimiento va un trecho. Todo lo que nos hicieron disfrutar durante unos cuantos meses tiene un valor que la falta de títulos no puede dejar en agua de borrajas.

A la espera de que la selección reclame el foco de atención y los equipos vayan perfilando la nueva temporada, os deseo a todos unas felices vacaciones. El año que viene, más y mejor.

– La crónica de Iturriaga